Ella cerró los ojos y se aventuró en el bosque donde los sonidos del tambor rompían como profetas. En las raíces la esperaba el dulce canto de la tierra mojada.
De pronto la fogata, la bebida, las invocaciones y de los árboles, la mujer de verde comienza a llamarle.
Alguien tomó mi mano. No vayas, me dijo...
y me quedé sumida en la profunda seguridad de la melancolía del no saber jamás que quiso decirme y a qué abismo del saber me llevaría...
El humano camina por los vastos senderos de la duda; su palabra es un ruido que aturde la majestad de las hojas que vuelan al viento. Tan torpe y pequeño solo sabe pelear por causas innobles y se enmaraña el alma sin siquiera tratar de escucharle.
Es entonces cuando el Oráculo toma los sonidos y los convierte en profecía: "... nunca se abandona a la madre que nos ilumina desde el cielo; el hogar, no está lo suficientemente lejos del corazón como para ser relegado al olvido; el amigo sincero será conocido por la pureza de su mirada en la tuya." El humano llora por los ojos y las venas, mientras las damas del bosque le abrigan con canciones que seguramente mañana, no recordará...
Cada noche está allí... suspendida en la inmensidad de la profunda laguna del olvido. La otra, la del espejo, le susurra palabras al oído ella ha escuchado el lamento de los que no fueron salvados, aprendió a esperar en la inmensidad de ese pequeño lugar que estrangulaba sus pequeñas esperanzas.
Al final se adentró en la profundidad del espejo, del otro lado sería la diosa de los amores imposibles y de las ninfas desangradas.
La tierra que me vio nacer se estremeció de pronto. Las montañas que cobijaron mi infancia comenzaron a respirar y susurraban entre ellas anunciando la llegada de la mujer sin tiempo.
Casi ninguno reconoció el aullido del pasado en el eco del viento; pero yo, por un extraño hechizo de la noche anterior, pude ver como de las rocas llamaba la candileja* y recibía las almas de los muertos en el centro de su brillo. Ella estaba presagiando un evento en mi propia vida.
Al amanecer vi como mis manos ardían en dolorosa llaga de impaciencia; tome los lápices de color y comencé a pintar lo que la mujer me había susurrado.
* La candileja es un mito de mi país Colombia. Se presenta como una mujer bellísima que aparece en el camino de los viajeros solitarios generalmente en la noche, se acerca a ellos y a sus caballos o mulos convirtiéndose en una bola de fuego, haciendo que éstos caigan de sus cabalgaduras.
Los cabellos del mar se extienden sobre el cuerpo del marinero, asaltado por la tormenta, sumergido inevitablemente hacia los abismos de la voz femenina que le cantó desde niño.
La sirena le había abrazado definitivamente y le llevaba consigo a las profundidades de donde jamás volvería...
Es el dulce sueño que no se contamina, la voz de la sal, del viento y las olas en la roca.