En los dias de sol me encanta amar tu piel de luna, y buscarte en los rincones que ignoró la tristeza. Eres mensajera de los ángeles que hacen los milagros, y el relámpago nocturno que enciende el deseo.
¡Cuántas amigas tristes, decepcionadas, con la desilusión que llora el amor insatisfecho! Pero claro, hay casos y casos como las que creen que cambiarán al hombre que conocieron o las que se aferran a amores prohibidos que tarde o temprano les provocarán dolor. Mi amor tranquilo, inagotable se nutre de complicidades transparentes, de sueños compartidos, de no hacernos daño, de saber que aún con defectos podemos dar besos cristalinos y que el amor sea como cuando sonaba la campana de salida del colegio y nos íbamos, felices, a disfrutar el día.
Nena, luna quemada en la ternura innumerable de tu sombra desnuda; eres la secreta gota de naranjas dulces en mi garganta presurosa, y en tu boca siento que todas las mujeres de la historia besan mi boca llena de rocío del misterio de tus noches.
Mi amor dejaste la huella de tus pies menudos por mi cuarto ciego de luces, y codo a codo y pecho a pechos hemos desterrado los olvidos y las luchas en las trincheras cotidianas; no sé si eres mi premio o mi castigo, pero me gusta verte al entrar el sol por la ventana, y mirar contigo la noche infinita. Vamos a extender el cielo para que quepan más estrellas, amor mío... .
Ay esos amores como banderas de la patria, exultantes, generosos, libres, amplios, recogiendo la sal de los navíos de las noches y las piedras de la acera bulliciosa; amores de besos heridos como testimonios del incendio de los cuerpos dejaron en mi piel la huella de los nombres de mujeres que no olvido.