Descripción: Quiero compartir con ustedes una selección de textos que nos permiten reencontrarnos con nosotros mismos, reflexionar y recordar lo esencial. Espero les guste...
"Dicen que una rosa, cuando se abre, produce un sonido similar al de una pieza de Bach. Si queremos oírla debemos, antes que nada, refugiarnos en el silencio. Silencio afuera, silencio adentro y, sólo entonces, escuchar. Escuchar implica una actitud meditativa. Se detienen todos los pensamientos y la concentración es máxima. Sumergidos en el silencio, escuchar. Poner toda nuestra atención en la escucha. Y entonces es posible "oír". En medio del silencio profundo se pueden oír címbalos, campanas, manantiales, lluvia, flautas"
El bullicio externo e interno muchas veces nos rodea y nos aturde. Lo más grave es que ya nos hemos acostumbrado a toda clase de ruidos que perturban nuestra paz, comunicación, y hasta perjudican nuestra salud. Casi hemos olvidado la posibilidad del silencio, estar tranquilos, a solas, con los sentidos calmos y la mente despejada. Del silencio, si sabemos interpretarlo, puede provenir la respuesta a todas nuestras preguntas. El silencio es indispensable para conocernos y analizarnos, para meditar, ordenar nuestros pensamientos y encontrar la paz. Es el gran maestro que nos enseña a escuchar, a comprender. Con un momento de quietud y soledad se pueden resumir muchas palabras. Recuperemos el silencio, nuestro silencio.
"Anda plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda que hay paz en el silencio. Vive en buenos términos con todas las personas sin rendirte. Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás, incluso al aburrido y al ignorante: ellos también tienen su historia. Evita a las personas ruidosas y agresivas. Si te comparas con otros, puedes volverte vanidoso y amargo, porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera, aunque sea humilde: es tu verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo... Sé tú mismo. No finjas afectos ni seas cínico respecto del amor, porque frente a toda aridez y desencanto, el amor es perenne como la hierba... Junto a una sana disciplina, sé benigno contigo mismo. Eres una criatura del universo, no menos importante que los árboles y las estrellas, y tienes derecho a estar aquí... Manténte en paz con Dios, del modo que lo concibas. Cualesquiera sean tus aspiraciones conserva, en la ruidosa confusión, la paz con tu alma. Con todos sus trabajos, farsas y sueños rotos, éste sigue siendo un mundo hermoso"
"Ejercitar la paciencia es difícil para el espíritu y lo único que vale la pena aprender. Todo lo que es naturaleza, desarrollo, paz, prosperidad y belleza en el mundo descansa en la paciencia, requiere tiempo, silencio, confianza, fe en procesos a largo plazo que duran mucho más que la vida de un hombre... "Paciencia", digo, y podría decir también fe en Dios, sabiduría, inocencia, sencillez"
HERMANN HESSE
"El reino de Dios está dentro de ti"
Lucas 17, 21
"La espiritualidad no consiste en conocer las escrituras y trabarse en debates filosóficos sino en cultivar el corazón, en poseer una fortaleza inconmensurable"
Hubo un tiempo en que los hombres que vivían sobre la tierra eran dioses. Pero fue tanto lo que pecaron que Brahma, el dios supremo, decidió castigarlos privándolos del aliento divino. El gran dios, muy disgustado, decidió esconder dicho aliento en un lugar donde no pudieran encontrarlo y emplearlo nuevamente para el mal. Los otros dioses sugirieron ocultarlo en lo profundo de la tierra. Brahma respondió: "No, porque el hombre excavará y lo encontrará". Le sugirieron, pues, hundirlo en el fondo del mar. "Tampoco", dijo Brahma, "porque el hombre aprenderá a sumergirse y también allí lo encontrará". "En la montaña más alta", propusieron otros. "No", insistió el gran dios, "porque un día el hombre subirá a las montañas y recuperará el aliento divino". Los otros dioses se dieron por vencidos, incapaces de imaginar un lugar en donde el hombre no pudiera encontrarlo. Entonces dijo Brahma: "Escondámoslo dentro del hombre mismo; jamás pensará en buscarlo allí". Así lo hicieron y, a partir de ese momento, oculto en el interior de cada ser humano existe algo divino. Desde entonces, el hombre ha recorrido la tierra, ha bajado a los océanos, ha subido a las montañas buscando esa cualidad que lo hace semejante a Dios y que lleva en su interior.