Descripción: "La vida es dulce gracias a los amigos que hemos hecho y a las cosas que compartimos; Queremos vivir no sòlo por nosotros mismos, sino tambièn por la gente a quien le importamos; Se trata de dar y hacer por alguien màs -de eso depende el esplandor de la vida. Y la alegrìa de este mundo, a fin de cuentas, se encuentra en hacer amigos".
Me gusta tener amig@s sinceros, llenos de cosas positivas, amo mi familia, y me llena de alegría la felicidad de los seres que aprecian la amistad y la hermandad con sinceridad.
Una mujer que llevaba un niño contra su pecho le preguntó a un maestro: Háblanos de los hijos. Y el respondió.
Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de sí misma. Vienen a través de vosotros, mas no de vosotros y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, mas no vuestros pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos mas no sus almas. Porque sus almas moran en la casa del mañana, que ni aun en sueños os es dado visitar.
Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis hacerlos como vosotros. Porque la vida no marcha hacia atrás, ni se detiene en el ayer.
Vosotros sois el arco por medio del cual vuestros hijos son disparados como flechas vivas. El arquero ve el blanco sobre el camino del infinito, y os dobla con toda su fuerza a fin de que sus flechas vayan veloces y lejos.
Que el hecho pues de estar doblados en manos del arquero sea para vuestra dicha, por que así como Él ama la flecha que dispara, ama también el arco que permanece firme; por eso vosotros tuvisteis la oportunidad de vivir vuestra vida y la libertad de amar y hacer tu vida.
Deja que tus hijos vuelen solos del nido cuando llegue la hora y no los reclames para que vuelvan, ellos te querrán por siempre y tendrán también su nido del cual algún día ellos solos quedaran, pero fue su nido y su vida, déjalos libres, ámalos con libertad, no apagues el fuego de su hogar, vive y deja vivir y ellos siempre te querrán.
El don de la amistad. En la vida... lo más importante para ser feliz es el regalo de la amistad, es el regalo de regalos, es un regalo envuelto en diamantes, la generosidad como una forma de vida. Los anillos y las joyas no son regalos, sino remedos de regalos. El único regalo verdadero es dar una parte de uno mismo.
El arte de dar sin esperar a recibir. Obsequiamos algo de nosotros mismos cuando damos regalos del corazón: amor, amabilidad, alegría comprensión, simpatía, tolerancia, perdón. Obsequiamos algo de nosotros mismos cuando damos regalos de la mente: ideas, sueños, propósitos, ideales, principios, planes, invenciones, proyectos.
Obsequiamos algo de nosotros mismos cuando damos regalos del espíritu: oraciones, visiones, belleza, inspiración, paz, fe. Obsequiamos algo de nosotros mismos cuando damos el regalo de la palabra: ánimo, inspiración.
Nosotros los amigos nos sustentamos con lo que obtenemos pero vivimos de lo que damos, pero también la amistad implica dar y recibir, la amistad implica compartir nuestro yo. Y, ciertamente, uno de los principales aspectos del amor es la alegría en la vida personal.
Cada amigo debe ser capaz de proporcionar esa alegría y de ser partícipe de ella... La sola idea de una amistad valiosa implica que los amigos se necesitan y desean y que están constantemente receptivos y ansiosos por el regalo del otro.
La mayor felicidad esta en dar que en recibír. Tener un amigo es tener uno de los regalos más dulces; ser un amigo es experimentar una sutil y solemne educación del alma día con día. Un amigo nos recuerda cuándo nos hemos olvidado de nosotros mismos. Un amigo puede alabarnos sin que nos apenemos. Le toma un cariño especial a nuestro trabajo, nuestra salud nuestras dolencias, y nuestros planes. Puede regañarnos sin que nosotros nos enojemos.
Si el esta callado, nosotros comprendemos. Se necesita un alma grande para ser amigo... Uno debe perdonar mucho, olvidar mucho, aguantar mucho. Se requiere de tiempo, afecto fuerza, paciencia, amor. Algunas veces un hombre tiene que dar la vida por sus amigos. No existe una amistad verdadera sin el sacrificio propio. Hacer amigos puede tomarnos tiempo, pero una vez que lo hemos logrado, ni la vida, ni la muerte ni la incomprensión ni la distancia ni la duda, deben interferir.
Los amigos confirman nuestro valor, ¡Que gema invaluable es un amigo!. Una joya cuyo lustre no puede opacar ni los fuertes ácidos de la pobreza o la desventura. Amistad. Hay algo muy especial en esa palabra. El mundo hace reverencia a las personas que se comprometen el uno con el otro. Por servir a la amistad, nos mantenemos en vela junto a la cama del enfermo, la amistad trae calor, acompaña al solitario, es la forma más rara del amor, la forma menos egoísta, es la amistad, no existe posesión más valiosa que un amigo bueno y confiable.
