Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en el silenncio. En cuanto sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones conn todas las personas. Enuncia tu verdad de unna manera serena y clara y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; pues también ellos tienen sus propia historia. Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, ya que son un fastidio para el espíritu. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado; pues siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú. Disfruta de tus éxitos, lo mismo que de tus planes; mantén el interés en tu propia carrera; por humilde que sea, es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos. Sé cauto en tus negocios; pues el mundo está lleno de engaños, más no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe. Hay muchas personas que luchann por alcanzar grandes y nobles ideales; la vida está llena de heroismos. Sé sincero contigo mismo, y en especial, no finjas el afecto ni seas cínico en el amor. Pues en medio de todas las avideces y desengaños, es perenne como la hierba. Acata dócilmente el consejo de los años, abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidades repentinas; muchos temores nacen de la fatiga y la soledad innterior. Sobre unna sana disciplina sé benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas, y tienens derecho a existir. Y sea que te resulte claro o no, el universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de Él, y sean cualesquieras tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida. Sé cauto y esfuérzate por ser feliz. Aún con todas sus falsas penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.
Se que hacen falta dos meses para celebrar el Día Internacional de la Mujer, y más de diez meses para el Día Internacional de la No Violencia en contra de la Mujer, pero me parece oportuno compartir con ustedes un extracto de los Monólogos de la Vagina para que juntos y juntas reflexionemos acerca de una de las formas más aborrecibles de opresión contra las féminas del mundo.
Durante la época de guerra, entre 20,000 y 70,000 mujeres de Europa fueron ultrajadas como una táctica sistemática de guerra en 1993. En Estados Unidos más de 700,000 mujeres son violadas anualmente –y teóricamente no es un país en guerra–.
Mi vagina era agua verde. Suaves campos rosas. Vacas mugiendo. Sol caliente, Dulce novio tocándome suavemente con un delicado pedazo de paja dorada. Hay algo entre mis piernas. Y ya no se que es. Ya no se donde está. No ahora… Ya no más. No desde que mi vagina era platicadora.
No aguanto. Hay mucho que decir. Palabras. Habladurías. No puedo dejar de intentar. No puedo dejar de decir: ¡Si! ¡Si! No desde que soñé que había un animal muerto sembrado allí abajo con una línea de pescar gruesa y negra. La peste del animal muerto no puede desaparecer y su garganta está cortada y sangra todos mis vestidos de verano.
Mi vagina canta todas las canciones de niña. Todas las canciones de campanas de cabras. Todas las canciones enloquecidas del campo veraniego. Canciones de vaginas. Todas las canciones del hogar de la vagina. Ya no desde que los soldados pusieron un largo y grueso rifle dentro de mi tan frío, la varilla de acero canceló mi corazón. No se si van a disparar o a enterrármelo hasta mi cerebro vacilante. Seis de ellos, con máscaras negras me meten botellas también. Había astillas en la punta de una escoba.
Mi vagina, prístina agua cristalina del río. Agua limpia corriendo sobre piedras doradas por el sol. Sobre piedras. ¡Clítoris! ¡Clítoris! Piedras de nuevo. Y de nuevo… Ya no, desde que escuché como se rasgó e hizo ruidos de limones exprimidos. Cientos de pedazos de mi vagina quedaron en mi mano. No quedó nada del labio. Un lado completo del labio no existe ya.
Mi vagina, viva, húmeda agua del pueblo. Mi vagina fue alguna vez mi residencia. No desde que se turnaron. Se turnaron… durante siete días oliendo a heces y a carne ahumada. Dejaron su esperma sucio dentro de mi y yo me convertí en un río de veneno y de pus y todas las cosechas murieron y los peces.
Mi vagina, viva, agua húmeda del pueblo. Ellos la invadieron. Ellos la masacraron y después la quemaron. No me toco ya. No la visito. Vivo en otro lado ahora. No se donde está eso.
De Los Monólogos de la Vagina de Eve Ensler (versión original en Inglés)