De pronto se abre la puerta y su mirada me atravesó.
Enseguida noté como me temblaba el cuerpo, como si el piso donde estaba se hubiese movido. Fue por un instante que perdí la conciencia olvidando que hacía ahí.
No pude evitar seguirle con la mirada hasta que se instaló en el fondo del salón. Creo que lo notó. Por primera vez en años me sucede algo así, pero me estaba gustando.
Ese día sentí como mi cuerpo le correspondía a cada movimiento suyo, excitandome a cada minuto más.
En un momento se levantó y vino hasta mi escritorio con la excusa de aclarar quien sabe que punto del tema que estabamos tratando. Al sentir su respiración ahí tan cerca, mi corazón palpitaba de una forma inexplicable, ahora si creo que ha notado mi nerviosismo.
Así fue como empezamos este peligroso juego de seducción...
- ¿Le puedo hacer otra pregunta? dijo con voz muy tenue. - Claro para eso estoy aca, para aclarar todas tus inquietudes. Respondí - ¿Me da su número de móvil? pregunto con muchas expectativas