Descripción: Soy una mujer de treinta y tantos años separada con una hija... a veces me agobia la soledad y fumo una cajetilla diaria ...a veces sueño despierta que encontrare el verdadero amor...a veces no creo en nada y lloro...pero luego despierto y sigo adelante.
Hi Andreas I've been thinking about you all this days...I like you very much. Did i say something wrong?, because I don't know nothing about you. MAybe you thinking we don't match...Tell me please. If you don't talk to me , I understand.. I wish you the best for your life. Take care. Always i will remember you
Kisses
BUENO AMIGOS...SOLO ME QUEDA ESPERAR. LES HICE CASO, LE ENVIE ESTA CARTA PREGUNTANDOLE SI HABIA HECHO ALGO MALO, Y SI EL DECIDIA NO HABLAR MAS POR QUE NO ERAMOS COMPATIBLES, PUES YO ENTENDERIA, AL FINAL LE DIGO QUE SIEMPRE LO RECORDARE , CUANDO NO YO , NO PUEDO EVITAR SER TAN CARIÑOSA...AY MI NATURALEZA ESTUPIDA , PERO DOY GRACIS A DIOS POR ESOS DIAS MARAVILLOSOS EN QUE ME VOLVI A SENTIR COMO UNA ADOLESCENTE,,,, a ESPERAR , LAS MANTENDRÉ AL DIA...MIL GRACIAS
Soy una estúpida, no se que me pasa...Felizmente que acá hablamos español!! Conocí a un aleman por la internet..solo habla obviamente aleman e ingles. Con mi pobre ingles , poco a poco me fui enamorando de él , de sus detalles...de su sonrisa, de su voz, de lo que me decia...en 3 dias me pude enamorar? PAra alguien como yo , tan romantica , tan soñadora eso si es posible...yo me puedo enamorar hasta de un retrato..de una voz... Pero el solo podria pensar que me falta un tornillo. Que le habre dicho con mi pobre ingles que el haya malinterpretado? Ayer no me llamo ni me escribió....estoy muy triste. HAbrá pensado que soy un bruta? A veces me ponia tan nerviosa que se me colgaba el ordenador , no podia instalar el micro, no podia escuchar las canciones que me mandaba en el momento... Como decirle que lo amo y pienso en él hace 5 dias , mañana, tarde y noche.. Ayyy solo espero que se me pase de pronto, que pase algo que lo borre de mi mente... Alguien me puede dar un consejo?
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal. Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin ti. Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nieve. Ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones: ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda. Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz. Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado. Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores
locura amorosa es realizar un sueño que de repente se encarna en un ser que se ve en una esquina o al cruzarse las miradas. La melancolía secreta de muchos hombres y mujeres es poder vivir ese amor loco. La liberación del deseo sexual en estos días proporciona la libertad necesaria para encontrar realmente el ideal escondido en el subconsciente y que de súbito se refleja en un rostro. Toda la poesía de Paul Eluard celebra “ese único ser que acaba de confundirse con una criatura, que el pensamiento y las palabras no alcanzan jamás”. La melancolía que crea el deseo de una criatura imaginada en la adolescencia o aparecida en una noche de insomnio, influye de tal forma en la conducta de un individuo que puede situarlo en circunstancias favorables a su consecución.
André Breton señala: “El azar es la coincidencia de una casualidad externa y una finalidad interna”. Y narra el encuentro inesperado, en un café de Villeneuveles- Vignon, el 29 de mayo de 1934, con una muchacha “escandalosamente bella”. Al regresar a París, exaltado por el objeto de su amor, una noche abre uno de sus libros y lee un poema titulado Girasol, que había escrito en 1923: era la narración anticipada de su aventura. El prersentimiento, según los surrealistas, es una conjetura que nace del libre juego imaginativo de la introspección.
En la sombra de una realidad melancólica viven un amor absoluto los personajes de ese maravilloso cuento de Chéjov, La dama del perrito, asombrados de su encuentro al borde del mar en Yalta, y no saben por qué se aman. “Hay algo en ella que inspira lástima”, dice él, y se despide con el propósito de no verla más. Pero vuelve a buscarla una, otra vez, y se abrazan melancólica, cálidamente. Están unidos por su melancolía de amor y se enternecen al mirarse entre penumbras, pues saben que su amor absoluto no tiene perspectivas ni futuro. “¿Cómo librarse, en efecto, de tan insoportable tormentos? Y les parecía que, pasado algún tiempo, la solución podría encontrarse, y empezaría entonces una relación maravillosa”. Este amor absoluto, fantasmal e invisible como el espíritu, deja una triste e incurable, melancolía.
Recordemos otra historia de Chéjov, Ojos negros, donde el sorprendente y maravilloso encuentro con la mujer única, en el balneario, y su posterior abrazo clandestino en el granero de una casa se disuelve en memoria melancólica. El amante confiesa que de ese amor conserva solamente instantes delicados y supremos ensartados en el hilo del recuerdo, que se irán perdiendo con el paso del tiempo. Asimismo, los cuentos que titula Era ella y El beso significan que en la entrega absoluta nunca sabemos quién es realmente el ser que estrechamos en nuestros brazos o nos da un beso en la oscuridad del bosque.
La conclusión de Hegel, En la Fenomenología del espíritu, esa gran historia novelada de la conciencia del hombre, reafirma “como el espíritu es infinito, la historia nunca tiene fin”. Quizá el amor absoluto es una quimera, como Dios, una ilusión necesaria del conocimiento. Y puesto que el amor absoluto no puede realizarse, es tan sólo el encuentro de dos seres que dura una corta eternidad, nos deja el sabor melancólico del infinito, o crea la ansiedad desesperada del bien único apenas vislumbrado en los tiernos abrazos, o del sol radiante del mediodía cuya búsqueda desesperada acabó de enloquecer a Van Gogh. “El absoluto es la absoluta identidad consigo mismo”, afirmó Hegel. Esta soledad radical del amor absoluto crea una melancolía analítica y enturbiadora.