Hasta siempre te dice una anónima que paso a paso siguió el martirio de tus padres en la búsqueda infructuosa de tu ser Por cada lágrima una flor, por cada soledad, una luz en el cielo inmenso de tu eternidad.
Ven a nacer en mi alma pequeño niño... Ven a habitar en mi ser...
he abierto de par en par las puertas de mi casa y de mi ser para que vengas tú y llenes con tu paz y con tu amor el instante preciso en el que mi ser vuelve a su niñez para adorar tu figura y rogarte de rodillas por un mundo de paz, donde la guerra, el hambre y el dolor, sean borrados y no avergüencen más a esta humanidad.
Ven de nuevo habitar entre nosotros, pequeño Niño Jesús... Llena otra vez nuestros caminos de amor y de perdón. Construye con nosotros la justicia, el perdón y la verdad...
Ven otra vez a mi alma, llena otra vez de luz nuestra noche convulsa de vacíos y confusión.
Ven de nueva cuenta amado niño Dios y derrama en tu mundo la luz de tu justicia, el vino de tu amor, el pan de tu esperanza la llama de tu fe
en esta humanidad que ya no cree en nada, que enfrenta la batalla a ciegas y sin luz...
Derrama en nuestras vidas tu palabra de amor, tu universo de luz y llena con tu mirada inocente y tranquila nuestros caminos.
Yo te veneraré una vez más, en el portal de mi casa, en la noche solitaria de Belén muy cerca de la estrella, muy lejos del dolor, del egoísmo y del miedo propios de un mundo que se olvida de ti...
Ven a nacer en mi alma, pequeño niño... ven a habitar mi ser...