¿Dónde comenzar, en el periplo de tu cuerpo o en los andenes de tu alma?
Noctámbulo pernicioso transito sin acordes en la partitura de tu cuerpo, mi piel se convierte en violines, tambores africanos gritan chillan, se sacuden como palmeras en ventisca de otoño. Un remolino centrífugo concentra lo que dicen es universo en este instante en que fieras, alacranes, pájaros, océanos, cielos y el paisaje todo se trasmutan en la carne que contiene la consagración de los misterios.
¿O hablo de tu alma? precipicio que invita al suicidio. Detengo aquí la pluma porque no se puede fabular el amor rotundo desde la inventiva del verso.
No obstante, me declaro noctámbulo pernicioso aún en la palabra.