Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Mi dedo es su juguete. Lo mordisquea, lo agarra, lo persigue, se esconde de él...
Mi ropa es su abrigo. La busca, se acurruca, se duerme, la mordisquea...
Mi voz es su guía. La escucha, me atiende, la ignora cuando le conviene... pero la conoce.
Mi cariño es su alegría. Lo siente. Lo nota. Lo agradece. Lo corresponde...
Su presencia es como tener en casa a Campanilla. Es un milagro de la naturaleza. Verlo correr toooodo el tiempo, se levanta y quiere jugar, se acuesta pero quiere jugar, se le riñe pero quiere jugar, se le cansa y... se le cansa y cae rendido en su cunita.
A veces se me queda mirando. En mi regazo, echado sobre mi antebrazo, de repente me levanta la carita de bebé que tiene y me mira fíjamente, oliendome, observandome.
El tiempo pasará deprisa, como siempre hace. Y crecerás rápido, más de lo que yo quisiera. Pero...
Mi cabezón... allá donde estés... ¿has tenido algo que ver? Yo me huelo que sí... no es normal que pueda pasar de una maravilla como tú fuiste a otra como esta por casualidad. No es normal.
Como siempre... sigues siendo el más grande pequeño perrito que ha existido nunca. Joder, qué ambiente más bonito tiene que haber allá arriba.
¿Sabes? Le he hablado de ti. Frente a tu foto. Le dije... "mira, ves a ese que nos mira? -él te olía-... lo ves? ese es el rey de esta casa, y siempre lo será... y tú eres el príncipe... y quien sabe, quizá un día serás coronado... vas por buen camino pequeñín... vas por buen camino."
Te echamos de menos mi cabezón. Pero como podrás ver cada día... estamos contentos, como a ti te gusta.
Este fin de semana ha sido especial. Muy especial.
Tras un largo viaje en coche, atravesando varias provincias e incluso saliendo de Andalucía, conduciendo de noche, bajo la lluvia intensa, la ventisca... toda una aventura... tras todo ello...
ha salido el sol en casa.
Es un sol muy pequeñito. Es un sol de juguete. Es un bizcochito bañado en chocolate. Es un peluche. Es un muñeco. Es un bocadito de alegría. Es una chispa de vida. Es un chute de felicidad. Es un corazón nuevo, necesitado de amor y cariño. Y nosotros tenemos taaaanto tanto tanto...
Mi mujer ha sonreido de oreja a oreja, de pura alegría, de honda felicidad.
La he oido decir casi a carcajadas "qué contenta estoy dios mío, qué contenta estoy", o también "qué alegría cariño, qué alegría".
Alegre.
La alegría es su naturaleza, corre por sus venas. Lo ha mamado de la tierra que la vio nacer. Y es una de las cosas que engancharon mi corazón al suyo para siempre.
Hoy me acostaré en paz, tranquilo, satisfecho.
Nuestro nuevo perrito es un motivo de alegría inmenso. Hemos acertado, es un auténtico regalo del cielo, aún no me explico como no me lo he comido, porque es un dulce imposible de describir aquí.
Mi mujer se ha llevado una tremendísima alegría.
Pero para mí, una y una, son dos alegrías.
Contemplar ante mí a ese corazón diminuto, nuevo, puro, noble, alegre, juguetón... y a su lado al corazón donde habita el mío propio... y recibir de ambos una inmensa sonrisa...
Doble alegría... brindo encantado por ti. Sé bienvenida. Quédate el tiempo que quieras, al fin y al cabo, estás en tu casa.
Siempre he pensado que el ser humano es maravilloso. En alguno de mis artículos lo he puesto. Luego la vida nos estropea, aunque a unos más que a otros. Pero todos terminamos siendo peores personas que como venimos a este mundo. Todos.
A veces por nuestros propios defectos, a veces por los palos que la propia vida no da, a veces por culpa de otros seres humanos que nos hacen mucho daño... a veces es una mezcla de todo.
Los seres humanos más admirables, o eso pienso yo, son aquellos que a pesar de haber recibido palos, a pesar de haber pasado por auténticos infiernos en la vida, son capaces de mantener su integridad humana, son capaces de no perder el rumbo, de seguir guiando sus pasos por la bondad, el cariño, la ternura, la alegría, la amistad, la lealtad, la confianza.
Se aprende de mala manera que para confiar hay que andar con cuidado, pero a veces uno se arriesga y acierta. Cuando en la vida tu camino se cruza con el de un ser humano de estos, de estos tan admirables, hasta el mas noble de los animales tiene que inclinar su cabeza y rendir todas sus armas en honor a tan bella alma.
