Descripción: Un blog de poesia...citas.....un poco todo lo que se me ocurra poner!!!asi veo yo mi vida, mi mundo, mi universo.... (La mayoria de los textos y frases no son mias....)
" Es curioso, vivimos la vida en primera persona del singular pero llegado el final, se nos aparece la opción de un cambio en la composición del relato. Esta nueva velocidad de las cosas -me pregunto si la chica de la motocicleta se refería a algo más o menos parecido- es la que nos permite entonces vernos desde afuera, mirarnos mirar, sentirnos sentir, muriendo morir. Tal vez se trate del más primal de los mecanismos de defensa o del más convincente de los placebos: esto no me puede estar pasando a mí, volar lejos. Tal vez por eso todos aquellos desesperados que dicen haber estado muertos y vuelven para contarlo insisten en el paisaje de sí mismos cada vez más pequeño, allá abajo. La persona como personaje, un espejo de carne y hueso. El cuerpo como un plano, como un sinfín de gráficos y de cómputos. La escalera de caracol del DNA, la médula como una vía láctea, la marea oscura de la enfermedad erosionando los acantilados de las células. Sí, el cuerpo visto igual que esas fotos desde las alturas -marrones y verdes y azules- que luego se utilizan para la confección de los mapas. "
No todas las palabras quieren ser entendidas, hay frases también que se esconden de si mismas, que se camuflan para trastocar sus significados, y aun éstos giran y se transmutan.
Hay cuentos herméticos, palabras que contienen más de lo que dicen, que esconden algo, o eso aparentan.
Los hombres han guardado siempre en lugares especiales estos textos. Los han guardado, los han estudiado, los han interpretado.
Y cuando las murallas caen, y siempre acaban cayendo, las palabras herméticas estallan, y resultan ser un cuervo, o una espada, o la profecía que cuenta como llegará de nuevo la libertad al reino.
"Es verano y los amigos viajan. Él colecciona miradas que reflejan el vacío. Entra solo en un cine y oye a lo lejos un trueno, quiere olvidar que mañana es lunes. Salir del cine como de otro mundo, ver que ha llovido, cenar en un bar. Ella está en la mesa de al lado, él se levanta y ella le dice: "Espera un poco". Él piensa en tantas veces como ha esperado, se pregunta por qué salió de casa. Ella habla de un hombre que la espera con la silla de montar y las espuelas.
Habitamos cuerpos que no nos pertenecen como trajes alquilados para una fiesta.
¡Enciende una cerilla! ¡Enciende un deseo! ¡Que todos los días se parecen a Wendy!
El camarero se aleja con el verano en la bandeja y el rompeolas susurra canciones de amor. Hay un instante en el atardecer en que todo parece despedirse de ti. Las casas, los hombres y sus sombras agitan una mano, los cables telefónicos transmiten un adiós, y tú crees de verdad que el mundo esconde una piedra preciosa en su puño cerrado. Y tú quieres abrirla, ofrecerla a quien está contigo, creer en la pequeña magia que anuncia un nuevo encuentro.
Ser nómada es ser una estrella errante. Ser nómada es reinar sobre la oscuridad."
Todos deberíamos poder cruzar más a menudo el puente que nos lleva al otro lado y descubrir cómo son las nuevas avenidas de la vida; cuestionarnos sobre el destino, sobre nosotros mismos, sobre el azar, el factor suerte o sobre las personas y las cosas que se sostienen misteriosamente a nuestro alrededor, sin las cuales no somos nada. Éste es el privilegio que, de alguna manera, tiene que compensar la otra cara de la moneda. Bienvenidos sean siempre esos brazos y esos lugares en los que gestamos nuestros mejores recuerdos.
La receta dice que para que algo nos vaya bien se necesita fe; creo que me la enseñaron desde pequeño. Años después, pegado al suelo, comprendí el tipo de fe al que necesitaba aferrarme. Por momentos contados, "tú también te sentirás iluminado, farola y brújula, con las retinas impregnadas de miradas y paisajes que habitan en algún rincón de tu interior".
A menudo vivo tan intensamente que otras vidas aprehendidas se asoman por alguno de mis puntos cardinales suspensivos. Y sé que puedo ofrezcer la mano, el abrazo, el beso o la mirada más pura y sencilla, la que deja ver todas las lagunas y los desiertos que ya forman parte del camino, porque resulta que en esta enfermedad contagiosa hasta lo triste nos resulta bonito.
Pero, insisto, hay momentos tan intensos que incluso pueden saltar chispas al tocarlos y al tocarnos. No me da miedo el alambre ni la barra, ni la red que a veces no alcanzo a ver cuando aparece el vértigo. Me gusta este riesgo y, de vez en cuando, me la pego, como tú... sin tener que ocultar las cicatrices (quizás gracias a ellas nos va llegando lo mejor).
No hace falta que me digas cuándo llegarás, porque a veces te intuyo, aunque no te hable del presente, y suena algo parecido a música celestial por las escaleras.