Hay ilusiones que se desvanecen, no habrá un nuevo amanecer, la niebla lo cubre todo confunde a las personas y oculta la verdad, las espinas de los errores clavan duro y se derrama demasiada sangre, no sé por qué tiene que ser así, la mano de Cronos es implacable, acelera el momento de la lágrima y retrasa la chispa de la risa. Hay ilusiones que se desvanecen, sueños que una vez más se atascaron, no tiene sentido la vida cuando sólo se apuesta a perdedor, cuando nuevamente tropiezas con la misma piedra, la furia de la ira contenida convierte en negro un domingo rosa, se repite la historia y sólo cambia el actor, qué será lo que pasa que la gente cambia, de un momento para otro emerge la violencia, se desata el monstruo de la ira y comienza el caos. Hay ilusiones que se desvanecen, máscaras que caen y dejan al descubierto la verdad más cruda y dolorosa, seres suspendidos en su pasado, que no superaron los traumas y guardaron mucho odio en el alma, los veo derrumbarse y perder el control, emitir fiera palabra y masacrar a la inocencia, apuñalar al amor más puro y olvidar la promesa más seria.
Hoy estoy triste, siento una opresión en el pecho, tengo una pena que no cesa, un dolor acumulado en el alma, soñé con el bandido que una tarde le disparó a mi corazón, el subconsciente es así, a veces insiste en traer a la memoria a sujetos de mala calaña que dejaron oscuras marcas en el aura, que regalaron lágrimas sin detenerse a pensar en el daño que hacían, este bandido es así cruel, orgulloso y vengativo, ofende y maltrata sin pensar. Hoy estoy triste, ya no quiero ni pensar, un suspiro retenido en mi garganta, un no sé qué en el alma, quisiera partir a tierras lejanas, vivir muy cerquita del mar, disfrutar de la brisa marina y de un cielo libre de tristeza, sembrar un huerto y reír por nada.
Ya no tengo nada más que decir, no me interesa replantearme, la decisión la tomé hace años, cuando las sombras se instalaron en el poder, cuando tembló la tierra y no supe qué hacer, cuando alguien decidió quitarse la vida, no sé si ahí hablo Dios o habló el demonio, sólo sé que imperó el dolor, que mil pájaros huyeron sin saber, que mil rosas se marchitaron, que mis perros amados supieron callar, que el zorzal me miró fijamente y en la madrugada respetó el silencio. Ya no tengo nada más que decir, las sombras desplazaron a la luz, reina la inquietud y la duda, hay ecos de ausencia y locura, hay ráfagas de viento que preocupan, hay una idea que no pudo ser verdad, un desconsuelo que no tuvo fin, palabras encadenadas que ofendieron al corazón, caminos que se entrecruzaron, y condujeron al caos y a la dispersión. Ya no tengo nada más que decir, la puerta he cerrado y la ventana sellado, la ilusión yace en el más lejano panteón y yo más preparada no puedo estar.
Para qué te cuento, mejor no te cuento, cuantas lágrimas derramé en pos de un mal llamado amor, cuanta soledad atrincherada en un rincón, cuanto temor oculto en el clóset, definitivamente no fueron días felices, no se trataba de un príncipe azul de esos que mi madre me hablaba, más bien un monstruo sin definición, porque su descripción no aparece en el diccionario, único en su tipo y en su accionar, ya no lo extraño más bien lo desprecio, después del dolor más punzante vino el olvido y luego el sosiego, no sé por qué tuvo que ser así, supongo que un mal karma o como dicen mis amigas una mala elección. Para qué te cuento, mejor no te cuento, que de él me enamoré siendo adolescente, en ese momento no pudo ser, pasó el tiempo y los destinos se cruzaron, el romance comenzó con muchas luces, la ilusión renació y los sueños también, pero como Cronos dispone el avance, la historia se oscureció, el amor dio paso a la descalificación, la ternura desapareció y el egoísmo afloró, así no pudo ser, mejor no te cuento lo que ocurrió después, sólo adelantar que un rayo me partió en dos.
No resulta fácil superar el trauma, dicen que el tiempo todo lo cura, pero ya han pasado varios cielos, varias lunas y soles, y el dolor punza más fuerte que ayer, el umbral no se logra cruzar y en el portal un bebé llora sin consuelo, me hubiera gustado abrir otra ventana, nadar hacia otras tierras, vagar por la inmensidad cósmica sin saber que hay una frontera. No resulta fácil superar el trauma, saber a ciencia cierta que no me acompaña una estrella, que la vida se ha dividido en dos caminos, que uno conduce al laberinto de lágrimas y el otro al confín de la soledad y el silencio, ya no quiero luchar, perder más batallas, quiero emigrar del cuerpo, abandonar la materia y tener la certeza que la misión asignada en esta vida ya ha sido cumplida. No resulta fácil superar el trauma, construir un nuevo nido y poner los ojos en otro horizonte, en el otoño no se siembra, cuando la nieve cubre las sienes, es más recomendable cerrar capítulos, abandonar el barco y tejer alguna prenda para un nieto o para un sobrino.