Ha crecido mucho y su pelaje ya es casi tan suave como el de Fenicia. Y sus ojos, que parecian marrones cuando era pequeña, ahora son dorado por fuera y verde oliva por dentro. Y sigue siendo la gata más cariñosa del mundo.
Aqui esta Doris con su abriguito, juagando con una hoja que ha arrancado de la maceta. Al principio no le gusto, pero creo que se encontro calentita y se conformo.
La Navidad ha traido a Doris algo nuevo: un celo. La pobre va gritando como una loca por toda la casa y a todas horas. Se revuelca desesperada por la alfombra y trepa atodo lo que encuentra.