Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Como algunas de vosotras ya sabéis, me va a mí esto de meterme en un charco de los buenos... y lo que voy a contaros a continuación es como cuando Jesulín se encerró en una plaza de toros llena de mujeres y solo mujeres.
Vamos a ver, queridas mías.
Qué os pasa a las mujeres con las compras, a ver. Porque yo es que alucino y no lo termino de entender.
Cuando paso por delante de una joyería, o de un mostrador de joyas, de la marca que sea, me da igual, pues como mucho miro, y sí, mucho brillo (tanto como luces), y todo muy mono puesto, pero... ¿y qué? son PIEDRAS. Algunas muy bien trabajadas y todo eso, pero PIEDRAS. PIE-DRAS. Lo de llamar a algunas piedras preciosas es solo para justificar lo que cobran y para que el tío que lleva todo esto duerma con la conciencia tranquila. PIE-DRAS. Las hay con forma de un osito cutre, otras con formas varias para ir metiendolas en una pulsera que es lo menos caro que tienen... (pedazo de negocio, eso hay que reconocerlo), pero... piedras, queridas mías, son piedras.
Pero es que las mujeres... es curiosísimo observaros en esos momentos... los ojos como platos... os quedáis como hipnotizadas... y lo que ya es para estudiarlo a fondo es "el procedimiento estándar para probarse un anilo o una pulsera". Es para observarlo detenidamente. A ver:
1. cójase el anillo o la pulsera en cuestión y colóquese en la mano deseada. 2. incline la cabeza sucesivas veces a un lado y al otro en coordinación con el brazo para poder apreciar los brillos más rebuscados con el menor número de gestos posible. 3. haga girar la pulsera en la muñeca con un leve giro de brazo, o estire y recoja los dedos para que el anillo tenga más movilidad y por tanto más brillo. 4. busque la opinión de la chica que se lo quiere vender (¡¡¡ pero qué os va a decir !!!) y si hay otra cliente cerca, lo mismo. 5. si le acompaña un hombre, hágale la pregunta estándar "¿a que es mono?" que el hombre, si sabe lo que le conviene, contestará con la respuesta estandar: "mucho". 6. pregúntese a la vendedora por el precio del artículo, aunque venga perfectamente etiquetado y esté bien visible. 7. repítanse los pasos 2 a 6 sucesivas veces, hasta que se detecte en el tono del varón acompañante un cansancio, hartura, y desesperación tan profundas que prefiera pagar lo que sea con tal de salir de ese bucle. 8. Diríjase a la señorita que le atienda con una sonrisa suave y un estándar "me lo voy a llevar".
Está demostrado generación tras generación que ese procedimiento funciona en un alto número de intentos, por lo que se repite una y otra vez.
Pero dejemos eso, y miremos las figuritas de adorno. Sí, las figuritas... por ejemplo las de cristal. Pero vamos a ver, ¿no va a brillar? es cristal tallado precisamente para buscar todos los reflejos que pueda!!. Pero es CRISTAL. CRIS-TAL. No es nada más que eso: CRIS-TAL. Sin embargo os quedáis maravilladas... y si encima es cristal de colores entonces yaaaaa... vamos... al borde del orgasmo... De nada sirve comentarios como "a mí me dan el material adecuado y lo hago mejor"... es más, ese comentario suele pasar factura poco después de la forma más insospechada.
Pero en fin.
Ya tenemos por ahora piedras y cristal. Que digo yo que una piedra de la calle y un vaso de los que tenemos en casa ya valen no?.
Y los zapatos? pero qué pasa con los zapatos por Dios? nunca son suficientes??? pero cuántos pies tenéis??? tenéis alguno escondido y no nos hemos enterado???? por favor... que un hombre se avía con tres pares de zapatos y gracias... ¿por qué ley divina una mujer NECESITA tanto zapato??? ¡¡¡si no da tiempo de ponerselos todos!!!
Toootal, queridas mías... que con todo esto hace ya un tiempo que vengo yo rumiando una teoría sobre el origen de la crisis esta... sí. Y no me parece nada descabellada eh?...
Porque a ver, sed sinceras: cuando una mujer quiere comprarse algo, y dice: "solo eso, de verdad"... jeje... solo eso dice... jejejeje... solo dice... jejejejejejeje... cuando una mujer dice eso cualquier hombre medianamente informado se le descompone el vientre como mínimo... porque deberían saltar todas las alarmas del mundo al unísono.
