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MI SENTIR


Por: libra121061
libra121061

Descripción:
Sigo viva.
Amo la vida, mis hijos, mi familia.
Terminè con lo que me hacìa daño.
Estoy tranquila y empezarè a modificar tanto mi espacio como mi blog.

Categoría: Amor-Sentimientos

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EL REY SIN DIENTESCreado el 15 Noviembre a 1:30 
EL REY SIN DIENTES

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un adivino para que interpretase su sueño.

"¡Qué desgracia, mi Señor!" exclamó el adivino, "cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra Majestad".

"¡Qué insolencia!" gritó el Sultán enfurecido, "¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!" Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: "¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada... ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!"

Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

"Recuerda bien, amigo mío", respondió el segundo adivino, "que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse".

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma conque debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.

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EL NIÑO Y LA MONTAÑACreado el 15 Noviembre a 1:13 
EL NIÑO Y LA MONTAÑA
Érase una vez un pequeño que tenía ganas de llegar a la cima de una montaña. Y comenzó el camino ¡y paass! que se resbala. Se pone a llorar y gritarle a la vereda. Avanza unos metros ¡y paass! se raspa los brazos. Se detiene, se pone a llorar y se enoja contra los arbustos. Sigue avanzando ¡y zaas! comienza a llover "maldita lluvia". Se detiene, se enoja y se queda detenido por unos minutos.

Y entonces un ángel baja y le dice "¿por qué enojarte contra la naturaleza? Así la creó Dios. Si quieres llegar a la montaña ¿qué te conviene hacer?".

A lo que el pequeño respondió: "me siento muy enojado porque los arbustos me dañan y la vereda hace que me tropiece, pero si sigo parado y llorando ¡seguiré aquí! y yo lo que quiero, es llegar a la cima y contemplar las estrellas desde ahí".

El ángel replicó: "La vereda te hará caerte, los arbustos seguirán hiriéndote y la lluvia mojándote, que harás de diferente, entonces?"

"Soportar y seguir avanzando" respondió el niño. "Cada vez que la lluvia me moje, aunque no me guste, pensaré que quiero llegar a la cima, cada vez que el arbusto me hiera, aunque me duela, pensaré en la visión desde la cima que me espera cuando llegue ¡que tonto he sido! cada minuto que me paro y me pongo a llorar, es un minuto que desperdicio en avanzar. No volverá a suceder."

Las dificultades en el camino del pequeño siguieron siendo las mismas. No era agradable, pero la diferencia, es que mantenía la visión de la cima y eso le daba fuerzas para seguir.

¿Llegó? No lo sabemos. Pero entender que la naturaleza era así y seguir avanzando a pesar de todo, hizo un mundo de diferencia en su vida.


* Autor: Edgar Martínez (México) *
TU PROPIA HISTORIACreado el 15 Noviembre a 0:57 
TU PROPIA HISTORIA

Le preguntaron a Pepe Aguilar, cantante mexicano el secreto de los éxitos de "Por mujeres como tú" y "Mi credo". Y él respondió: "Cada quién tiene su propia historia".

Exacto. Nadie tiene dos caminos iguales "caminante no hay camino, se hace camino al andar".

Pepe no es el mejor cantante. Pero tiene un estilo único que atrapa.
Canta con el corazón.

Se que puedes experimentar miedo y la tentación de caminar sobre las huellas que en la arena dejó otra persona, pero...

¿Y qué hay con la aventura de la vida?

No tienes de otra, que cantar a corazón abierto para encontrar tu destino.
Seguir tu propia historia y hacer las cosas con amor.




* Autor: Edgar Martínez (México) *

...Creado el 7 Noviembre a 5:18 

La Almohada y La FrazadaCreado el 25 Octubre a 4:47 
La Almohada y La Frazada
Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama, ella decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.

Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.

Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.

Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.

A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.

La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.

Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.

Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.

Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.
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