Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Don, y demás interesados: esta es la letra de ese pellizco en el alma que es esa copla. Desde que estuve, niña, en La Habana no se me puede olvidar tanto Cádiz ante mi ventana, Tacita lejana, aquella mañana pude contemplar... Las olas de la Caleta, que es plata quieta, rompían contra las rocas de aquel paseo que al bamboleo de aquellas bocas allí le llaman El Malecón... Había coches de caballos, que era por mayo, sonaban por la Alameda, por Puerta Tierra, y me traían, ay, tierra mía, desde mi Cádiz el mismo son... El son de los Puertos, dulzor de guayaba, calabazas, huertos... Aún pregunto quién me lo cantaba...
Que tengo un amor en La Habana y el otro en Andalucía, no te he visto yo a ti, tierra mía, más cerca que la mañana que apareció en mi ventana de La Habana colonial tó Cádiz, la Catedral, La Viña y El Mentidero... Y verán que no exagero si al cantar la habanera repito: La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero.
Verán que tengo mi alma en La Habana no se me puede olvidar, canto un tango y es una habanera, la misma manera tan dulce y galana y el mismo compás. Por la parte del Caribe así se escribe cuando una canción de amores, canción tan rica, se la dedican los trovadores a una muchacha o a una ciudad... Y yo, Cádiz, te dedico y te lo explico por qué te canto este tango que sabe a mango, de esta manera esta habanera de piriñaca y de Carnaval... Son de chirigota, sabor de melaza, Guantánamo y Rota... ¡Que lo canta ya un coro en la plaza!
Queridos Reyes Magos, seguramente os extrañe que os escriba justo hoy, el día siguiente a vuestra visita. En realidad mi intención no es pediros nada, ya pasó vuestro día, ya lo sé.
Tampoco os escribo por nada personal, vosotros sabéis lo que os pedí, y por ahora veo que me lo habéis traido. También estoy seguro que muchos seres humanos, sobre todo niños, pero también mayores, están hoy también más contentos al ver que muchas de sus ilusiones se han hecho realidad gracias a vosotros. Y esto es muy bonito, al menos yo lo veo así.
En realidad, me dirijo a vosotros en mi calidad de "rey" de los animales. Es algo así como una carta a los reyes magos, de un rey leon.
Bueno, intentaré deciros lo que quiero deciros, aunque no sé muy bien como ponerlo en palabras. A ver... bueno allá va:
Este rey, inclina su cabeza en señal de majestuoso respeto ante sus eternas majestares, mágicas y llenas de bondad. Se me ocurren muchas alegrías que podíais haber traído a la tierra en este día, muchas; de todo tipo; y a mucha gente, de verdad. De hecho confío en que algunas de esas personas vayan comprobando conforme pasa el año que también a ellos les habéis obrado un milagro de alegría y felicidad.
Pero hay una persona, una en particular, que hoy brilla más que el sol. Más que todas las estrellas del firmamento juntas. Mucho más que la estrella que hace dos mil y pico años seguísteis hasta un pequeño pesebre.
Yo a esa persona le debo mucho, una profunda gratitud, muchas horas de "terapia", muchas risas, mucha diversión, mucho apoyo, mucha compañía y mucho cariño. Y no concibo mejor regalo para mí, a través del mejor regalo para ella, que el que le habéis dado.
Ya crece en su interior. El milagro de la vida se ha obrado de nuevo, y además en un ser verdaderamente especial. Escalofríos recorren mi espalda al pensar que mientras escribo esto, se está formando ahí dentro de tan bello ser, un nuevo ser humano.
El cuerpo que lo alimenta posee un corazón como pocos existen. La sangre que lo forma no puede ser más noble. Las manos que le esperan no pueden ser más cariñosas. Los besos que tendrá no pueden ser más dulces. Los ojos que le sonreirán no pueden ser más alegres. El alma que ya le adora no puede emitir más luz.
