Descripción: Mira el mundo tan solo en un grano de arena, mira el cielo en un campo florido, guarda el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora de tu vida...
En un mundo de colores quiero estar donde no haya perturbación de mis sentidos, en un lugar sereno, en donde pueda respirar. En donde pueda refugiarme bajo los árboles. Bajo las mismas nubes, bajo el cielo mismo. En donde pueda encontrar a ese yo verdadero, en donde me pueda revelar tal como soy, tal como mi naturaleza pura es.
Y que ese yo verdadero salga a relucir y se aprecie por tal cual es, dejando toda imitación, esa forma de ser externa, para poder ser la propia. Quiero separarme de toda aquella influencia por un momento ¡Déjenme sola! En un lugar con sentido… Déjenme ver más allá que una simple estrella, allá arriba en el cielo. Déjenme en aquella montaña limpia, con pasto verde y junto aquel árbol… Déjenme en el y ahí pensaré por un momento:
¿Cuál es mi futuro, mi destino, mi lugar? Ahí pensaré lo que realmente quiero, lo que necesito en esta vida para la plenitud y armonía de mis sentidos, esa felicidad escondida, quiero salir de esta soledad, de esta tristeza que no permite a mi cuerpo relajar, quiero salir de este mundo de superficialidad y encontrar uno diferente… Uno bueno.
Cuando yo era pequeña me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacia gala de su peso, su tamaño y una fuerza descomunal... pero después de su actuación y poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas..
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera enterrado unos centímetros del suelo, y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿ que lo sujeta entonces?
¿ por qué no huye?
Cuando tenia cinco o seis años yo confiaba en la sabiduría de los mayores . Pregunté entonces a un maestro, a mi padre a un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice la pregunat obvia: Si está amaestrado. ¿ por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente, Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que , por suerte para mí, alguien habia sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
EL ELEFANTE DEL CIRCO NO ESCAPA PORQUE HA ESTADO ATADO A UNA ESTACA PARECIDA DESDE QUE ERA MUY, MUY PEQUEÑO.
En un poblado de Mali se halla la Casa de la palabra. La gente va allí a negociar y a solucionar sus confictos. La casa se levanta sobre columnas de adobe y no tiene paredes. Sólo está cubierta por un tejado de paja y es tan baja que no permite estar de pie. Para entrar hay que agachar la cabeza. Asi quien entra recuerda que es preciso ser humilde para comunicarse con los demás. Carece de muebles y las personas se sientan en el suelo unas ante otras. Si alguien, llevado por la ira o por la pasión de la discusión, se levanta agitado para abalanzarse sobre el otro, se golpea la cabeza con el techo. El dolor que siente le recuerda que es necesario ser paciente y que dejarse llevar por las emociones solo sirve para finalizar el diálogo cuerpo y mente….
No hay sonido esta noche recargada de silencio y luz de oscuridad. Hoy me disfrazaré de lluvia para embellecer más aún el ronroneo de la nada en esta oportunidad de ceguera. Caigo, y me hago las de tronar cayendo a tierra desgastada por el viento que supo desbaratarme camino a mí destino: mágicos movimientos, sin nadie que los honre más que las propias sombras de la gota aparente.
Ahora cambio a mariposa... ¿Qué hacen ellas en ausencia de luz solar?, ¿caerán rendidas en flores de palabras que no se pudieron expresar y regadas por frases que el corazón no pudo sacar?: lágrimas. Vuelvo a mi faceta anterior. De estás descienden por el almidón que son mis mejillas... así les decías, coloretes de felicidad injustificada.
No hay sonido esta noche de cargante silencio más que el ruido del lápiz y su romance con el papel. La luz de oscuridad, cada vez más intensa, quema mis ojos, tornándose este delirio en algo completamente posible. Los extremos nunca son buenos. Un maravilloso silbar perciben mis oídos, emocionando los latidos del órgano más conocido y nombrado en la poesía, aún sin ser mencionado, esta ahí, en cada quien que ha prestado tiempo a aquel arte. La entrada ha sido atravesada.
Llegaste, acabando con toda locura que alguna vez creí poder padecer por tal grado de soledad. Este capítulo de un minuto, sueño de segundo, cierra con el chasquido de un beso, indiscutida cura de las noches de plena presencia perdida del sonido y completa nebulosa. El brillo de tus labios pícaros seduciendo a los míos, aún sin ser luz visible por quien nunca ha amado.
Es casi como si viera tu luciérnaga sonrisa dibujándose en tu boca, siguiéndole tus pómulos en medio del sedado ambiente que nos rodea. Ahora... La noche se ha disfrazado de madrugada. Siempre es noche.