Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Siempre estuviste en mi pensamiento. No sé tu nombre, ni tu sexo, ni tu aspecto. Solo puedo imaginarte. Solo puedo soñarte. Suelo puedo lamentar que no llegaste.
En alguna parte estarás, no sé si en una lista de espera, no sé si haciendo cola, no sé si llegaste en otra casa, en otro cuerpo, con otro aspecto.
A ti, a ti te escribo ahora.
Qué bien lo habríamos pasado juntos. Cuántas cosas maravillosas nos habríamos enseñado con los ojos. Cuántas sonrisas nos habríamos regalado. Cuántas alegrías. Nos habríamos reido de lo lindo. ¿Sabes? Habrías tenido un sentido del humor increible, tanto ella como yo lo tenemos, nos lo dio la tierra. Y a ti te habría caido en grandes cantidades, eso seguro. ¿Te imaginas la de carcajadas que habríamos echado? Yo sí... lo imagino. Casi puedo oirlas...
Quizá habrías heredado talento para el arte. Ella tiene mucha habilidad con las manualidades, y a mí de siempre se me ha dado bien el dibujo y la pintura. Es algo que me apasiona desde que tengo uso de razón. Y en mi familia hay antecedentes así que parece que la genética tiene mucho que ver... Qué bonito habría sido enseñarte. Verte dibujar. Verte crear. Qué emoción... qué fuerte.
Cuánto habríamos jugado... a todo... a juegos de bebé, a juegos de habilidad, a juegos mentales, a juegos de tablero, a juegos de piscina, a juegos de playa... a juegos de muñecas, a juegos de cocina, a juegos de consola, a juegos de ordenador, a juegos de parque, a juegos de viajes, a juegos de deportes...
Habríamos compartido horas de buen cine, horas de buenos libros, horas y horas de buena música... habrías alargado mi vida, mi juventud, mi felicidad...
Ver en sus ojos la inmensa felicidad al verte, al quererte, al cuidarte, al darte su mano, al abrigarte, al alimentarte, al mimarte, al quererte... ver en sus ojos esa inmensa alegría, habría dado a mi vida la solución que todo hombre busca a su existencia.
Verte crecer habría sido como estar en el cielo. Guiarte, aconsejarte, inculcarte bondad, respeto, cariño, alegría, enseñarte a valorar la amistad de verdad, a cuidarla. Enseñarte a pensar en los demás sin dejar de pensar en ti mismo. Enseñarte a quererte sin pasarte. Enseñarte a aprender constantemente. Enseñarte a ser humilde, a no desfallecer, a luchar por tus objetivos, a tener fuerza de voluntad, a ser constante, a ser trabajador, a ser serio sin perder la sonrisa...
Ayudarte en tus momentos malos, estar siempre ahí, en la sombra, hacerte saber que siempre estaríamos ahí.
Estar en tus días especiales... tu primer día de cole, tu primera decepción, tu primer susto, tu primer accidente, tu primera cita, tu primera fiesta, tus cumpleaños, tus navidades, tus reyes... tus cabalgatas...
Enseñarte a pensar por ti mismo, enseñarte a ser una buena persona. Enseñarte a no dejarte llevar por nadie, sino a forjar tu propio destino.
Aprender de ti, todo lo nuevo que tu vida encuentre y que yo no comprenda, todo lo que los años traigan a tu mente fresca y que mi mente cansada no entienda.
Admirar tu inteligencia, admirar en ti el encanto de ella, su dulzura, su alegría, esa chispa.
Ayudarte en todo, sin estorbarte, sin entrometerme, sin molestarte, y sin fallarte ni una sola vez.
Enseñarte a amar, a ser amado. Enseñarte a entregarte sin abandonarte...
Enseñarte a no cometer los errores que yo he cometido... que pesan tanto... que duelen tanto...
tanto...
Enseñarte a tener una vida que te permita mirarte al espejo, y sentirte bien contigo mismo, que te permita no estar solo, que te permita tener el cariño de quien tu quieras.
Enseñarte a vivir.
Y luego... partir de tu lado orgulloso de ti... orgulloso de mí.
Mi mente es incapaz de concentrarse en nada excepto en ella.
Mi mundo podría derrumbarse bajo mis pies y no podría reaccionar.
Me pesa la sonrisa.
Me cuesta.
Alegría dormida.
Niebla, frío, humedad, silencio.
Se anuncia buen tiempo, pero no llega. Nunca llega.
Pies fríos, heridos, entumecidos.
Me siento en el borde del camino.