Luz. Luz. Luz... La vida demuestra que es más poderosa que todo lo demás... La vida y el amor, el amor y la vida. ¿Alguien puede separarlos?.
Bruja... bruja... bruja... bien... lo sabías... lo sabíamos... bien... bieeen... bien......... uy bruja.... bruja.... ¿te lo crees? uy bruja.... brujaaaaa..... ay bruja......
Mirad esta foto. Es nuestra galaxia. ¿Veis todos esos puntos que brillan? Uno de ellos es nuestro sol. Quizá ni se aprecie en esta foto, pero está ahí. Esta noche completamos otra vuelta más en nuestro viaje alrededor de esa estrella. La nuestra.
Vaya vueltecita ¿verdad?. Hoy los que tenemos la suerte de estar en las zonas más privilegiadas del mundo la pasaremos en paz, y con abundante comida y bebida.
Quiero dedicar un momento, antes de seguir, a pensar en todos los seres humanos, semejantes a nosotros, que les tocará vivir esta noche bajo las bombas, o sin nada que llevarse a la boca.
Un momento para ellos por favor.
Ojalá la próxima vuelta sigan con nosotros, y si puede ser un poquito mejor que como están hoy.
Y nosotros? Entre tanta fiesta... ¿nos pararemos a mirar atrás?. Aunque solo sea para buscar errores, y tratar de no volver a cometerlos... revisar si hemos causado daño a alguien involuntariamente, y tratar de repararlo... revisarnos... aprender... mejorar. Se me ocurre que sería una buena manera de poner en práctica nuestro deseo de vivir en un mundo mejor.
Este mundo es un tejido donde nosotros somos los hilos. El tejido será mejor, cuanto mejor sea el hilo que lo compone. Deberíamos intentar ser coherentes, y junto con los mejores deseos, tratar de que se cumplan, cada uno en lo que le corresponda.
No creeis?
Por mi parte el año ha sido... totalmente inesperado. Cuando comenzó no podía imaginar lo que iba a vivir finalmente. Caídas, remontadas, huídas, abandonos, decisiones, abrirme, cuestionarme, llorar, socorrer, aprender, descubrir nuevos límites, encontrar fuerza, avanzar, coger riendas, no soltarlas... volver a caer... volver a levantar... y conoceros.
Conoceros ha sido lo más inesperado. Y lo mejor.
Ahora, tras esta curva que estamos cogiendo ahora, empieza una nueva vuelta en nuestro velero azul. ¿Hemos aprendido a navegar un poco mejor?. Yo creo que sí, en mi caso al menos sí. Me enfrento a esta nueva vuelta más fuerte, más seguro de mí mismo, de mis límites, mis objetivos y mis necesidades.
Gracias, en gran medida, a algunos de vosotros que me leéis. Unos desde hace más tiempo y otros desde hace menos, pero... habéis puesto algún ladrillo en este bastión.
Ah! y ha sido el año en que por fin tuve un blog! (que amenazo con seguir ampliando de vez en cuando).
Atrincherados seguíamos oyendo los disparos. Eran aislados, pero constantes. Zumbaban sobre nuestras cabezas. Ayer, al caer la noche, llegó el momento. No recuerdo ninguna orden, solo sé que de pronto, mis compañeros iban delante de mí. Yo iba muy débil, el más débil, apenas podía con mi arma.
Fue curioso, pero no recuerdo cuándo nos cambiaron los fusiles antiguos que teníamos por estas armas automáticas. Disparabamos ráfagas aterradoras de sinceridad, respeto, desesperación y firmeza. El enemigo empezó disparando fuego de mortero, pero avanzábamos deprisa y calleron detrás de nuestra posición. Pasaron a las pistolas, pero poco podían hacer ante nuestro avance.
Entonces, salieron de sus trincheras, dispuestos al cuerpo a cuerpo.
