Descripción: Montaña fantástica, grandiosa. Que impone su servidumbre a todo el que intenta penetrarla. La gran caprichosa sólo se entrega a los que la aman.
A las cinco de la tarde cuando el resplandor se queda sin brillo y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día oigo el grupo bullicioso de niños que salen a cazar luciérnagas.
Corriendo sobre el pasto se dispersan entre los arbustos, gritan su excitación, palpan su deslumbre se arma un círculo alrededor de la pequeña que muestra la encendida cuenca de sus manos tiritando.
Antiguo oficio humano este de querer apagar la luz.
¿Te acuerdas de la última vez que creímos poder iluminar la noche?
El tiempo nos ha vaciado de fulgor. Pero la oscuridad sigue poblada de luciérnagas.
A todas las vagalumes que sobrevuelan el mundo... esas pequeñas luces en la nada.
Pétalos de rosas flotando en el agua perfumes sutiles que inundan el ambiente aromas de pieles desnudas al amor… exudando la pasión que lo colma y lo plena…
Amor… Espejo de esperanzas y sueños que días, noches, horas y segundos nos dice: estás vivo para abrir tu alma al cielo, estoy aquí recordándote cada razón para reír…
Amor… Un reflejo del corazón donde veo tu rostro soriente, feliz, con muchos amaneceres y atardeceres de ensueños… de ilusión palabra tan chica y con tantos significados…
Amor… Poetas, compositores, cantantes persiguen la sola intención de intentar explicar lo inexplicable al ponerle nombres a los latidos fuertes del corazón.
Como nombrar cuando dos ojos, dos corazones se encuentran en medio de la soledad o en un encuentro fortuito nos golpea la vida… y nos enseña a vivir…
Pétalos de rosas están en el agua y el amor flotando en el aire…
Tu mirada es un espasmo de mil ojos, todos tuyos, siempre tempranos, impacientes y esperando que devoran el mundo y lo detienen.
Mientras todo funciona; nubes, pájaros, soles, risas, montañas y canciones, tu mirada ha vuelto varias veces, ha cerrado otras tantas y sigue mirando por si algo escapa.
Tu mirada, de rayo y centella, de luces y vértigo, parpadeo imperceptible va ralentizando al tiempo hasta que lo para, ahora esclavo, haciéndolo nada.
Pero tu mirada dejó de ser propia cuando se posó en mí, y vinieron lechos, camas, almohadas, sábanas, besos, caricias, siestas, sueños, por que a cada momento, tu mirada se hizo mía, tu mirada se hizo nuestra.
Hace mucho, mucho tiempo, nuestro mundo y el mundo de las hadas estaban separados por un cristal mágico. Y tal era el poder de este cristal, que sólo las hadas veían lo que pasaba al otro lado. Pero por aquel entonces, nuestro mundo no era como lo conocemos ahora. Todo él era de un color gris opaco: las casas eran grises, la gente era gris, incluso el cielo era siempre gris... Mientras, en el país de las hadas el color brotaba por todos lados. Rojo, verde, azul, amarillo... todo era color y alegría.
Sin embargo, existía un ser, un hada joven y hermosa, que se sentía muy apenada por el mundo triste y gris en el que vivían los humanos. Iris, que así se llamaba, lloraba amargamente por ello y soñaba con poder cruzar el cristal y poder llevar un poco de alegría al otro lado.
Siete de sus mejores amigas idearon un día un plan: con polvo mágico de sus alas construirían un puente de un mundo al otro y, así, Iris podría cumplir su sueño. Construirían un arco para Iris con los siete colores de cada una de sus alas.
Y dicho y hecho: gracias a este arco de colores, nuestra amiga traspasó el cristal mágico hasta nuestro mundo. Y tal fue su emoción, que gruesas lágrimas brotaron de sus ojos; lágrimas que, al filtrarse a través del Arco Iris, se mezclaron con el polvo mágico de las hadas y, para sorpresa de todos, llenaron de color aquel mundo gris. Desde aquel día, cada cierto tiempo, Iris y sus siete amigas recargan de color nuestro mundo. Piensa en ello cada vez que veas un arcoiris y finas gotas de lluvia mojen tu cara.
Hay algo mágico en los arcoiris, algo que me fascina y me traslada al más allá… una vez vi uno nocturno…