En el vacío de mi espacio descubro que me faltas, y aunque odio las sorpresas quisiera que llegaras de golpe, de improviso, tú, y no tu fotocopia, sin rimmel, sin labial, sin aros, y sin ropa, porque ya no me aguanto amor, te echo de menos o de más, quién sabe. Tu ausencia es el Sahara pero sin arena.
Mientras nos sobrecoge el murmullo de una tormenta esperamos, esperamos, esperamos que pasen los truenos, los relámpagos, el miedo de una nueva gotera; nos necesitamos, mi pecho multiplica el amor en tus pechos, y presentimos al sol que como nosotros espera...
Ya lo sabes, a la gente de los bajos fondos no les gustan los soplones, y a los policías les fastidian los que hacen alboroto porque llegó la primavera, ya lo ves hoy cualquiera te mira mal o de reojo, y se pega un tiro cualquier enamorado con despecho. Malos tiempos, amor, malos tiempos, no hay salida por ningún lado, y envenenan el mar mientras prohiben la publicidad de cigarrillos, y yo me siento incómodo porque ahora dan miedo las sombras, al anochecer, bajo los árboles de la callecita donde antes, apenas ayer, te besaba.
Yo tengo una pregunta mujer de los ojos agua, que viene del fondo de las dudas de las alambradas de los campos de concentración, y de los tormentos a los que fuimos sometidos por los torturadores disfrazados de la Cruz Roja y que no lo eran. Mi pregunta es: si unimos tu derrota y la mía ¿haremos una victoria...?
Tengo la esperanza triste en una humanidad que piensa poco, pero me das la fe amor mío, en el amor que se vive en la entrañas, que descarta los despojos, que no da tregua al revés de la codicia. Zigzagueas por mis días y me dices que valió la pena la espera interminable de esperarte.