Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos ... En el viento, al rodar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va,
si no ves esa mano ni la boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de llamar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida ¿me reconocerás?
Solo el viento la ama, solo su brisa la acaricia. Musa de nadie, prefirió enajenarse de la realidad Gritó hasta perder la voz, un llamado que nadie respondió Lloró por un amado inexistente hasta perder la razón.
Sola e incomprendida, la loca ríe, la loca llora Es una dama antigua que nunca envejeció Vive y revive el gozo imaginario de amores nunca ocurridos Al final del día, solo su brisa la acaricia.
Nadie sabe su historia, aunque algunos especulan su destino. Acaso tejió su mundo como la oruga lo hace con su capullo Y tal vez, si la Providencia lo permite, convertida en mariposa La loca despierte renacida un día, a la vida que olvidó.
La noche se hace eterna y la locura se le vuelve indómito mar En tanto el día llega y la cordura se le convierta en tierra firme La loca navegará rumbo al alba de su propia realidad Pues nadie lo duda: Solo el viento la ama, solo su brisa la acaricia.
Este cuerpo no se golpea. Este cuerpo no se ultraja. Este cuerpo no se mata. Este cuerpo se acaricia.
Este cuerpo es frágil. Este cuerpo es un templo de la vida. Este cuepo nutre. Este cuerpo es mío.
Este cuerpo no es mercancía. Este cuerpo no es un objeto publicaitario. Este cuerpo no es un juguete sexual. Este cuerpo no es sucio.
Este cuerpo vive. Este cuerpo siente. Este cuerpo es sagrado. Este cuerpo es mío.
Porque soy mi dueña, por que ahora mando yo... Feliz Día Internacional de la Mujer, a todas las que han conquistado o estan en la lucha por decir: Este cuerpo es Mío!
A mortis. Eterno e infinito. Interminable y universal. A mortis. No una ciencia, si bien se fundamenta en leyes y principios universales. Tampoco arte, acaso se antoje como la más bella expresión humana. No fuerza, y eso que cuenta con el ímpetu de la pasión. Sin saber tu nombre, grité al viento llamándote. Sin conocerte siquiera, te amo. Sin la más mínima certeza de que existes, te amaré. Sin muerte. Nunca tuvo un principio, asi que es imposible esperar que tenga un fin. Solo se que te amo asi, a mortis. A mortis. Eterno e infinito. Interminable y universal. A mortis. Después de todo eso es Amor.
Hay una comedia de Calderón de la Barca, titulada La Dama Duende, cuya protagonista es una mujer como tú, joven e inquieta, que se vale de mil argucias para conquistar el corazón de su amado. Por aquel devoto siglo, como sabes, la mujer vivía en un encierro casero del que sólo podía escapar recurriendo al matrimonio. De ahí que la dama duende haya quedado como símbolo de ese anhelo de liberación e independencia que anima a las mujeres de tu edad.
Pero, además de dama duende, ahora eres licenciada, vale decir, mulier sapiens, mujer que sabe. Te felicito de todo corazón por este éxito. En pocos años has logrado reunir un cúmulo de conocimientos que pocas mujeres alcanzan, pues la mayoría nacen condenadas de por vida a vivir entre tinieblas.
Eres, pues, la excepción en un mundo donde a la mujer se le dice de todo, menos sabia, a causa de una cultura donde el varón ha sido siempre el dueño del jardín y de las flores. Para ponerte un ejemplo, mi madre no podía obtener pasaporte ni salir de su país sin permiso de mi padre. Era la ley. Con que ya te puedes imaginar cómo estaba el patio.
No siempre ha sido así, desde luego. En muchas culturas antiguas, decir mujer era decir sabiduría. Vestales, sacerdotisas, sibilas y musas dan de ello fe. Y el culto a las diosas como Isis o Palas Atenea, llegó a eclipsar incluso el de los dioses.
De manera que, antes que la pobre Eva fuera castigada y maldecida por el temible Dios del Sinaí, hubo mujeres sabias que ayudaban a los hombres a descifrar los misterios de la vida. Más, por importante que fuese en aquel tiempo, era un saber limitado. El tuyo en cambio es más rico, pues a tu intuición natural se une el saber de la ciencia moderna.
