Necesito saberme tuya a cada instante, proveniente de tu sangre y originada desde tu alma, entretejida en tus venas y palpitante en tu corazón. Lúcida y clara cuando duermes, festiva y elocuente cuando andas. Me pareció haberte esperado tanto tiempo que me hice eterna. Aprendí el lenguaje del silencio y convertí mis lágrimas en cristal. Y aquí estoy, esperando estrecharte tan fuerte hasta que nuestras esencias se hagan una y ya no importe de aquí en adelante el tiempo ni la distancia. Aquí estoy, ansiando besarte con tanta devoción que con solo cerrar los ojos sepas lo que estoy pensando.
Ah, si vieras el mundo con ojos de mujer! Verías una creación viva en lugar de recursos para explotación Verías personas y pueblos en lugar de bloques económicos.
La diferencia entre tu mundo y el mío es simple: Tú te regocijas en la gloria del dominio; Yo encuentro la plenitud en la sonrisa de mis hermanos.
Si la historia fuese contada por boca de mujeres No narraría las glorias que la guerra conquistó, Sino la plenitud que la paz nos devolvió. Que dulce historia hubieran forjado nuestros padres Si lo hubieran visto todo como lo veo yo: con ojos de mujer.
Cuando camino se levantan todas las cosas de la Tierra, y se paran y cuchichean y es su historia lo que cuentan
Y las gentes que caminan, en la ruta me la dejan y la recojo de caída en capullos que son de huellas.
Historias corren mi cuerpo o en mi regazo ronronean. Zumban, hierven y abejean. Sin llamada se me vienen y contadas tampoco me dejan.
Las que bajan por los árboles se trenzan y se destrenzan, y me tejen y me envuelven hasta que el mar las ahuyenta. Pero el mar que cuenta siempre, más rendida, nos deja.
Los que están mascando bosque y los que rompen la piedra, al dormirse quieren historias.
Mujeres que buscan hijos perdidos que no regresan y las que se creen vivas y no saben que están muertas, cada noche piden historias y yo me rindo cuenta que cuenta.
A medio camino quedo entre ríos que no me sueltan, y el corro se va cerrando y me atrapan en la rueda.
Al pulgar van llegando las de animales al índice las de muertos. Las de niños, de ser tantas, en las palmas me hormiguean.
Los marineros alocados que las piden, ya no navegan, y las que cuentan se las digo delante de la mar abierta.
Tuve una que iba en vuelo de albatroses y tijeretas. Se oía el viento, se lamía la sal del mar contenta. La olvidé de tierra adentro como el pez que no alimentan.
¿En dónde estará una historia que volando en gaviota ebria cayó a mis faldas un día y de tan blanca me dejó ciega?
Otra mujer cuenta lejos historia que salva y libera, tal vez la tiene, tal vez la trae hasta mi puerta antes que muera.
Cuando tomaba así mis brazos el que yo tuve, todas ellas en regato de sangre corrían mis brazos una noche entera.
Ahora yo, vuelta al Oriente, se las voy dando por que recuerde. Los viejos las quieren mentidas, los niños las piden ciertas. Todos quieren oír la historia mía que en mi lengua viva está muerta. Busco alguna que la recuerde, hoja por hoja, hebra por hebra. Le presto mi aliento, le doy mi marcha por si al oírla me la despierta.
Quise llevar en la maleta el sabor fugaz de tus entrañas y quedó en el aire circular y cierto, el insulto a lo viril de mi esperanza.
Ya me voy por caminos más largos que el recuerdo con la hermética soledad del peregrino, pero, circular y cierto, a mi costado algo marca el compás a mi destino.
Cuando al final de todas las jornadas ya no tenga un futuro hecho camino, vendré a reverdeceerme en tu mirada este riente jirón de mi destio.
Me iré por caminos más largos que el recuerdo eslabonando adioses en el fluir del tiempo.
De madre guatemalteca y padre argentino, nació en Barcelona en 1914. Vivió algunos años en Argentina y pasó la adolescencia en Italia. Casada con ciudadano guatemalteco adoptó la ciudadanía guatemalteca. Por razones pólíticas debió exiliarse en México por algunos años. Sus indiscutibles méritos intelectuales le permitieron ocupar la cátedra de Literatura Italiana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México. Asimismo, fue fundadora de la cátedra de Sociología de dicha Universidad y catedrática en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Mujer combativa, fue una de las guatemaltecas más destacadas del siglo XX. Alaide Foppa se convirtió en una activa opositora de la dictadura de su país; esta circunstancia la obligó a abandonar Guatemala en 1954 en compañía de su familia. Su largo exilio (del que volvió hasta 1980) lo vivió en México, donde desarrolló una gran labor cultural.
Fue catedrática de literatura italiana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM), fundadora de la cátedra de sociología de la mujer en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de esa misma universidad. Publicó artículos sobre crítica de arte en distintos medios de comunicación.
Fundó el programa Foro de la Mujer en Radio Universidad y ejerció la coedición de la revista FEM. Entre los libros que publicó se encuentran: La sin aventura, Los dedos de mi mano, Guirnalda de primavera, Elogio de mi cuerpo y Las palabras y el tiempo. Tradujo al español El ave Fénix de Paul Eluard, y la Poesía de Miguel Angel.
Un 19 de diciembre de 1980, es secuestrada por agentes del Servicio Secreto del gobierno del General Lucas García, mientras visitaba a su madre. Nunca más se supo de ella y sus restos jamás fueron encontrados.