Te amé sin pensar sin aceptar lo que decían los demás, me advirtieron, no es hombre bueno, inestable, machista y misógino, me lo dijeron y no quise creer, me hallaba ciega en el delirio, inmóvil en la obsesión, feliz en la cima de la montaña. Te amé sin pensar sin percatarme de las señales que aconsejaban modificar la ruta, desconfiar de él y de sus propósitos, alejarme para evitar el desconsuelo, pero ahí me mantuve firme y ciega, tantos meses, tantos años al alero de una sombra, de una torre de marfil, de un faro sin luz. Te amé sin pensar porque el amor de verdad es así, se entrega y no mide lo que recibe, es limpio e incondicional, di ternura, abrazo y beso y sólo recibí latigazos, furias, desdenes y vendaval, cuan equivocada permanecí, no miré el reloj, no conté el segundo, no medí el dolor.
A veces uno porta cadenas, se somete a seres de la oscuridad, elige caminos equivocados, elige bandidos en lugar de amores, se instala una venda en los ojos que impide ver la realidad tal cual es, es tanta la necesidad de afecto por carencias de un pasado de dolor que finalmente lo único que hace es atraer el fracaso y más dolor. A veces uno porta cadenas que impiden el progreso, se involucra con personas que son como fantasmas, presencias extrañas e impredecibles, llenos de odio y amargura, rencores y bajos instintos, nos convierten en protagonistas de dramas inimaginados. A veces uno porta cadenas, opta por ausencias, por compañeros que son lastres, apegados a bienes materiales, a traumas e indolencia, seres básicos ý egoístas que sólo tienen una meta, hacer dinero y lograr poder, incapaces de entragar amor, permanecen encerrados en bóvedas doradas.
El hombre se marchó sin mirar atrás, sin pensar en lo que dejaba, sin avisar a los seres queridos, fumó un cigarrillo que duró una eternidad, no le importó el olvido pues la decisión estaba tomada, los escalones se suben o se bajan, la voluntad manda a la hora de elegir, compró un pasaje de ida, canceló todas las cuentas, ninguna deuda para futuro. El hombre se marchó sin mirar atrás, el sauce lo lamentó y el búho sólo calló, no importó el olvido, no importó el nido, en la mira un solo objetivo, abandonar el lugar sin dudar, romper las cadenas que le ataban, tomar rumbo a segura libertad.
Ya no queda nada, nada de nada, misterioso designio se ha llevado al hombre que amaba, ha desaparecido, no hubo llamadas ni preguntas ni respuestas sólo un triste silencio, fue como subir al castillo que tan bien describió Kafka, un cristal roto, un sueño no escrito. Ya no queda nada, nada de nada, la bóveda ha sido sellada, en la cripta yace un cadáver llamado amor, nadie avisó, nadie dijo nada, como diría la Bombal, el árbol fue derribado, se sintió una llamarada feroz, no hubo más por hacer, luego se impuso la nada.
La fuerza del destino no se puede controlar, aquello que se ha trazado seguro se cumplirá, pruebas hay muchas, Edipo intentó modificar cruel y perverso sino, su padre creyó torcerlo, pero la tragedia comenzó, a Layo en un cruce de caminos mortal fin le dio, la esfinge lo puso a prueba y su acertada respuesta mucha fama le concedió, no se puede cambiar el destino, estaba escrito, el oráculo de Delfos lo predijo, el hijo postizo de Pólibo con su madre se casó y cuatro hijos tuvo herederos de cruel verdad y de muy mal sino y Edipo desterrado y sin luz.