Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer. Con curvas y pliegues y suaves hondonadas y me cavó por dentro, me hizo un taller de seres humanos. Tejió delicadamente mis nervios y balanceó con cuidado el número de mis hormonas. Compuso mi sangre y me inyectó con ella para que irrigara todo mi cuerpo; nacieron así las ideas, los sueños, el instinto. Todo lo creó suavemente a martillazos de soplidos y taladrazos de amor, las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días por las que me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.
No me vio, fui transparencia sensual, fantasma de cortesana que nunca amó... No me vio, y aunque pasó a mi lado y aspiró el perfume de mi nardo, lo cegó el humo de su opio. Desgraciada de mí, condenada a terminar como la higuera estéril sin su simiente en mi vientre; desventura que se clava en la sien, locura que quema el alma y secuestra la razón. Tantos tontos quisieron tejerme alas y yo sin saber volar, muchos ilusos quisieron pintarme de rojo y yo sin querer ser rosa. Más el que ama mi alma no me vio...
Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: -¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones! Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: -Miren! ¡Es un loco! Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité: -¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras! Así fue que me convertí en un loco. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.
Me soñé florida y natural Eterna e inalcanzable como las estrellas. Sin las cicatrices que mi paso por la tierra me dejó -heridas de guerra al fin. Me soñé mujer y no objeto; Me soñé sujeto y no esclava. Sin despertar e inconsciente de lo fugaz de mi ensueño, Me percibí ya sin tinturas, escencias o corsés que deformaran mi espíritu y la naturaleza con la que nací. Me soñé libre y ya no quise despertar.
Soy aire que llena el espacio. Soy fuego que arde e ilumina. Soy tierra fertil que mantiene la simiente viva. Soy agua danzante en medio del oceano. Soy vida que corre presurosa y libre. Soy musa de perfecto arquitecto, Inspiracion dulce de poeta, Sueño interno de trovador, Fiebre de arte que se enreda en el alma, Mística que se envuelve en las sabanas del ingenio cuales velos de danzarina . . . Soy Mujer