Y en ese momento, ocurrió. En ese momento, vimos que aquel temible enemigo, que tantas bombas lanzaba, y tanto daño nos había hecho, era en realidad muy débil, asustadizo, tembloroso, casi iba con las manos desnudas, sus armas cayeron al suelo ante nuestro avance firme. Se leía en sus ojos el pánico abismal ante nuestro ataque definitivo.
Cayeron de rodillas ante nosotros... llorando... desesperados, entregados... sabían que era su final. Vieron que había llegado su hora. Entre sollozos y aullidos de dolor nos pedían piedad, nos pedían que paráramos, nos preguntaban por qué les atacábamos así, nos suplicaban a gritos un por qué. No lo entendían. Nos culpaban, se culpaban, se preguntaban por qué todo esto.
Mis compañeros y yo nos miramos aturdidos. Mi compañero Respeto se acercó al enemigo, bajando su arma. Se agachó junto a él. Y le habló. Le dijo: "Cuando el mar convierte un acantilado en una playa, no ocurre de pronto. Una ola, y otra, y otra... van comiendo la roca dura. Hasta que un día ya no hay acantilado, sino una playa. Y qué ola ha tenido la culpa? la primera? la última?"
El enemigo escuchaba todavía aturdido. Entonces mi compañero Compasión se acercó a él con su arma enfundada, y agachandose a su lado le habló con ternura: "Nos habéis hecho mucho daño, no os habéis dado cuenta? Nosotros no habíamos venido a luchar, habíamos venido a ayudar. Pero nos habéis bombardeado una y otra vez, sin motivo alguno... ¿por qué?"
El enemigo estaba muy perdido, atendía aquellas palabras, pero no acertaba a contestar... solo balbuceaba, perdido... aterrado.
Mi compañera Fe, herida como estaba, se acercó entonces a él. Y le dijo: "yo pensaba que os daríais cuenta, yo creía en vosotros. Creía en que os daríais cuenta de lo que estábais haciendo y creía que reaccionaríais; ahora os veo así, y vuelvo a dudar... ¿no lo veis? ¿nos oyes? ¡míranos!"
El enemigo levantó su vista. De sus ojos rojos por el pánico brotaban surcos de lágrimas de sangre que teñían de rojo su rostro desfigurado al ver el final ante él. Enfocó su mirada. Miró a mis compañeros. Y puso sus ojos en mí. Yo estaba más atrás, medio tumbado, sin fuerzas.
Mi compañera Fe me llamó: "Esperanza!, ven, acércate". Me condujo ante el enemigo, que no quitaba sus ojos de mí, a duras penas llegué hasta ellos, me senté frente a él. La Fe le habló así: "mira, observa lo que habéis hecho con la Esperanza. La habéis destrozado. No sabemos cómo sigue aquí, no tiene fuerzas, no sabemos si saldrá de esta. Por eso hemos atacado de frente, porque sin ella no teníamos ninguna oportunidad, ella es imprescindible, todos los somos, cuando uno desaparece está todo perdido."
El enemigo tembló de remordimiento, quiso ocultar su rostro de sí mismo, sintió nuestro dolor. Entonces nos habló: "Perdonadnos. Habladnos. Callemos las armas. No vamos a permitir que sufráis así por nuestra culpa. No lo vamos a permitir".
Me miró y me dijo: "ven, acompáñame, toma estos alimentos, bebe agua limpia; deja que saque esta metralla, deja que sane tus heridas, no dejaré que te vayas, no lo permitiré". Mientras me hablaba sus lágrimas cerraron algunas de mis heridas. Mientras me daba de beber y comer mis compañeros observaban sonrientes y emocionados. Mientras me hablaba sentí cómo recuperaba un poco las fuerzas.
Y entonces, me puse en pie.
"He vuelto, ayudémosles".
"UN GRAN AMOR, MERECE UNA GRAN OPORTUNIDAD" (gracias, angeblillo)