En tu cuerpo se abre un asedio de hierro y te asemejas a la paz que regalan las treguas, próspera, holgada mujer que me contiene de la caricia impura de los ladrones del día, cruzada en mí como un fusil de combatiente te refugias como un gato cariñoso en el hueco de mis brazos y es necesario, vital que te quedes para que yo pueda dormir en tu sueño cuando esta nueva noche nos alcance.
Me deslizo como una gota de sudor enamorado en el éxtasis de mi aliento por tu aliento, y admiro tu cuerpo descalzo, tus lineas a la intemperie bajo esta lluvia de besos...
¿Quién te dice que el día menos pensado, porque el destino es capaz de un disparate, yo me levante porque suena el timbre, y estés tú como en un viejo poster esperando que bese tus pies desnudos, y yo asombrado de ver que no estoy en un sueño, y tú también?
Nena mía, te cambio mis templos en Nepal por las flores de tu nombre y la sombra de tu corazón de lluvia por mis cuentos absurdos; déjame descansar de este cansancio de intentar pintar la luna de colores, porque estamos hechos el uno para el otro y de este embarazoso asunto sólo nos queda parir un amor de locos.