Te sentìa de sangre y banderas, con todo el poderìo de la ùnica y celeste pasajera de mis besos. Te sentìa amor, yo te sentìa, te sentia entre mis dedos como si escribiera una poesìa sobre tu piel enamorada y el tiempo ciego ignorara la desdicha y el fuego devorado.
Decía Paul Eluard: "Te amo por todas las mujeres que no he conocido. Te amo por amar. Te amo por todas las mujeres que no amo..."; ...y yo que pensaba decirte esas originalidades me siento como un estúpido al que se le han ocurrido demasiado tarde...
El agua bendita de tus besos me ataca de dislexias y de frases dichas, hechas, que todo deterioran, malgastadas, tan usadas que parecen trastos viejos, sin sentido, estupideces, estribillos de canciones populares, comerciales infamantes, y que son, al fin, desinspiradas; me gustas tú más que leer un libro, que escribir, que hacer poemas, que andar las bibliotecas, librerías, estar contigo es mejor que la mejor literatura. Estar contigo es la piel de un papel que tiene alas.
Buscar la huella de tu sombra en el tacto de mi piel que no te olvida y a tus caderas expertas en hacerme volar en tu sensual melancolía es entender que soy inútil, inhábil, despreciable, que no sirvo al fin en otra cosa que no sea amarte y esperarte.
Me han amado. La vida ha sido muy generosa conmigo, porque me han amado. He oído el latido de uno, o varios, corazones en llamas. No me siento culpable de haber estado enamorado ni de sentir el amor de las que le dieron magia a mis palabras, porque mis pulmones aún saben el aire de todas las que me respiraron en la terca manía de amar a todas las mujeres en una sola, única, definitiva, total y plena.