Tiemblo.
Contemplo el camino ante mí y me estremezco.
Respiro.
Hundo mi mirada entre mis piernas, sobre mis manos.
Sueño... sueño con el día en que esto acabe... sueño con el día en que todo sea pasado... sueño con el día en que ya no haya más lucha... sueño con el día en que ella regrese... sueño con ese día y me pregunto cuándo llegará... qué nos quedará después... qué habremos dejado atrás... qué habremos hecho con nuestra vida... qué podríamos haber hecho si...
si...
si...
Envidio a tanta gente... tanta gente que me rodea a diario... todos estos compañeros que ahora están junto a mí, que me hablan, que se cruzan conmigo por los pasillos... que tienen en su mesa la foto de sus hijos... que quedan, que salen, que entran, que viven... tanta envidia...
Para ellos volver a casa no es una incógnita...
Para ellos hacer planes está en sus manos...
Para ellos no retumban gritos y gestos en la cabeza...
Para ellos la vida es más normalita...
Espero que lo merezcan...
Los habrá peor que yo, claro que sí... pero los otros son mayoría... para qué todo esto, para qué tanto esfuerzo, para qué tanto tiempo, para qué tanta vida...
Lo llena todo de color, de luz, de brillo, hace que todo resplandezca.
Llega anticipando la primavera, mi primavera, nuestra primavera.
Llega calentando las cumbres nevadas que amenazaban derrumbarse sobre mi camino, impidiendome avanzar. Llega convirtiendo aquel peligro en un dulce rumor de riachuelos y cascadas, que adornan mi camino y refrescan mi mente, agotada por la lucha.
¿Sabéis esa sensación cuando un día frío encuentras un rincón donde pega el sol, y te calienta la espalda? Es tan agradable...
Este nuevo sol no viene solo. También trae una brisa suave... brisa de playa, brisa del océano, brisa salada... mecida con las olas de mi Cádiz... que me saludan cuando paseo junto a ellas.
Esa brisa refresca el sudor de mi frente... después de tantas batallas, de tantas caidas, de tantos obstáculos... lo refresca y lo seca... se cuela por mi camisa y refresca mi piel.
¿Sabéis esa sensación cuando un día de fuerte calor alcanzas la costa y sientes esa brisa suave y fresca, ese olor a mar, a calma, a paz? Es tan agradable...
En los últimos días el camino se ha enderezado. Veo menos baches. Veo menos curvas. Veo menos piedras. El camino se endereza entre praderas verdes, que huelen a hierba fresca recién cortada. Este nuevo sol me acompaña y esta brisa alivia mi caminar. Este caminar que a ratos era cansado, casi arrastrando los pies... fatigado... ahora es un caminar alegre, despreocupado, decidido, animado, a ratos saltarín.
Ese sol se llama "ESPERANZA".
Esa brisa se llama "ILUSION".
Casi no los recordaba... estaban ahí claro, en el fondo de mi corazón... pero ahora han florecido... la primavera del amor ha vuelto a mí, y todo en mí está rompiendo en flor.
Porque ella está avanzando. Porque ella da los pasos. Porque ella deja que la cuide. Porque cojo las riendas de mi vida. Porque ella lo está viendo. Porque yo no quiero disimularlo. Porque es solo cuestión de tiempo.
Y en este camino no voy solo. Me acompaña una brujita, me acompañan varios ángeles, unos de lejos, bellos, nobles, otros de cerca. De hecho voy de la mano de uno de ellos. Uno curtido en mil batallas, y se nota... ya lo creo que se nota. Qué suerte tengo. Algunos partieron, pero me siguen a baja altura... También me acompaña una reina, cuya voz ya no se oye, pero que dejó huella y me acompaña. También me acompaña un diablillo de corazón noble y dulce, que alegra mi caminar. También me acompaña un lobo, a distancia, vigilante. También me acompaña una elfita, mágica, alegre, siempre atenta. Me acompañan otros seres, a ninguno llamé, pero todos me siguen. Con unos charlo de lo divino y de lo humano. Con otros solo de lo divino, y con otros solo de lo humano. Pero de todos aprendo a poner cada paso firme en el camino y seguir adelante.
A todos los tristes, solitarios, apenados, deprimidos, desamados... sabed que la vida es MARAVILLOSA. Sabed que todos somos imanes, y que atraemos aquello que sentimos. Si sentimos negatividad, nada parecerá salir bien. Si sentimos positividad, alegría, esperanza, energía, todo se nos pondrá de cara, de las formas más insospechadas, pero así será.