Y precísamente eso es lo que ha debido pasar hace pocos años... seguramente en Wall Street se paseó una buena mañana cualquiera una mujer y soltó en medio de todos los broker aquellos que no paran de gritar y hacer señas... dijo... así bajito... sin despeinarse (por dios, con lo que cuesta la peluquería)... dijo... "voy a comprar solo eso... de verdad"...
Estoy seguro de que el pánico más infrahumano se apoderó de aquellos angelitos agentes de bolsa en un nanosegundo, y todo el mundo empezó a vender lo que tenía para intentar no perderlo todo... y claro, con todo el mundo vendiendo, nadie compraba, y se lió. El mercado colapsado, el dinero que no fluye... luego se enteraron en Londres, luego los japoneses,... y lo uno trajo lo otro y de aquellos fangos, estos lodos.
Pero seguramente esa simple frase fue suficiente... "solo eso, de verdad". El "de verdad" es demoledor... yo he experimentado ese miedo ancestral en la misma médula espinal cuando he oido esas palabras. No concibo un miedo mayor ni más profundo.
Y encima ahora, que, por si no os habéis dado cuenta, ya estamos en Navidad. Que no? aaaaanda que no... el ambiente que hay ahora es mucho más navideño que el que veréis en la recta final de diciembre. Y si no atentas.
Que si el mismo árbol de siempre, pero con caspa. Que si los mismos muñecos, con otra ropa. Que si las mismas bolas, con un color más raro y feo si cabe. Que si purpurina dorada por aquí, purpurina plateada por allá, purpurina azul, roja, morada... Bombillas cada vez más ortopédicas, que yo creo que quedan mal hasta en un camión trailer de esos... eeeeeeeen fin. Ahora, eso sí, me compadezco de los pobres trabajadores de esos centros comerciales que tienen que aguantar durante dos meses todos los días de sol a sol la dichosa musiquita navideña del muñequito tal, o de las luces pascual... Me imagino su casa en Navidad... ¡¡¡ NI UN PUTO ADORNO !!! y una escopeta recortada debidamente preparada por si asoma alguno por la puerta.
No quiero terminar este "post suicida" sin volver a otro evento especialmente curioso que he mencionado antes de pasada. La pelu.
LA PELU.
AYYYY LA PELU.
Pero vamos a ver... ¿¿¿¿hay algo más antierótico y cortapunto que una cabeza femenina cubierta de una especie de nocilla caducada y con trozos de papel albal por todas partes???? Esa imagen puede traumatizar a un hombre de por vida por el amor de Dios... eso no se hace joder... y venga pelo pallá, y venga pinza, y venga aire... y venga potingue... y venga calor...
Cooooño... un cepillo de toda la vida y a cepillarse por las mañanas con el pelito limpio y aireeeeeeeeeeeeee... jodeeeeeeeeeeeeeer... qué manía con la pelu de los cojons.... y lo peooooooooorrrrrr... que luego te cuelan un sablazo que te deja temblando varios días... ¡¡ y cuidado con no soltar varias veces algún tipo de "oh qué guapa", y cosas así !! ¡¡¡ OJITO !!!.
En fin queridas mías... que podría seguir y lo mismo lo hago otro día... el maravilloso y curioso tema de la compras... relacionado o no con las mujeres, pero en cualquier caso apasionante... un día de estos os hablaré del timo del pan de molde. Nos roban, y tan contentos oiga!!.
Bueno. Por ahora ya vale.
Cuando estéis decidiendo qué cuchillo tirarme, recordad que os quiero mucho vale?
Es curioso cuántos sentimientos caben en un fin de semana. Y si encima le damos un día de prórroga, entonces ya ni os cuento.
"En el capítulo anterior..." pudisteis leer mi preocupación por lo que tenía toda la pinta que sería un gran paso atrás, una claudicación en toda regla, disfrazada de todo tipo de buenos deseos y nobles propósitos, pero claudicación a fin de cuentas ante el orgullo y la soberbia. En mi horizonte solo creía adivinar la tensión, los puyazos, los llantos y las decepciones sobre heridas no cerradas que solo iban a provocar más dolor, más depresión, más lágrimas y más desesperación.
Pero debe ser que en ocasiones como esta en que uno juega a pitoniso, el destino se levanta y nos recuerda que es caprichoso, como un niño pequeño. Que puede ser hasta bondadoso, como un niño pequeño. Y que puede ser sorprendente, como un niño pequeño.
Y finalmente, ese fin de semana que se me presentaba de un color negro profundo, insondable... terminó siendo... una especie de exposición de sentimientos. Ha sido como visitar una galería de arte, donde los cuadros eran distintos sentimientos. Y como ocurre con las obras de arte que realmente lo son, sacuden el alma de quien las contempla de distinta manera, idealmente de la menera que busca el artista. En este caso, el artista ha sido el destino, y el alma zaranteada ha sido la mía.
El primer cuadro que vi en la galería, en la que entré pensando que era un túnel, era una mezcla del Guernica de Picasso y las Meninas de Velázquez. En ese primer cuadro se daban la mano la tensión y el dolor contenidos, y la superficialidad más forzada, donde todas las figuras miran al espectador como mirándose en el espejo, como mirándose a sí mismas, a su propia opulencia. Hasta había un perro. Tras ese cuadro me quedó una mezcla extraña de sensaciones: había un poco de rabia, un poco de alivio, un poco de pena. Ella venía a mi lado y sentía algo parecido, pero en su caso la rabia era mayor, y salió de aquel cuadro muy descolocada y desconcertada. No se lo esperaba. Ella esperaba ver un Guernica mezclado con un Fusilamiento del 2 de Mayo, de Goya. Pero no. Ese aire de Meninas la dejó, nos dejó, descolocados por completo.
El siguiente cuadro fue la sorpresa del fin de semana. Y además fue un cuadro que ambos presenciamos con sentimientos seguro muy diferentes. Ella lo contempló como algo práctico, vacío, incluso con algo de tensión. Yo lo contemplé con una callada alegría, que por momentos estuvo cerca de romper en lágrimas. Porque en aquel cuadro aparecía mi padre, aparecía mi madre, apareció brevemente mi hermana... y apareció también mi sobrina, que me recordaba y estuvo enseñandome juguetes... entre ellos, qué cosas, un león. En cuanto lo vi, claro está, me acordé de vosotras cinco. Aquel cuadro no lo esperaba en absoluto, y creedme si os digo, que me dejó una sonrisa pintada en el alma que todavía me dura mientras escribo esto.
Después de aquellos cuadros tan imprevistos, la galería daba paso a un patio de descanso. En el centro del patio una fuente cuyo sonido relajaba al visitante y refrescaba el paseo. Aquella sala no la esperaba tampoco, ahí, en medio del fin de semana. Esperaba que en ese punto el dolor fuera el protagonista, pero no, lo fue el murmuro del agua fresca y el eco de aquel patio.
Después de aquel sorprendente descanso, la galería doblaba una esquina para enfilar un pasillo muy iluminado, con muchos cuadros, pero muy repetidos. Las tiendas, los adornos navideños, la gente parandonos para recrearse en el perrito... y él dejándose querer, claro está. Lo mejor de aquel pasillo fue que transcurrió sin pena. A estas alturas de fin de semana yo estaba convencido que todo serían penas. Pero no. Nada de eso. Al contrario... ese último tramo estuvo impregnado todo el tiempo con el mejor aroma posible: el amor.
Y con esta borrachera de sorpresas, regresé a la rutina del trabajo diario, donde mis ángeles esperaban preocupadas por este león que salió a la selva esperando una cacería, y se encontró con un paseo por una tranquila y pacífica sabana, llena de vida, y con el mejor final que podía pensar.
Pasando la resaca me encuentro hoy, pensando egoístamente si no hubiera sido mejor, tal vez, enfrentarse a la cacería. Lo malo es que no se presentaron los cazadores, sino los turistas.
Porque cuando pasen las horas y los días, el escenario no habrá empeorado apenas, no... pero tampoco habrá mejorado.
Llevo desde el martes buscando la fórmula. Esa llave que me permita convencerla para que se replantee la idea que tiene en mente desde que habló con vosotros el lunes. Pero en este momento tengo que hacerme a la idea: lo más probable es que no lo consiga.
Lo más probable es que mañana sábado volvamos a entrar en vuestra casa, volvamos a veros las caras y volvamos a sentarnos con vosotros.
Lo más probable es que yo lleve un nudo en el estómago y los nervios bien sujetos y bien tensos. Con mil argumentos haciendo cola en mi garganta. Con toda mi atención en sus reacciones, en sus sentimientos, en su dolor.