Este retorcido medio que he encontrado para buscarme a mí mismo en los sótanos de mi conciencia y de mis principios, me ha dado un regalo absolutamente inabarcable, imposible de agradecer suficiente con meras e insulsas palabras. Ya tenía una suerte inmensa por toda la gente bonita, en todos los sentidos, que me viene acompañando en este camino...
Pero tú... tú...
Lo tuyo es aparte. Es otra dimensión. Se sale de la tabla. Lo tuyo es digno del más duradero de los tributos. Si tuviera que imaginar un monumento que la Humanidad tuviera que rendir al alma humana, propondría tu rostro. Porque además, es hermoso.
No sabía cuán cierto era aquello de "La cara es el espejo del alma" hasta que te he conocido.
Sentir tu cariño, tu confianza... para mí es un auténtico y sobrecogedor honor. Un HONOR, un auténtico premio. Un auténtico mensaje divino que me alienta a seguir siendo como soy, si esto me lleva a seres humanos como tú.
Sabes que mi corazón tiene dueña. Pero ¿sabes? Es precioso comprobar con esta rotundidad incontestable que en el mundo hay más corazones merecedores de tanto amor.
El otro día, bajo la lluvia, tuvimos que apretar el paso unos metros. Apenas fueron cien metros, quizá menos. Yo no llegué a correr, pero ella, con el paso un poco más corto, dio pequeñas carreritas que alternaba con paso rápido caminando. Yo la seguía a paso ligero. La lluvia arreciaba un poco y tuvimos que resguardarnos bajo un balcón.
Le faltaba el aire. No podía seguir, casi no tenía aliento. Tardó un poco en poder hablar. Tuve que asegurarme de la normalidad de mi aliento para darme cuenta de la señal de alarma. Ojalá me hubiera faltado a mí también... ojalá.
La radioterapia le dejó, hace muchos años, una lesión pulmonar.
Qué sencilla anécdota fue suficiente para recordarme aquellos momentos.
Qué momento tan inesperado para sentir terror, para sentir como el más puro, inevitable e insoportable horror se apoderaba de mi cabeza, de mi pulso, de mis piernas, de mi estómago, de mi pecho, de mi corazón.
Qué poco hizo falta para palidecer ante una visión tan aterradora... que Dios quiera que tarde mucho mucho mucho en llegar... y quiera Dios que si tiene que ser así, sea tras una larga y FELIZ vida juntos, donde ella haya podido vivir todas las alegrías que compensen las muchas penas que ha sufrido hasta hoy.
Me costó mucho trabajo contener las lágrimas de puro pánico. Tuve que suspirar hondo varias veces.
El resto del camino hasta el coche fuimos andando, despacio, mi brazo sobre sus hombros, pegada a mí, bajo la lluvia. Su aliento era mucho más importante que todo el agua que quisiera caernos encima.
Cada uno de sus alientos son mi vida. Y no quiero que falte nunca.
Qué extraña es la vida. Y cuánto merece la pena vivirla. A pesar del sufrimiento... todo se borra con una sola gota del antídoto más poderoso jamás conocido: el amor.
El camino que hemos emprendido juntos es el correcto... me lo dice el aire que respiro y me envuelve. Lo siento muy fuerte. Es el camino. Soy feliz de verla cada día decidida a seguir de mi mano, recobrando esa confianza... cuidando este cariño... reencontrandonos, reencontrando ese cariño que se había extraviado.
Pero... ¿dónde estaba ese cariño?
Mi mente me da ideas... alguna susurrada por mi corazón, con la voz rota aún por el dolor, y el ánimo alimentado por la esperanza.
Me dirijo ahora a ti, donde quiera que estés. El viento me susurra que pusimos todo nuestro cariño en ti... lo necesitabas para seguir viviendo. Y te lo dimos con orgullo. El viento me susurra que tu partida nos ha devuelto ese cariño multiplicado por mil... tu pequeño y fuerte corazón lo recibió, lo usó para tener una vida inmensamente feliz, larga, completa. Y lo cultivó.
Tu nobleza, mucho más grande que un planeta, nos ha dejado tu hermosa herencia, intangible, impagable. Todo el cariño que pusimos en tu corazón nos ha sido derramado con tu último aliento... corregido y aumentado.
No puedo probar esto. Es muy discutible. Pero es bonito. A mí me parece bonito. Me parece que te mereces que rinda homenaje a tu nobleza y tu cariño, y al mismo tiempo al cuidado y cariño que pusimos en ti. Y al mismo tiempo me gusta pensar que el hecho de que nuestro camino se haya enderezado estos dias, justo cuando te has ido, no es casualidad.