Descripción: QUIEN SABE QUE SALDRA DE ESTO,EN FIN TENGO UN MONTON DE SENTIMIENTOS QUE EN ESTOS MOMENTOS AFLORAN DE MIS POROS Y YA QUE NO LOS PUEDO GRITAR LOS ESCRIBO PUES,CON UNA MEZCLA DE DOLOR,LITERATURA, POESIA SABINESCA, MI GRAN PIGMALEON,Y LO QUE SURGA
..."Sí", dijo, todavía mirándome. "Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida." "Sí." Por primera vez no pudo sostener mi mirada. "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo." "¿Algo como qué?" "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad." Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas. "Prométame no tomarme como un chiflado." "Prometo." "La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?" "No." "¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?" Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca." Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. "Vamos", dijo.
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse. Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estuimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme ( y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso. Tube que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos ( al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas. Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados , felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble. Mario Benedetti
...Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos - de la mano o del brazo - tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas. Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura. Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal. Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente. La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó. La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo. Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó)para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo."¿que está pasando)", le pregunté. Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma."Un lugar común", dijo. "Tal para cual". Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba transpasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo. "Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"...
Este cuento lo lei hace muCho tiempo ya, ya ni me acuerdo donde ni en que ocasion ,pero siempre lo tuve en mi mente,siempre pense, que la belleza, aunque atraiga, no es garantia de nada,que comprar un perfume por el frasco no nos garantiza oler bien Jamas me senti atraida especialmente por los hombres "guapos" ( mmm, hubo uno que otro que entraba en la categoria de guapos,pero no fueron los que mas quise),no digo que no me atraigan, pero solo queda ahi,en una atraccion puramente fisica,la quimica entre dos personas,la piel, no pasa por una cuestion de belleza He conocido tios guapos,pero cuando los temas de conversacion se acaban rapido, cuando no encuentro puntos en comun con el,cuando no me hace reir,cuando no me intriga,cuando no me da ganas de seguir conociendo mas de su persona la belleza desaparece Admiro la belleza en una obra de arte,en la musica,en cualquier expresion artistica,estudie bellas artes y tal vez ,como dicen mis amigas refiriendose a mis gustos poco convencionales en tema de hombres "veo la belleza donde no la hay", tal vez sea asi, pero miro mas alla, de su boca carnosa,de sus ojos verdes o azules, de sus musculos, de su altura, su delgadez,sus kilos de mas, su calvicie, su nariz, alguna que otra cicatriz,su acne,sus orejas saltonas,sus ojos pequenios, y vaya saber cuanta otra excusa que se pueda poner para no mirar lo escencial, la persona Me he enamorado tres veces, y muy apasionadamente , he amado con locura,uno de esos amores es mi historia de amor actual, y cuando los conoci a cada uno de ellos ,ninguno me parecio extremadamente guapo ni feo, normales bah, pero el flechazo fue inevitable, y a partir de eso, a cada uno de ellos los vi guapisimos, bueno en general las mujeres que me conocen me dicen que mi novio no esta tan mal, pero sinceramente , no mire eso en el, solo mire sus ojos, su dulzura.Me mato un gesto suyo, mientras hablabamos,hacia frio ,estabamos fuera, cerca del puerto de Barcelona,yo temblaba y me presto su chaqueta, me cubrio la espalda y los hombros y no pude evitarlo,me refugie en sus brazos, casi sin conocerlo ,me senti tan bien!! pero lo que mas me conquisto es que el no intento nada, no trato ni de besarme, jaja, nuestro primer beso fue un accidente!!
Personalmente no me siento super guapa,con los anios aprendi a mirarme de otra manera,quererme mas, cuidarme mas tal vez. Hay dias en que prefiero no mirarme y hay dias en que me siento guapisima,me gusta arreglarme,ponerme guapa,estar delgada, pero tambien soy muy casera,me gusta estar comoda y no sentirme presionada a estar siempre 10 puntos para que mi novio me quiera ,y se que el me mira de una manera tan especial que este como este el me ve guapa siempre, incluso los dias en que odio los espejos por eso queria compartir con ustedes este cuento de Mario Benedetti y espero que les deje un mensaje tan bonito como me dejo a mi Besos La noche de los feos Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza.
No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada...
Lo vuelvo a empezar que lo he borrado todo sin querer!! las reglas del meme 1_cada jugador comienza por un listado de ocho cosas 2_Escribir ocho cosas del blog,y escribir las reglas del juego 3_seleccionar ocho perosnas para jugar,anotar el nombre y el noùmbre del blog 4_No olvidar el nombre del blog respectivo para jugar refieriendose al meme de las ocho cosas Me fascina ver a mi sobrinita haciendo avances, decir sus primeras palabritas, dar sus primeros pasos, verla jugar, convertirse en una nena. Me apasiona los, dias de invierno,con luna llena y nubes rodeandola, el viento que sopla fuera y las hojas secas de los arboles volando por todas partes Me encantan las caricias de mi novio sobre mi pelo cuando me empiezo a dormir, o cuando estoy desnuda que me acaricie el cuello la espalda y que me de escalofrios No le hablo a la gente en la calle, no me gusta que se me acerquen , que me tuteen y menos aun que alguien que conozco a penas trate de abrazarme o saludarme con un beso soy excelente cocinera ,parece, al menos cuando hago de comer algo especial me sale bien desde la primera vez y les gusta a todos, y no quisiera copiar a tila pero tambien parece que bailo muy bien y es oque nunca he tomado clases!! Me gusta comer frutas fresca r en vernao,,mucho anana ,fresas ,mangos y hago unos batidos exquisitos me fascinana las publicidades antiguas, todo lo que sea art nouveau , modernismo , Toulouse Lautrec ,Mucha,Klimt...poco a poco voy decorando mi casa en esos gustos
No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de sorportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando