Nos miramos al espejo, nos pusimos primaveras, bajamos por el ascensor al río humano de la calle los dos mano con mano y en el restaurante comimos como exploradores extraviados contándole mis sueños, contándome los suyos, afuera la luna era una veteada perla de luz sobre la piel oscura de la noche, y ella hecha de espigas y de flores, suerte conocida, escudo ante los miedos, me miraba con un celo de amor que hacía cosquillas, y en la casa miramos sin mirar una pelicula de ésas viejas, y más luego una historia del soul mientras servía canapés de mimos y ternuras, de "...te cambio seis besos por abrazos de a miles, y caricias", encadenando con sus pies a mi cintura y sus hombros a mi pelvis y su ombligo ay su ombligo a mis mejillas, y este sitio de amor: la vasta tierra, el sistema solar, el universo.
Te envuelves en mi anticipando la luz de las estrellas, llevando a mis hombros el dejo de tus ojos al mirarme compungida y caprichosa como si tu boca fruncida fuera un delicioso manzano.
He besado la lluvia fresca al besar tu boca, mientras el viento acariciaba tu vestido deshojando las ramas de la tristeza agazapada como un tigre acechante, y ahora no puedo quitarte de mi mente, y yo sé, corazón mío, que ni remotamente esperaba este don, este milagro, que no merezco, de tener tu mañana celeste, tu aroma en celo, la veta abierta de tus líneas de plata para mi alma de minero.
Llevo los ojos llenos de culpa por la emoción estremecida al verte entre la gente invisible del mundo, y tu belleza, el trazo de Manara de tu cuerpo, y mi mar de hombre buscando tu puerto de mujer, tu playa.
Aunque soy abstemio me echaría ya mismo un trago de los besos de tu boca con una pizca de alcohol y primaveras, cuando te miro y vuelo porque llevas alas en tus ojos y un puñado de olvidos en tus labios; amor mío mis dedos ciegos te buscan como aquella noche primera que la robamos plena, total para nosotros y el amor desesperado que no cesa.