La amistad requiere de la destreza y la observación del mejor médico, la diligencia y vigilancia de la mejor enfermera, la ternura y la paciencia de la mejor de las madres. Para encontrar un amigo se debe cerrar un ojo; pero para mantenerlo los dos. ¿Que es un amigo? Y ¿que es un amigo? Muchas cosas...
Durante los duros años de la Revolución, en un pueblo pequeño de Aguascalientes, México, solía ir al almacén del Sr. Muro para comprar productos frescos. La comida y el dinero faltaban y el trueque se usaba mucho.
Un día en particular, el Sr. Muro me estaba empaquetando unas papas. Cuando de repente me fijé en un niño pequeño, delicado de cuerpo y aspecto, con ropa rota pero limpia que miraba atentamente una caja de peras frescas.
Pagué mis papas pero también me sentí atraído por el aspecto de esas peras. ¡Me encanta el dulce de pera y las papas frescas! Admirando las peras, no pude evitar escuchar la conversación entre el Sr. Muro y el niño.
– "Hola Toño, ¿Cómo estás hoy?" – "Hola Sr. Muro. Estoy bien, gracias, solo admiraba las peras, se ven muy bien". – "Sí, son muy buenas. Cómo está tu mamá?" – "Bien. Cada vez más fuerte". – "¿Hay algo en que te pueda ayudar?" – "No Señor. Sólo admiraba las peras". – "¿Te gustaría llevar algunas a casa?" – "No Señor. No tengo con que pagarlas". – "Bueno, qué tienes para cambiar por ellas?" – "Lo único que tengo es esto, mi canica más valiosa". – "¿De veras? ¿Me la dejas ver? ¡Es una joya!" El único problema es que ésta es azul y a míme gustan las rojas". ¿Tienes alguna como esta, pero roja, en casa?" – "No exactamente, pero casi". – "Hagamos una cosa. –Llévate esta bolsa de peras a casa y la próxima vez que vengas muéstrame la canica roja que tienes". – "¡Claro! Gracias Sr. Muro".
La Sra. de Muro se me acercó a atenderme y con una sonrisa me dijo, "Hay dos niños más como él en nuestra comunidad, todos en situación muy pobre.
A Salvador le encanta hacer trueque con ellos por peras, manzanas, tomates, o lo que sea. Cuando vuelven con las canicas rojas, y siempre lo hacen, él decide que en realidad no le gusta tanto el rojo, y los manda a casa con otra bolsa de mercadería y la promesa de traer una canica color naranja o verde tal vez".
Me fui del negocio sonriendo e impresionado con este hombre. Un tiempo después me mudé a Guadalajara pero nunca me olvidé de este hombre, los niños y los trueques entre ellos.
Varios años pasaron, cada uno más rápidamente que el anterior. Recientemente tuve la oportunidad de visitar unos amigos en esa comunidad en Aguascalientes. Mientras estuve allí, me enteré que el Sr. Muro había muerto.
Esa noche sería su velorio y sabiendo que mis amigos querían ir, acepté acompañarlos. Al llegar a la funeraria, nos pusimos en fila para conocer a los parientes del difunto y para ofrecer nuestro pésame.
Delante nuestro, en la fila, había tres hombres jóvenes. Uno tenía puesto un uniforme militar y los otros dos unos lindos trajes oscuros con camisas blancas.
Parecían profesionales. Se acercaron a la Sra. Carmelita, quien se encontraba al lado de su difunto esposo, tranquila y sonriendo. Cada uno de los hombres la abrazó, la besó, conversó brevemente con ella y luego se acercaron al ataúd.
Los ojos cafes llenos de lágrimas de la Sra. Carmelita, los siguió uno por uno, mientras cada uno tocaba con su mano cálida, la mano fría dentro del ataúd. Cada uno se retiró de la funeraria limpiándose los ojos. Llegó nuestro turno y al acercarme a la Sra. De Muro le dije quién era y le recordé lo que me había contado años atrás sobre las canicas.
Con los ojos brillando, me tomó de la mano y me condujo al ataúd. "Esos tres jóvenes que se acaban de ir son los tres chicos de los cuales te hablé. Me acaban de decir cuanto agradecían los trueques de Salvador.
Ahora que Chava no podía cambiar de parecer sobre el tamaño o color de las canicas, vinieron a pagar su deuda. Nunca hemos tenido riqueza" , me confió, "pero ahora Salvador se consideraría el hombre más rico del mundo".
Con una ternura amorosa levantó los dedos sin vida de su esposo. Debajo de ellos había tres canicas rojas exquisitamente brillantes.
El Reconocimiento que tengas hacia los demás, es el primer paso para lograr el reconocimiento de uno mismo...