Porque lo más probable es que lo resucitéis, lo reaniméis, lo reactivéis. Un dolor que ha estado llorando todos estos meses, año y medio... un dolor que muy lentamente ha ido amainando, como las tormentas... dejando charcos, árboles rotos, sótanos inundados, fango y hojarasca por todas partes. Frío y humedad.
Y ahora me enfrento a la certeza de que mañana sábado, todo eso volverá a empezar.
Lo más probable es que mañana no oigamos nada nuevo. Lo de siempre. Reproches y más reproches hacia vuestra hija y hacia mí. Cuando vayáis contra mí me preocupa estar a la altura. A ver si me explico: sé que estaré a la altura, porque para dejaros callados solo tengo que responder a vuestros reproches con una letra levemente sostenida:
- ¿¿¿... YYYYY ????
Y cuando me miréis con cara de "ehn?", solo tendré que añadir: "¿¿¿¿¿¿estáis diciendo que por eso habéis dejado de hablar con vuestra hija durante un año y medio??????"...
Y cuando el silencio os pinte la cara de rojo, sin esfuerzo alguno me saldrá por esta boca: "y encima lo que decís sobre mí es pura invención... ¿qué pretendéis? ¿qué buscáis?... Olvidaros de mí, y no le robéis más a vuestra hija el cariño que necesita y que se merece".
Y cuando diga todo esto, que para mí es estar a la altura, me preocupa la reacción que tendrán, y el daño que esta reacción provocará en ella.
Y a todo esto habrá que añadirle el dolor que le provocará presenciar o vuestro encabezonamiento con los reproches desde el ventilador, sin rastro de autocrítica ni arrepentimiento, o vuestra falsedad como si nada hubiera pasado y quitandole hierro a todo... claro... qué fácil... qué cómodo...
Es como el marido que maltrata a su esposa a palizas durante años y un buen día le dice... "mira, cariño, que hemos tenido nuestros más y nuestros menos pero total, vamos a dejarlo pasar vale? venga, sin rencores".
Y mañana sábado, de vuelta a casa, llorará de rabia, de impotencia, y de tristeza. Y recordaré este escrito. Y masticaré docenas de "lo sabía". Y de nuevo será mi hombro. Y de nuevo mis lágrimas caerán hacia dentro, inundando mi corazón. Encharcando mi alma. Llenando de humedad los sótanos de mi conciencia. Y la riada se nos llevará por delante más tiempo que nos pertenecía, más tiempo que nadie nos devolverá.
Y el martes... volveremos al trabajo. Y todo volverá a empezar.
Ayer hice una cuenta. Pongamos que el sábado vivimos unas 14 horas despiertos. Otras tantas el domingo. Y el viernes, saliendo de trabajar a media tarde, pongamos otras... diez horas?.
En total me salen 38 horas. 38 horas para vivir un fin de semana.
Me encantaría contaros que viví estas 38 horas a tope, con alegría, sin gritos, sin insultos, sin llantos, sin silencios eternos cargados de tensión, sin miradas huidizas, sin nervios a flor de piel, sin conversaciones repetidas una y mil veces... me encantaría contaros que fue un fin de semana estupendo, divertido, descansado y animado, donde hice muchas cosas que hace tiempo quería hacer, que disfrutamos...
Me encantaría, de verdad, creedme.
Me encantaría.
Pero no puedo.
Haciendo otra cuenta rápida, calculo que de esas 38 horas... las horas que hubo algo de tranquilidad, sonrisas y tequieros, serían unas... diez... no más. Quizá doce.
Doce horas de treinta y ocho.
Y las otras veintiseis? aquellas veintiséis horas de silencios, cabezas vueltas, gritos, nervios, insultos, algún golpe... qué pasa con aquellas horas? ¿alguien me podrá devolver alguna vez aquellas veintiséis horas?
No.
Jodido eh?.
Afortunadamente ya pasó... por mucha práctica que tenga siempre es muy duro, muy difícil, cada vez la tensión es más tensa, cada vez los nervios son más nervios, cada vez los gritos ahogan más al retenerlos en la garganta, cada vez el pulso se acelera más al no poder dar el manotazo en la puerta. Cada vez duele más. En todo el rato tengo la certeza de que pasará. Y no tardará mucho. Esta vez el problema ha sido la frecuencia y la cantidad, no la duración...
Je! Ojalá estuviera hablando de sexo.
Pero no.
Anoche otro amago. Controlado... sujetando las riendas con cuidado... hasta que esta mañana las aguas de nuevo calmadas...
