Desde el portal observo atentamente el anochecer, el cielo está estrellado, es otoño y una fría brisa toca mi acongojado rostro, son muchas batallas las que he dado, he tolerado el látigo del supuesto amigo, ya no quiero seguir la misma ruta, quiero subir al carro de la liberación, sé que con nadie cuento excepto mi madre, la que me acompañó en el duro despertar de una mañana de octubre, sé que aún queda tiempo de vida, que debo respetar los designios de Cronos, que hay una imposición del destino, quisiera rebelarme pero sé que las consecuencias podrían ser nefastas. Desde el portal observo atentamente el amanecer, quién dijo que yo quería continuar, hace tiempo que presenté mi renuncia a una vida de pesares y desolación, me dieron la oportunidad de ver al enemigo arrepentido y de rodillas, pero eso no sirvió para cerrar la herida, para detener la lágrima y la eterna pena, en definitiva volver a ser yo, las cadenas no se cortan prontamente, aunque el opresor se haya retirado, los sentimientos no se diluyen de la noche a la mañana, no sé cuánto tiempo me queda pero sí sé que lucharé por alcanzar la paz en soledad, no quiero por compañero un lastre con látigo en mano, no quiero más yugos, quiero volar cual pájaro y alcanzar mi libertad.
Algo me perturba, obstaculiza mi andar e inqueta a mi corazón, son dolores que no logro controlar, recuerdos que no se detuvieron, la vida exige continuar sin mirar atrás, pero creo que eso no es posible, y ahora tengo ganas de llorar, el color de las nubes ha cambiado, las flores se han teñido de negro y en mi habitación la ventana he cerrado. Algo me perturba, me desorienta y desvía mi atención, no quisiera volver a sentir la opresión del yugo, pero fueron tantos años que de pronto ya no sé, la puerta a esa sombra fue sellada, pero hay restos de emociones que aún no han sido superadas. Algo me perturba, tal vez sea el otoño con su manto de nostalgia, la soledad puede ser buena compañera, pero todo cumple su plazo, está claro que ya no quiero arrastra duras cadenas, la madurez impide repetir el error, hay maleza en mi jardín que llevará tiempo destruir, cantaré en el momento que haya olvidado el duro amanecer, cuando haya cerrado el capítulo más doloroso de mi historia.
Nunca comprenderé las razones del delirio, de la muerte y la aflicción, volver a verte fue como revivir fantasmas, cuando el corazón ya no se inquieta se puede afirmar con fuerte convicción que ya nada queda, que la ilusión terminó por morir, que los sueños no se concretaron y que nada se puede ya hacer; te miré y me dije cuánto tiempo ha pasado, mi memoria se destiñe, tanto detalle ha desaparecido, la niebla lo ha borrado. Nunca comprenderé lo que nos pasó, tú buscaste razones y me diste respuestas, pero nada sirve, el maltrato deja huellas, cansa y desmotiva, el amor defintivamente se extravió una tarde de primavera, al dar las siete tú lo quisiste, yo me alejé cabizbaja y tú muy satisfecho emprendiste el vuelo, ya no hay nido, ya no hay palabras y lo peor de todo, no existen sentimientos. Nunca comprenderé lo que nos pasó, si yo te amaba con el alma, si yo me negaba a matar nustros sueños.
No sé qué pretende el destino que de alguna manera vuelve a cruzar nuestros caminos, a mí ya no me interesa parlamentar contigo, ni siquiera a través de escritos, fue en primavera lo recuerdo bien cuando tú rompiste el cristal, ahí comenzaría el más frío invierno, fracturaste una relación de años, yo te amaba de verdad pero la herida fue mortal y ya no pude continuar, la venda cayó de los ojos y vi con claridad. No sé qué pretende el destino enfrentándonos nuevamente, si ya nada nos une y todo nos separa, las luces se apagaron aquella tarde, el corazón sangró y un suspiro se quedó suspendido, te marchaste y no te quedaste, emprendiste vuelo hacia otro nido, yo me retiré tranquila y sin escándalo, aunque después regresaste arrepentido, recuerdo acepté esa cita sólo para decir lo que no había dicho, lo que tantos años había callado, cerré el capítulo y corté las cadenas. No sé qué pretende el destino, mucho te amé pero ya no, fuiste sol de muchos inviernos, fuiste todo para mí y ahora que el destino busca unirnos te digo, la puerta está cerrada, también la ventana.
Y la herida volvió a abrirse, no se pudo evitar, porque la montaña rusa de la vida te impulsa a la caída, a repetir esquemas y errores, a ver rostros de arrepentidos que alguna vez amamos, pero que equivocaron el camino y cosecharon lo que sembraron, ya no me miro en tus ojos, ahora están extraviados y me pregunto será la edad que te tiene abatido o serán tus nuevos amores que percibo egoístas y descariñados. Y la herida volvió a abrirse, los recuerdos secos y agusanados cobraron vida y se levantaron, los fantasmas nunca son bienvenidos porque reviven momentos de oscuridad, abruman y son puro desconsuelo, ay cómo te quise eso nadie lo puede negar pero el fruto se pudrió cuando abriste la puerta a otra, ingresó la intrusa que tú invitaste y comenzó la caída, las rosas se secaron el pájaro ya no cantó y la luna se ocultó, más trágico aún, ya no estás con ella, perder para perder.