Hoy voy a contarles una historia, una extraña historia de amor con final incierto…
Ella es una mujer simple, ya pasó la barrera de los treinta y eso significa que tiene un pasado, una historia de vida de la cual lo unico que ella considera bueno, son sus hijos. Tiene sus propios medios de vida y la vive lo mejor que puede.
El un hombre normal, un poco mas joven que ella, aunque tambien tiene un hijo de una historia pasada. Tampoco lo pasa mal…
Se conocieron de una manera tan particular como ellos mismos, y aunque los dos habían decidido ser solo amigos, la vida ya tenia planes para ellos…
Todo comenzó como un juego, miradas, gestos, palabras… luego fueron besos, caricias, muchas risas y una gran confianza.
Decidieron intentar ir mas lejos, y crearon lazos: ella con la familia de el, el con la familia de ella, los hijos juntos, los ex aceptando que los hijos esten juntos ( lo que fué un gran logro)…
El se mudó con ella y comenzaron a ser algo así como una familia.
El parecia estar bien, y ella supo lo que era ser feliz, se sentia enamorada y con ganas de vivir, dejó de ser un robot y por primera vez se sintio mujer.
Ella sufrió una perdida muy grande que la afecto mucho emocionalmente, y el no supo que hacer.
Un dia el se fue. Y ella trató de entender. Pero por las noches el volvia, y ella era feliz escuchandolo hablarle de amor y sintiendose segura entre sus brazos.
Hasta que una mañana mientras se iba, el le dijo que ese era el final.
Ella nunca lo entendio, pero tuvo que aceptarlo.
Pasaron los días y ella supo que esperaba un hijo de el.
El se mostró seguro al decir que se haría cargo del bebé y eso a ella la tranquilizó, y más aun cuando volvieron el amor y la ternura.
Llegó el dia de la ecografia y el estuvo ahí. Un poco distante al principio, pero haciendola sentir segura en todo momento.
Al salir, el volvió a ser el de siempre, el amor entre ellos seguía intacto, un poco mas sensibilizados quizás, por haber visto que habían creado vida de ese amor.
Y después nada… el volvió a dejarla sola. No hubo llamadas, ni visitas, al verla en la calle se volvió a mostrar indiferente, no contestó sus mensajes…
Y los días siguieron pasando. Hasta hoy.
Su bebé crece día a día en su vientre, sus hijos ya lo aceptaron y hasta les entusiasma la noticia, su familia y sus amigos la apoyan aunque no estén de acuerdo con la situación…
Hoy ella volvió a quebrarse, emocionalmente, como cada día cuando sus hijos no están y no tiene la obligación de sonreír. La debilidad pudo con ella y en medio de lagrimas caídas por el miedo y la soledad volvió a mandarle un mensaje diciéndole lo mucho que lo necesita y cómo le duele su indiferencia…
Y entonces el respondió: “a mi también me duele” dijo el, sin ninguna otra palabra que ella pudiera usar para sentirse mejor.
“ si te duele, por qué la indiferencia?”
Pero el ya no respondió…
Ella sigue acariciando su panza, secando cada lágrima que cae y tratando de que caigan cada vez menos. Tiene a sus amigos que tratan de no dejarla tan sola, tiene a su familia que se preocupan por todo, pero le sigue haciendo falta el abrazo de él, ese abrazo que le hace sentir que todo va a estar bien, que puede estar tranquila, que él está ahí…
Creo que nadie puede saber cómo irá a terminar esta historia… solo Dios, quien seguramente sabe bien lo que hace y si los bendijo con una nueva vida en respuesta del amor entre ellos, sus buenos motivos habra tenido, aunque ahora, ni ella, ni el, ni nadie lo comprenda …
¡¿Que me consiga a alguien como él?!?! ¡¿Que me consiga a uno como él?!?! Y según mi querida yo, ¿¡Quien sería la persona que me puede ayudar con eso?!?! Digo, para eso deberíamos encontrar una persona a la que le guste bailar, que haga chistes malisimos, tan malos que dan risa, que le gusten los perros, el color verde y los alfajores, como a mi! que cante conmigo ese tema de trula…
Alguien que aunque no le guste todo lo que escucho, lo que como, cómo lo como, lo que me gusta, lo que no… igual quiera estar conmigo. Alguien que no le importe lo que digan los demás.
Una persona que sea mi sitio seguro, que con el, yo sepa que nada me va a pasar porque estoy a su lado, y me protegerá de todo... Una persona que aparezca en el momento indicado y me diga “acá estoy, soy tu sitio seguro y podes contar conmigo...”
Una persona que presienta todo lo que siento, y por qué lo siento... alguien que quiera estar conmigo, que quiera algo serio conmigo y que sea lo suficientemente divertido para hacerme sentir libre, segura y graciosa.
Una persona que me enseñe a ser descomplicada.... que pegue y muerda sin hacer daño. Una persona que con solo mirarme, me sepa leer. Una persona que me conozca de los pies a la cabeza y no se le pase por la mente nada malo. Una persona loca que sepa lo que necesito para sentirme viva.
Entonces querida yo, como verás es imposible reemplazarlo....
Sin embargo, si te arriesgas y sentis que sí lo podes hacer, intenta buscar algo mejor. Alguien que después de todo no sea tan… tan... … que no sea tan así! Para eso, habría que encontrar a alguien que quiera hacerme parte de su vida, que piense tanto en mí que me invite a todos lados, que se aguante todos mis estados de animo… Una persona que no le tenga miedo a nada, y que me enseñe a no tener miedo y de ultima, que podamos enfrentar los miedos que existan. Alguien que si me va a enseñar algo, lo haga mejor que los demás. Una persona que no se ponga límites… Alguien que no cambie por lo que los demás digan…!!! Alguien que me mire y me quiera por lo que soy. Esa está difícil. No creo que lo llegues a encontrar.
Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.
Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: ‘Depresión’ y la infaltable receta del antidepresivo de turno. Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ES UN AMANTE.
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!. Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición: Amante es: ‘Lo que nos apasiona’. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.
A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby… En fin, es ‘alguien’ o ‘algo’ que nos pone de ‘novio con la vida’ y nos aparta del triste destino de durar.
Y que es durar? – Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.
Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, se vos también un amante y un protagonista… de la vida Pensá que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie.
Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante…
La sicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental:
‘Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida’.
Sé que jamás he sido una buena católica que va cada siete días a misa y se sabe todas las oraciones. Sé que no soy muy piadosa y que si me pongo a reflexionar sobre mis pecados dispondré del vestido más playero en mi armario porque tendré una eternidad térmicamente bochornosa. Sin embargo, no sé a quién más acudir, porque eso de tener que estar hablándo sola ya se me ha convertido en rutina, y los amigos -aunque son pocos pero geniales- deben estar cansados de escuchar la misma historia, y a veces me entristece no saber qué hacer o decir para volver a hacerlos reír. Así que por eso acudo a vos, Dios.
No soy perfecta, eso lo sabemos vos y yo, y aunque estoy asumiendo mi rol en toda esta situación, y aunque intento dejar todo atrás, e intento mirar el lado positivo de las cosas, sé que ya no soy yo. Sé que algo ya no está ahí, sé que algo se perdió. Pero por más que lo busco, y lo busco, no lo encuentro. No soy yo. No sé dónde estoy. No me encuentro, hurgo muy dentro de mí y simplemente, no estoy ahí.
Lo que quiero es volver a sonreír, dar una buena sonrisa, de esas que salen desde adentro… quiero ser yo, y no ese ser frívolo en el que me estoy convirtiendo. Quiero volver a sacar lo bueno de cada momento, y quiero volver a reír como antes, y a hacer reír a otros… quiero volver a sentirme viva, o por lo menos tener ganas de estar viva y vivir al 100%.
No quiero pensar más en sentimientos absurdos de tristeza, soledad y amargura. Vos decidiste qué es lo mejor y tengo que aceptar tu decisión aunque me duela y para eso necesito tu ayuda.
Quiero reírme. Quiero que las palabras no sean melancólicas. Quiero volver a sentir felicidad. Quiero volver a verle siempre el lado bueno a las cosas. Quiero volver a ser yo… ¿Me podrías ayudar, Dios? Porque se me está haciendo difícil, y esa situación cada vez, lentamente, me está matando y no quiere irse de mí… Necesito que se vaya de mí, a ver si por fin, logro reencontrarme y vuelvo a ser quien era…
Es algo perfectamente natural que un hombre y una mujer encuentren ciertas dificultades para enamorarse, sobre todo si han vivido mucho tiempo solteros o si han tenido experiencias negativas con las relaciones de pareja. Generalmente cuando se profundiza en este miedo existe una o varias causas de base y el temor no es sino un mecanismo de defensa que asume la idea: “mejor no amar para no sufrir”.
No obstante, hay ocasiones en que este miedo adquiere proporciones superlativas, entonces hablamos de la Filofobia, un miedo extremo que en los casos más graves puede manifestarse con disnea, sudoración, nauseas, taquicardia y otros síntomas típicos de los ataques de pánico.
La persona que padece la Filofobia experimenta un miedo intenso a enamorarse, al compromiso y a mantener relaciones íntimas. De esta forma, se niega el placer del amor. Sin embargo, lo curioso es que una vez que se ha superado el miedo inicial estas personas pueden vivir intensamente las relaciones de pareja.
Quienes tienen miedo a amar usualmente optan por algunos comportamientos típicos (o mecanismos de defensa) que los mantienen “salvos”:
- Se enamoran de personas imposibles. De esta forma, en vez de reconocer sus miedos, se autoafirman que ellos sí están enamorados pero su amor es imposible.
- Establecen relaciones que están predestinadas al fracaso porque las personas no tienen nada en común. Así, ellos mismos construyen una suerte de profecía que se autocumple.
Vale aclarar que no hay nada en el mundo que nos desnude más que el amor; por ello es perfectamente comprensible que aquellas personas que intenten ser fuertes sean quienes más le teman a este sentimiento ya que para ellas sería como quedarse sin ningún punto de agarre, al borde de un precipicio.
También se hace referencia al hecho de que las personas que sufren de Filofobia han tenido numerosas carencias afectivas en su niñez, de forma que su cariño jamás ha sido recompensado y esto les ha generado un miedo a la entrega y a amar.
Las personas que temen amar deberían saber que:
-La fuga o la evitación no hacen que el miedo desaparezca sino que lo refuerzan. Por ello, si existe la posibilidad de vivir una historia de amor, no hay por qué huir de la misma.
- Vivir la nueva relación sin anticiparse a los acontecimientos sino apreciando aquello que ofrece en el día a día. Recordemos que usualmente el temor por lo que pueda suceder es peor que los hechos en sí.
- Evitar a toda costa la comparación con relaciones pasadas. Cada historia es diferente y única en sí misma. El temor y el sufrimiento pasado no tienen por qué repetirse.
- Hacer partícipe a la pareja de los temores propios. Sólo así la relación podrá funcionar y la otra persona podrá comprender algunos de los comportamientos aparentemente sin explicación que exhibe todo aquel que sufre de Filofobia.
Eso sí, cuando el miedo es demasiado intenso, se aconseja consultar con un especialista que pueda profundizar en las causas del mismo y trabajar juntos para eliminarlo.