Cada historia puede ser contada de mil maneras y será bien distinta según quién la cuente, según cuándo o cómo o porqué se cuente; nuestros objetos saben tanto acerca de nuestras vidas como nosotros mismos.
Esta es la historia de una mujer que ha vivido, ha reído y ha llorado, ha querido y ha rechazado, ha sentido miedo y ha luchado con alegría y confianza, con buen humor y con esperanza. Es la trayectoria de una enfermedad desde su aparición hasta sus últimos coletazos.
Tres pañuelos nos hablan de Fridda, la mujer que decidió luchar contra su enfermedad y que aún a pesar de los sufrimientos y el dolor que tuvo que padecer, ha conseguido vencerla y restablecer las premisas de su salud y de su bienestar.
Estos pañuelos no han sido únicamente pedazos de tela para servirle de adorno, sino que han sabido convertirse en entrañables amigos, en confidentes, en paños de lágrimas, en anhelos contenidos y refugios incondicionales.
Cada uno de ellos la ha acompañado en una etapa de su enfermedad y ha absorbido sus temores y sus desdichas. Ella los fue eligiendo para que acompasaran el ritmo de sus desórdenes, padeciendo resignadamente las debilidades y flaquezas que ha conllevado su padecimiento y su agonía.
El primero está escrito en dos colores, el blanco y el negro, los matices de la alarma, las pinceladas del cuidado y del recelo. Un paño que fue la ayuda necesaria para la aceptación del largo camino aún por recorrer: grande, cálido, con manos maternales para acariciar y pliegues incontables en los que refugiar las angustias e incertidumbres.
El segundo muestra pinceladas de color, sombras de aliento y de confianza. Este pañuelo fue accesorio para confortar, para abrigar su paz, para luchar contra fantasmas insondables y alimentar la ilusión de la curación.
El tercero y último despliega una textura distinta, alegre y colorista, generosa y extrovertida; habla de robustez, de éxito, de restablecimiento y sanación. Es una tela que esparce agradecimiento, que recoge lágrimas de alivio, y regala abrazos cálidos y anchos; es un paño que ha prestado el último gran servicio a Fridda, siendo testigo y parte de la recuperación de las riendas de su vida.
Los tres pañuelos han sido dueños de un pedazo de su vida y la han ayudado en el largo y doloroso camino recorrido. A partir de ahora pasarán a ser historia de la vida de otra mujer.