Así y todo, me gustaría hacerte algunas observaciones a modo de aquellos avisos con que se instruía a los navegantes antes de hacerse a la mar. Y te diré la razón. En ese mar, que es el mundo masculino, ser homo sapiens –atributo común del varón, y no sé por qué, pues mira que los hay tarugos–, no es ninguna garantía. Y si esto es así con los hombres, imagínate cómo será con las mujeres. Para el varón de nuestra cultura, la mujer sigue siendo emotiva y apasionada, rasgos no muy de fiar. De modo que cuando se topa con una mujer inteligente, se pone a la defensiva.
No te extrañe, por tanto, ver que un individuo vulgar triunfe allí donde una mujer excepcional es relegada. No hemos aprendido aún a distinguir sexos, una disparidad natural, de géneros, una diferencia cultural. Así que presta atención, pro lo que puedan servirte estos avisos.
Navegar con cierta garantía por entre las corrientes de ese mar exige detectar de lejos a corsarios sin escrúpulos, tiburones desalmados, serpientes cantoras, buscadores de tesoros y vendedores de humo, entre otra fauna del piélago.
Sé, pues, desconfiada y discreta. Lo que no quiere decir que, pese a sus engaños y artificios, ese mar no esté lleno de buenas personas. Lo está. Son las que más abundan. Es con esa banda de piratas y lagartos con la que hay que andar ojo al cristo.
No confíes en la providencia benévola. Normalmente no lo es. Y si lo es, resulta tan imprevisible como el tiempo. Nada te caerá de arriba, si no subes tú a buscarlo. Así que aléjate de quienes vengan a decirte aquello de bienaventurados los que creen sin ver, porque lo más probable es que no quieren que veas. La fe no mueve montañas. Lo que las mueve, como bien sabes ahora, es la determinación, la voluntad, el trabajo y la persistencia.
Utiliza, pues, la duda como brújula. Si miras a tu alrededor verás que los pueblos más atrasados son aquellos en los que domina la credulidad. Y a la inversa. Los pueblos más avanzados son aquellos que lo cuestionan todo: las certezas, el poder, las jerarquías. Y esto que te digo de los pueblos es más cierto aún de las mujeres.
Aléjate, pues, de pericas dogmáticas, puritanos de onda corta y toda esa plaga de pensadores que, acaso por no haber pensado nunca, no varían de forma de pensar.
Mantén tu espíritu abierto a las cosas nuevas. Eso estimulará tu vida, tu profesión y tu espíritu. Habrás observado que las ilusiones no gozan de buena prensa. Es el criterio de muchos: no te hagas ilusiones, dicen. Olvida ese consejo tonto. Las ilusiones son la quintaesencia de la vida. Vivimos de ellas y por ellas. O como decía Gracián, el cuerpo respira y el alma aspira. Así que, no seas ilusa, pero no dejes de ilusionarte por todo aquello que merezca la pena.
Y si algo no te sale bien, cambia. De patín, de barco, de marinería. No te quedes dando vueltas al mismo tiovivo. Hacer las cosas igual que siempre y esperar resultados distintos es la mejor definición de estupidez que haya escuchado nunca.
No dejes de aprender. Lee mucho, todo lo que puedas. Saber y poder son casi lo mismo. Pero ningún saber es seguro debido a que el conocimiento cambia y al igual que las mareas, modifica esteros y playas hasta dejarlos irreconocibles.
En la vida, además, decía el filósofo, no hay una felicidad, sino tres. La primera es la que proporcionan el placer y la diversión. La segunda es la que resulta de vivir como una persona libre y responsable. Y la tercera es la que nos entrega el conocimiento. Si logras dosificar las tres, tu vida será un constante gozo.
A medida que te vayas alejando de la edad duende descubrirás el valor de este aviso. Sobre todo para conservar la libertad que anhelas. Pues no es la verdad, sino el saber, lo que nos hace libres. Y no tanto de las necesidades primarias –con la verdad no se come–, cuanto de personas indeseable e indignas. Por eso me preocupó siempre tu educación. Una mujer ignorante es siempre una mujer sometida. Y yo quería que fueras dueña de ti, para que nadie pudiera enseñorearse de tu persona, salvo por amor, que es el más deseable de los señores.
Esa es también la razón de que hoy te llame dama duende, porque duen de significa eso, dueña de, como bien sabía Calderón. Y al ver que hoy lo has logrado, mi corazón se ha derramado de orgullo.
Que ese saber te proteja. Y que seas siempre muy feliz, mulier sapiens, dama duende, hija mía.