Descripción: Montaña fantástica, grandiosa. Que impone su servidumbre a todo el que intenta penetrarla. La gran caprichosa sólo se entrega a los que la aman.
Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño. Pintarle mucho flequillo, que esté jugando con un gato o comièndose un barquillo; muchas pecas en la cara que se note que es un pillo; (pillo rima con flequillo y quiere decir travieso).
Continuemos el dibujo: redonda cara de queso. Como es un niño de moda, bebe jarabe con soda. Lleva pantalón vaquero con un hermoso agujero; camiseta americana y una gorrita de pana. Las botas de futbolista porque chutando es artista.
Se ríe continuamente, porque es muy inteligente. Debajo del brazo un cuento por eso está tan contento. Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.
Gracias por tu cariño Gloria y por enseñarme a dibujar a un niño... Una vez dibujé uno, que pillo, hace de rabiar al gato mientras se ríen los dos un rato, con un palito le toca la patita para jugar a las canicas y el gato le da un zarpazo, no quiere jugar (ni siquiera un rato), corren los dos por el campo escapando del tal espanto, el gato a por su leche y el niño en busca de un sapo (que pillo mi niño) que gusarapo, si el gato no quiere jugar, probara con el sapo...
Esta misma mañana estaba meditando sobre un grave problema, me he asomado a la ventana y mientras contemplaba el amanecer miraba a las montañas del norte, a mi raíz, de repente me he encontrado pensando cosas vanales, nada importantes, pero de pronto empiezo a sentir otros pensamientos mucho más míos, los pensamientos de los sueños, de los sueños que soñamos cuando estamos despiertos, como cuando nos disponemos a dormir e inventamos una historia donde todo se transforma y modela a nuestro gusto, donde podemos ser el bueno o el malo y a nadie le importa.
Pensando esas cosas que nada importan y en medio de ello empecé a pensar en mis sueños, en los sueños del niño que fui y que hoy todavía reconozco en mis ojos, que no en mi piel que ya empieza a marchitarse.
Puede ser que ya no me acuerde de tantas y tantas cosas pero sé que en mis sueños sigo fiel al tiempo de mi existencia, a ese aleteo de mariposas que transforma los besos y los pinta de colores.
Tal vez no sepa expresarme con todo este ir y venir de palabras alborotadas , hay veces que me cuesta mucho, pero para mi los pensamientos de los sueños son como el abono del alma y además, nadie me los puede quitar.
El 7 de enero de 1921, cuando el Tercio tenía sólo unos meses de existencia, después de haberse defendido heroicamente con su escuadra frente a los atacantes, murió a consecuencia de las heridas recibidas el Cabo Don Baltasar Queija de la Vega; era el primer legionario que perdía la vida en un hecho de armas. En su bolsillo se encontraron unos versos llenos de emoción y sentimiento.
Se dice que acababa de enterarse de la muerte de su amada, y en esas confidencias íntimas que se hacen al compañero en las largas esperas campamentales de una estrellada noche, había confesado: ¡Ojalá la primera bala no tarde mucho y sea para mi corazón, para reunirme pronto con ella! Pocas horas después, cuando se realizaba la retirada de protección de unos caminos su escuadra fue atacada. Toda una premonición que presagiaba el futuro canto de "El novio de la muerte".
Esos versos decían:
Nadie en el Tercio sabía, quién era aquel legionario tan audaz y temerario que a la Legión se alistó. Nadie sabía su historia, mas la Legión suponía que un gran dolor le mordía como un lobo el corazón. Mas sin alguno, quien era le preguntaba con dolor y rudeza, le contestaba: Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera.
Cuando más rudo era el fuego Y la pelea más fiera defendiendo su Bandera, el legionario avanzó. Y sin temer al empuje del enemigo exaltado, supo morir como un bravo y la Enseña rescató. Y al regar con su sangre La tierra ardiente, murmuró el legionario con voz doliente; Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera.
Cuando, al fin le recogieron, entre su pecho encontraron una carta y un retrato de una divina mujer. Y aquella carta decía: "...si algún día Dios te llama para mi un puesto reclama que a buscarte pronto iré". Y en el último beso que le enviaba su postrer despedida le consagraba. Por ir a tu lado a verte mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi ¡Bandera!
Tus dedos impacientes jugaban con los botones de mi pecho, provocando un estallido de humedad en ese lugar calido y ardiente de mi intimidad.
Las palomas de tus manos inquietas descendían al jardín del deseo, buscando tu boca beber la miel de ese pequeño océano donde se perdían tus labios y tu lengua inquieta hasta ahogar la fuerza de tu interior, naufragando en oleadas de placer y gemidos de pasión, muriendo poco a poco, piel a piel, en el eterno abrazo del amor…