Esto es lo que me ha enseñado la vida. Y eso es lo que os cuento. No, no he leido "El secreto"... lo digo en serio. A mí me viene pasando hace muchos años.
Qué bonito es aprender... con cada paso. Cada día. Es ilusionante...
Un milagro. El más cotidiano y el más ignorado. El más impresionante. El más ilusionante.
Una nueva prueba de la existencia del amor.
Irrefutable.
12 semanas.
Un regalo del cielo. Un premio merecido. Una energía poderosa se está formando. Una potente luz, llamada a iluminar a su alrededor, recogiendo el testigo de su madre.
Con alegría, con bondad, con cariño, con respeto, con sabiduría, con amor.
Fuerte. Firme. Paciente. Alegre.
12 semanas.
Las mismas que los demás venimos viviendo en nuestras vidas... las fiestas, los reyes, las rebajas, el trabajo, los problemas, el tráfico, las noticias, la radio, el supermercado, la familia, la crisis, la música, el descanso, las preocupaciones, las discusiones, las risas y las lágrimas...
Mientras ella sigue ahí... acumulando vida, energía, luz. Calladamente, discretamente, milagrosamente.
Bendito sea el vientre de la mujer, capaz de obrar semejante maravilla.
12 semanas.
Se mueve, brinca, se agita. Energía pura. Vida pura. Deseando romper moldes, salirse de la tabla, brillar con luz propia.
Es ella. Es otra. Es bendecida por el mismo don, si Dios quiere.
12 semanas.
Yo siendo testigo. Maravilla de premio me ha dado la vida. La misma vida que me niega esa dicha. La misma. Me compensa en parte con ser testigo de esas 12 semanas, y las que vendrán.
Me abruma, me marea, me empacha de una alegría que me ahoga la garganta y me impide gritar como querría, romper en una escandalosa carcajada de emoción y felicidad.
12 semanas.
Las mismas en las que mi vida pasa a estar poco a poco bajo mi control. Tantos ángeles a mi alrededor no pueden traer nada malo.
Las mismas en las que la vida de algunos de esos ángeles también se enderezan y encuentran la luz.
¿Es casualidad?.
12 semanas.
Casi las mismas que una alegría pequeñaja corretea por mi casa, entre mis piernas, masticando mis dedos y loco de alegría cuando me ve, durmiendo protegido en mi regazo, tranquilo, seguro, en paz.
12 semanas.
Las mismas en las que la luz de mi vida atiende mi grito de desesperación. Las mismas en las que la luz de mi vida escucha el grito de mi corazón, un grito de amor desgarrado, desesperado, urgente, castigado, necesitado de vida y de avance, de ayudarla, de recuperar nuestra felicidad, la que merece nuestro amor.
¿Qué es la vida si no se tiene un objetivo? Al menos uno. Pero hay que tenerlo claro... si no, no se tiene nada.
Yo tengo uno clarísimo...
Ellos te criaron con una venda negra alrededor de tu dulce mirada. La vida te añadió tela de pana negra sobre tus ojos, y se encargó de que sintieras sus latigazos sin saber de dónde venían... eso te dejó herida, y asustada. Destrozó tus sueños más bellos, y algunos de los míos...
Los años van cayendo... rápida e implacablemente. Y aunque a veces tu mirada alcanza a percibir luz, aun te invade la sombra mucho más de lo que tu naturaleza alegre, como la tierra que te vio nacer, se merece.
Ha querido la vida que caminemos juntos unidos por un amor más inmenso que lo profundo del universo.
Ha querido la vida que lo hagamos sin hablar con nadie bajito correteando alrededor.
Ha querido la vida que solo nos tengamos el uno al otro, y podamos contar nuestras canas a medida que van saliendo, nuestras arrugas a medida que se van haciendo un sitio en nuestra piel.
Ha querido la vida que mi vida gire en torno a la tuya.
Ha querido la vida que mi vida merezca la pena si consigo derribar ese velo negro que rodea tu mirada, si consigo que la luz vuelva a tu vida, si consigo que la sonrisa venza a la ira, que la alegría venza a la pena, que la confianza venza al miedo, y que el amor impregne de bondad tus pensamientos.
Aunque tenga que invertir todo mi tiempo, el que se me ha dado, en esa tarea.
Ya lo hago con descaro y te lo digo a veces a la cara: es mi batalla, es mi reto, es mi victoria anunciada, es mi decisión inamovible.
Si lo consigo, toda mi vida habrá tenido sentido, habrá merecido la pena.