Descripción: Montaña fantástica, grandiosa. Que impone su servidumbre a todo el que intenta penetrarla. La gran caprichosa sólo se entrega a los que la aman.
Una y uno, dos Dos y una, seis. El pobre burrito Contaba al revés.
¡No se lo sabe! -Sí me lo sé. -¡Usted nunca estudia! Dígame ¿por qué?
-Cuando voy a casa no puedo estudiar; mi amo es muy pobre, hay que trabajar.
Trabajo en la noria Todo el santo día. ¡No me llame burro, profesora mía!
Me encanta Gloria Fuertes, es mi preferida, hace algún tiempo descubrí su poesía para mayores, y si ya me gustaba la de niños, ésta otra tiene una ternura muy, muy especial y fuera de lo común.
Hace poco me encontré a este burrito, qué bonito y cariñoso, fue vernos y se acercó para darnos los buenos días y pidiendo algún que otro dulce, jejejeje, ¡qué golosón!, le di un par de galletas y le gustaron tanto que cuando reanudamos la marcha se venía detrás de nosotros… hasta que decidió pararse en el camino y perdernos en la lejanía, sabiendo que no podía acompañarnos, es curioso no nos quito el ojo hasta que no desaparecimos detrás de una loma, desde la que miré sigilosamente atrás y vi que inició su camino de retorno a un prado muy frondoso a la orilla de un río por el que corría un agua limpia y fresca…
En un rincón, hundido, resguardado por altas montañas el lago muestra al alma solitaria un refugio, un paisaje... entre cuyas cumbres la energía individual brota veloz... (me hierve la sangre). Son paisajes duros, recios, de rocas peladas. Hay que contemplarlos con calma, embriagados con los gritos del silencio, para comprender en toda su magnitud lo que representar el paisaje en nuestra sensibilidad, observando hasta el más mínimo detalle. Haciéndolo así podrás apreciar cosas que están ahí, a tu alcance y que sin ese mínimo cuidado en observar, jamás verías... He llegado a ver piedras con formas increíbles, con colores inusuales... que jamás se podrían imaginar...
Sentir como el alma se apoderea de los paisajes y hace de ellos una especie de escenario donde revolotean toda clase de concepciones, como proclamando que la soledad frente a un paisaje es un cúmulo de energías. El extasiarse ante un paisaje es una bella debilidad. El lago nos hace pensar, enorme recipiente de agua dulce, limitado por casi impracticables montañas, un germen de verdadera poesía.
Desde la cima se ofrece a nuestra vista, esplendoroso, sublime, fuerte y recio. La Naturaleza entra en nosotros; ya nuestra alma vagó solitaria y tranquila, ahora arde el deseo físico de “ver con los ojos” todo aquello, de palpar con la mirada hasta el más íntimo rincón de los paisajes, admirando a cada paso un rasgo, un matiz, sufriendo a cada minuto el espejismo de los sentidos. Y que nuestras almas gocen las puestas de sol, los momentos en que la luz pasa a ser un conjunto de luces que se esparcen por el lago. Y su culminación es cuando una brisa agradable respira de la montaña, originaria de pulmones inmensos de roca, sentirla como un abrazo cuyas caricias penetran en lo más hondo de nosotros.
En medio de la noche te desvelas y adivinas mi rostro dormido. Apoyas tu boca sobre mi frente, dejas, como al descuido, tu mano sobre mi pecho, hasta que nuestros latidos se acompasan.
En medio de la noche, hostil y oscura, me guardas, estremeciéndote a cada movimiento que hago, hasta que, femenina y desvalida, te quedas soñando como un ángel cansado.
Por la mañana tengo una alegría que me vive todo el día, que me asiste todo el día, sin saber a qué se debe, por qué nace.
Cada mañana el mismo asombro, siempre nuevo: el ver lo natural que es para ti tu cuerpo. Consabidas minucias del rito del aseo, que imperceptiblemente elevas al misterio. Desde mis pupilas vigilo tus linderos: revuelas como un ángel sobre tus mismos pechos. Tu humedad se disputan la hierba y el espliego. ¡Ay, frescura de aljibe y calor de sesteo! En mis blandas murallas aprisionado, veo el hábito sencillo que tienes de tu cuerpo. Resuelves la materia en puro movimiento; cada escorzo insinúa un ritmo en el espejo. El repetido aire que modela tus gestos, es en ti cristalino pero en mí es espeso. De tu cuello desnudo nace un hondo venero; de tus brazos en alto, la mimbre de tu pelo. Al alba, cuando mido tu distancia, no entiendo la natural costumbre que es para ti tu cuerpo.
Entre amaneceres bañados de lirios sobre los sentidos de nuestro querer, va escapando un beso que sabe a cerezos sobre los rincones que esconde la piel.
Entre dos miradas de amor empapadas de tibia ternura y un poco de luz va cantando a solas el pulso del alma como esa mañana de tu plenitud.
Bebiendo despacio la sed de tu vida calma entre mis aguas la sed de tus besos y llena mis silencios con esos suspiros porque por tus labios tibios yo voy a acampar.
Y al filo de la noche te acaricio cayendo como gotas de cristal, amante de la luna en plenilunio efecto de su brillo sobre el mar…
En medio de miradas infinitas al paso de sonrisas sobre la piel donde tú eres mi cómplice de vida y la única que me puede retener.