Me siento como si andara por una cuerda, sin red, que atraviesa un barranco profundo. Y a veces sopla un viento racheado que hace que todo se balancee demasiado... y me da miedo caerme.
Sé que tengo que cruzar esa cuerda. Pero cada paso que doy, siento que me la juego.
Hoy es uno de esos días en que lo que me pide el cuerpo es mandarlo todo directamente al carajo. Pero sin ningún tipo de amargura, sofocación, ni griterío. Con suma tranquilidad, hasta lleno de paz diría yo, diría en un tono casi plano: "al carajo todo". Y acto seguido, lo mandaría todo.
Esta sensación de ser un bicho raro por tener la cabeza en mi sitio, los pies en el suelo, y unos principios profesionales y personales que no digo que sean perfectos, pero desde luego bien intencionados sí, y mucho... empieza a tocarme las pelotas de una forma considerablemente molesta. Como siga la cosa así me veo andando con las piernas separadas meciéndome de un lado a otro para no aumentar la hinchazón por rozamiento.
Vida personal y vida profesional. En estos tiempos todos estamos obsesionados con estos conceptos... vida personal y vida profesional.
Cuando la vida personal hace aguas, y no solo por lo que significa esa expresión, sino porque vivir durante años cada semana más de cuatro episodios de amargura, dolor, pena, llanto y sufrimiento en el ser que más quieres, y alguno de ira y furia, se hace muy muy duro. Rara es la semana que no aparece alguno de los dos.
Cuando la vida profesional te da puñaladas traperas, negandote el reconocimiento que te da quien no te paga, y construyendo desde la rumorología una imagen de ti demoledora y vergonzosamente falsa... pues uno se acuerda de la Campanario... la verdad.
Cuando una de las dos flaquea, siempre está la otra para refugiarse y apoyarse. Cuando las dos flaquean... lo que os decía: dan ganas de mandarlo todo directamente al mismísimo centro del carajo.
Porque estoy cansado de justificar mis decisiones. Estoy harto de escuchar juicios sobre mi trabajo emitidos por jueces con toga regalada, no ganada. Estoy cansado de tener que enderezar el timón que mis jefes tuercen, pero sin que se note mucho, porque te miran mal. Estoy harto de que con casi cuarenta años me sigan hablando como cuando tenía 25 años y entré en la empresa. Estoy harto de que a mi alrededor todo el mundo me felicite y me valore, pero que luego no se traduzca en absolutamente nada. Vacío. Falsedad. Mentiras.
Una vez un amigo me dijo que yo era como una especie de fuente positiva. Que contagiaba optimismo, que siempre veía el lado bueno de todo, que nunca flaqueaba ante nada, que todo lo afrontaba con buen ánimo y que eso lo contagiaba a quien se me acercaba. Me dijo que no lo aparento, pero que en cuanto se me conoce un poco resulta evidente.
Recuerdo aquella charla nocturna en aquel piso de estudiantes. Me impactó, porque venía precisamente del "amigo referente", ese que todos hemos tenido que parece eclipsarlo todo por su talento, y su liderazgo natural. Ese imprescindible en cualquiera fiesta, quedada o celebración.
Hoy tiendo a pensar que ya no soy tanto así. Me están convenciendo de que ya no transmito lo mismo. Y me entristece tan solo dudarlo.
Quizá los años de lucha erosionen más de lo que quiero aceptar. Y no me refiero al aspecto físico, sino al anímico. Quizá la mirada se ensombrece cuando has tenido que tirarte en las trincheras demasiadas veces. Quizá los ojos no brillan igual cuando han llorado por dentro tantas veces al ver sufrir tanto a quien menos sufrimiento le deseas. Quizá la sonrisa no brota con tanta intensidad cuando esa misma boca ha tenido que estallar de dolor, ansiedad y rabia muchas más veces de las que nunca hubiera pensado.
Porque, bien pensado... ¿qué tienen en común la vida personal y la vida profesional?... fácil: la vida.
Quizá es el momento de plantearse si la vida debe cambiar de dirección. Quizá es el momento de subir un poco la mirada y observar más allá de esos juececillos de pacotilla cuyo único mérito fue llegar antes que tú.
Quizá es el momento de dejarse de contemplaciones y mandar al carajo a quien me dé la gana.
Tenía ganas de escribir hace tiempo, pero el trabajo no me dejaba... Hoy sin embargo, cuando he llegado a mi puesto y he visto las cosas que tenía que hacer he vuelto a sentir esas ganas de escribir y me he dicho: