Cuando era pequeña, intentaba leer todo aquello que pasaba por las manos de mi hermana mayor, en un puro intento de parecerme mínimamente a ella. Llenaba las estanterías con los libros que nos iban regalando y con los cómics que nos traía nuestra abuela cada fin de semana, cuando venía a visitarnos.
Así fue como conocimos a Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetechos (con el que me sentía plenamente identificada en aquellos tiempos, gafota de mí), Super López…
Pero si tuviera que elegir entre todos los cómics que pude descubrir en aquella maravillosa época de la infancia, me quedaría con Esther y su mundo. Qué grandes tardes pasamos mi hermana y yo leyendo las aventuras de esta adolescente con coletas, imaginando que algún día las viviríamos nosotras. Encuadernadas en gruesos tomos junto a otras historias como Candy, una modelo en apuros o La familia feliz, en aquella época estas historias se consideraban un “género menor”, “de chicas”. Pero lo cierto es que sus cómics se vendieron prácticamente en toda Europa hasta 1988, casi 20 años después de la creación del personaje. Un notable éxito para ser tan sólo "cosa de mujeres".
Hace un par de años la autora volvía a dar vida al personaje creado en 1971, junto al guionista Phillip Douglas, para ofrecer a todas sus fans una segunda parte y contarnos las nuevas aventuras de una Esther de 35 años, divorciada y con una hija.
Este fin de semana Purita Campos ha vuelto a ser noticia, demostrando que su personaje nunca pasará de moda. Ha sido en el Salón del Cómic de Barcelona, donde ha recibido, a sus 75 años, el Gran Premio del Salón. “Trabajaré hasta el final” ha dicho la dibujante a la prensa allí congregada. Y yo, personalmente, le doy las gracias por ello.
Este fin de semana se ha celebrado en California el festival Coachella, uno de los más importantes de la temporada y en el que podemos encontrar el mayor número de celebrities por metro cuadrado.
Durante estos tres días, los afortunados que hayan podido asistir al festival han podido disfrutar de la mejor música, con grupos míticos como Red Hot Chili Peppers, The Stone Roses o Blur, entre otros.
Por el recinto del festival hemos podido ver paseando a rostros tan conocidos como la modelo Alessandra Ambrossio, las hermanas Hilton o la cantante Katy Perry, que no han querido perderse el evento.
Además, famosas y bloggers de todo el mundo han compartido en las redes sociales las fotos de sus mejores modelitos festivaleros, para uso y disfrute de las que vivimos a miles de kilómetros de California y no podemos lucir palmito por el recinto del Coachella.
Sin embargo, a pesar de haber tenido que disfrutar de este festival en su versión 2.0., en España estamos de enhorabuena, porque con Coachella se da el pistoletazo de salida a la temporada de festivales, y aunque por nuestros recintos no nos codearemos con las ricas herederas del imperio Hilton, la diversión está asegurada sea cual sea el festival español al que asistamos.
Parece que poco a poco el mal tiempo se va retirando para dejar paso a los días de sol primaverales a los que estamos acostumbrados por esta época. El fin de semana pasado, como hizo buen tiempo y coincidiendo con el inicio de la temporada del espárrago, nos fuimos a pasar el día a Hontanar, cerca de los Montes de Toledo. Para comenzar el día de campo, paramos en la Iglesia de Santa María de Melque, un tempo visigótico del siglo VII. Sin embargo, el motivo de nuestra visita, aparte de lo cultural, iba por otro lado. En el encinar que hay por detrás del templo, es bien conocido que se crían muy buenos espárragos y, de acuerdo con ello, nos volvimos con un buen manojo del que después saldría una rica tortilla. Sin embargo, todo esto poco tiene que ver con el título de la entrada del blog, que se refiere al sitio donde fuimos a comer después de nuestra cosecha. El Portalónes un pequeño restaurante de Hontanar al que llegarás preguntando a los lugareños, ya que no tiene en la puerta ningún cartel que lo señalice. Arroz con liebre y venao a la plancha fueron los exquisitos platos que, con mucho cariño, nos preparó Juanma, gerente del local. Para nosotros ya es tradición visitar, al menos, una vez al año, El Portalón de Hontanar, uno de esos pequeños lugares que hay que visitar una vez en la vida y que no dejará indiferente a quien tenga el placer de conocerlo.
A veces tengo la impresión de que conozco mucho mejor otras ciudades que no son la mía. Cuando voy de turismo a otro lugar, acabo descubriendo cada rincón, su historia, museos, monumentos más importantes… Sin embargo, creo que no me ocurre lo mismo con Madrid. A pesar de que llevo viviendo en esta ciudad toda mi vida, siento que todavía me queda mucho por visitar, pero eso está cambiando.
El pasado domingo, me levanté bien temprano y puse rumbo a la catedral de la Almudena para iniciar un recorrido por el Madrid medieval, 6 siglos en 2 horas. Allí nos esperaba Juan Carlos, de Carpetania Madrid, para guiarnos durante toda la visita. Nuestra primera parada fue muy cerquita de la cripta de la Almudena, ¡donde nos encontramos con restos de la muralla árabe!
Palacios, iglesias, plazas… Poco a poco, pude ver con otros ojos lugares por los que he pasado una infinidad de veces sin fijarme. Por ejemplo, la plaza de la Villa servía en la Edad Media como mercado y lo que ahora conocemos como la iglesia de San Nicolás, fue en su día una mezquita árabe.
Una de las cosas que más me sorprendió la encontré dentro del Museo de los Orígenes. Durante mucho tiempo el símbolo de Madrid no fue sólo un oso y un madroño, ¡también había un dragón! ¿Quién dijo que había que ser Daenerys Targaryen para tener dragones?
Después de guiños como éste a Juego de Tronos y algún otro a la serie de RTVE Isabel, sólo me queda deciros que repetiré seguro. ¡Aún me queda mucho Madrid por descubrir!
Esta semana nos sorprendía la noticia del fallecimiento de un periodista británico al grabar un documental sobre los “sin techo”. Algo parecido a “21 días conviviendo en la calle”, pero sólo durante una semana. Esa era la intención del periodista que, cuatro días después, era encontrado en un inmueble abandonado con claros síntomas de hipotermia.
A esto se suma la noticia que nos llega desde Francia. Allí, un concursante del programa Supervivientesen Camboya, fallecía después de sufrir un paro cardíaco y, presuntamente, no ser atendido como correspondía por el programa. Al parecer, el joven de 25 años, comenzó a quejarse de calambres durante la realización de una prueba. El médico intentó trasladar al concursante en barco hasta el hotel, pero durante el viaje, Thierry Costa, sufre un primer paro cardiaco. Es entonces cuando deciden trasladarlo hasta el hospital más cercano en helicóptero, pero ya es tarde. Un segundo paro cardiaco confirma la muerte del concursante a su llegada al centro hospitalario. En este caso (y decimos en este caso porque otros dos fallecimientos en la versión búlgara y paquistaní del programa siguieron con el concurso), la productora decide parar el rodaje y enviar a todos de vuelta a casa. Allí, varios testigos anónimos cuentan que la atención médica fue filmada y que, como la primera toma no es buena, deciden volver a grabar la entrada del médico. Durante ese tiempo, el concursante permanece boca abajo en la arena y a pleno sol. Tras estas declaraciones, y aun estando en Camboya, el médico que atendió al concursante se suicida en su habitación del hotel. En una nota, culpa a los medios de comunicación de su muerte y confiesa que le sería imposible reconstruir una reputación que éstos han destruido.
En nuestro país, gracias a Dios, aún no hemos visto nada parecido. O sí, pero al menos no con esas consecuencias. Sin embargo, esta misma semana, el programa más conocido de la productora “La fábrica de la tele”, se culpaba de llevar a Belén Esteban a su plató para una entrevista. La colaboradora y ex de Jesulín, salía del plató como una histérica después de difundir un posible rumor en el que el marido de una de sus compañeras se vería envuelto. “Ya no se respetan los límites. Aquí ya no hay límites”,gritaba la periodista Lidia Lozano. Y efectivamente parece ser así. Durante los tres años de emisión del programa, varios colaboradores se han ausentado durante un tiempo por depresión o ansiedad (que ellos mismos confesaban tiempo después en el mismo plató) y dejaban claro la sobreexposición a la que les “tienen sometidos” su programa. Palabras que ellos mismos difunden. La propia protagonista, Belén Esteban, confesaba semanas atrás sus adicciones y, aun sabiendo que está en tratamiento de recuperación, nadie quiso perderse una aparición que desde el minuto uno, tanto el programa como sus compañeros, vieron que sería mítica. Y efectivamente así fue, el programa dobló su audiencia durante la emisión de la entrevista.
Es cierto que desde que se iniciase el programa Gran Hermano, cuna de los realitys, las cadenas han contado con numerosos y diferentes programas de telerrealidad que en su mayoría han funcionado. Tal ha sido el éxito, que posibles programas que no tienen como fin la telerrealidad, han acabado convirtiéndolo en el fondo. Pero ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿Quién tiene la culpa de esto: las cadenas o la audiencia? Cómo audiencia, ¿debemos evitar estos programas?
Lo cierto es que, dentro de unos límites, estos programas pueden llegar a ser divertidos. Saber elegir a los concursantes es una de las cosas más importantes. Deben ser personas que sepan y tengan claro que esto es una fama efímera que viene y va. Y nosotros, como audiencia, debemos apagar la televisión cuando los límites de la ética se sobrepasen, pero claro, aquí entramos en otro debate: ¿Qué es ético? Seguro que, al menos, saben lo que no lo es.