Y de pronto, no me reconozco.Mi cuerpo se fragiliza,mi femineidad se enfatiza y mi coco empieza a relacionar unas cosas con otras a una velocidad de vértigo. Me dejo crecer la melena rubia, utilizo el lapiz kahal,visto de manera cuidadosamente descuidada, y de pronto empiezo a sentir que muchos chicos se interesan por mi. Paso tres años de auténtico frenesí enamoradizo; me siento segura con mi cuerpo y con mi mente. Canto bien, a Serrat, a Llach,y siempre encuentro compas que me acompañan a la guitarra en los trenes nocturnos que vuelven de la Autónoma. Paso mis primeras noches fuera de casa, durmiendo en brazos de los especímenes más atractivos de clase. En esa época me considero feliz. Mi ego se inflama y encajo muy mal los contratiempos.Pero són tan pocos...En mi casa me controlan poco, los estudios tiran adelante sin demasiado esfuerzo....el resto:pasarlo en grande sin compremeterme en nada. Sí, eso fue lo mas parecido a la felicidad sin límites, y que se alargó en el tiempo. Terminó el día que celebramos el fin de carrera en La Paloma. Luego, nunca fue lo mismo.
(En la foto , un poco psicodélica, el ultimo grupo de trabajo con el que realicé un estudio de campo.De izquierda a derecha, Lluís, Pili, Neus y en la esquinita con el pelo rubio y cara extranjera, yo misma)
Al cumplir los trece años encontré una válvula de escape a mis inseguredades.La fantasía. Vivía en dos mundos paralelos, el real , con mi familia y mi casa, el cine de los domingos, los deberes, la piscina....y el fantástico, donde con tres locuelas como yo, me sumergí en un mundo inventado durante mas de dos años. Carmen,Dolores,Isabel y Montse, eramos, Michelle,Mabel,Patri y Eleonor. Viviamos en Liverpool, y éramos pareja de Paul,John,Georges y Ringo. La historia la comenzaba una, y las demás ibamos añadiendo capítulos cada vez más sensuales, aderezados con historias de celos, intercambios , llantos, reconciliaciones...Viviamos con y para los Beatles, por aquel tiempo ya separados como grupo. Un día se terminó. Y la realidad fué la que venció.Conocimos chicos de verdad y empezamos a enamorarnos de sus imperfecciones y sus limitaciones. Ellos ya no eran los títeres de nuestras historias que hacian exactamente lo que nosotras queríamos.Y ahí justamente empezó mi pequeño calvario adolescente. Siempre me gustaba el que no me hacía el más mínimo caso. Y me perseguía el que a mi no me gustaba para nada. Estaba acomplejada porque me sentía gorda, fea,porque la ropa no me sentaba bien y porque no encajaba en ninguna tribu urbana de la época. Escribía sin parar poemas tristísimos escuchando a Serrat y paseaba por el barrio gótico esperando encontrar el hombre de mis sueños. Hasta que llegó la universidad, y de pronto todas las piezas del puzzle encajaron y supe quien era más o menos.
He pensado mucho en mi infancia.No sé porqué, creo que siempre tuve complejo de inferioridad.Nunca me identifiqué con mi nombre ni con el diminutivo familiar por el que me llamaban. Mi madre siempre estaba nerviosa con mis hermanas mayores y a mi no me daba el calor de unas caricias ni de un beso. Mi padre trabajaba mucho y yo esperaba el domingo para que me regalara todo ese amor que no había sentido durante la semana. Comíamos churros con chocolate y en el comedor bailábamos Corazón de Melón.De ésa época solo recuerdo con mucha añoranza los veranos en una casa alquilada con mas gente en Sitges. Me convertía en el juguete de muchas personas mayores y me sentía contenta frente al mar, querida y agasajada. Más tarde, con 6 años ,mi papi compró un coche. Y entonces, si.Fuí feliz durante unos cuantos años.Me cambiaron a un colegio religioso donde no había niños que me amorataran las piernas con sus patadas y planeabamos durante toda la semana junto a unos vecinos y sus hijos que lugar de Catalunya íbamos a ir a visitar. Conocimos toda la geografia del territorio catalán, sus pueblos, sus bosques, sus playas, los rincones más o menos turísticos y mi mamá se volvió más cariñosa y comenzó a comprarme una colección de postales de los lugares a donde íbamos.Comíamos en los claros de los bosques, recogiamos hierbas aromáticas, comprábamos cocas artesanales, licores de hierbas de los monasterios... Mis hermanas no venían siempre con nosotros pues preferían quedarse solas en Barcelona, pero esos vecinos me hacían sentir parte de algo.Nos bañábamos en los rios frios , en los pantanos, cogiamos renacuajos, setas.... Luego mis padres empezaron a llevarme a que jugara con mis primos y primas a una masia cerca de casa donde una de mis tias había heredado la planta superior.Allí acabé de desarrollar mi sentimiento de inferioridad, pues mi prima Ana, siempre andaba pavoneandose de todo lo que ella tenía, bicicletas, juguetes,caprichos, que yo ni en sueños podía alcanzar. Yo crecí deprisa y fuí muy alta mientras que ella era muy bajita, Pero no sabía valorarme. Me llamaban la girafa y no me atrevía a quejarme a mis padres. Algunas veces me dejaban alli unos días al cuidado de mi tia abuela Anita.Yo la adoraba.La quería con locura.Solamente me sentía bien si ella estaba, puesto que con mi prima yo sufría y me sentía terriblemente inferior. Las noches en que mi tia Anita había cogido el bus para volver a su casa,lloraba en silencio deseando que mis padres vinieran a buscarme.Pero luego llegaba el domingo y aparecían mis padres, a veces con mis vecinos y con mi tia y su marido. Y volvía a ser muy feliz, disfrutando de la hierba húmeda, los pinares, el torrente, las calabazas plantadas, las uvas de las parras, las rosas de pitiminí... En cuanto cumplí los doce años dejó de interesarme ir allí y preferia quedar con mis amigas del barrio para ir al cine.Me empezaron a gustar los chicos y desde luego las chicas a las que les interesaba lo mismo que a mi. Así que aqui, puse fin a infancia en unas pocas semanas.
Maruja Torres, escritora, de Barcelona, mujer inteligente y luchadora definió en un artículo de un dominical, de hace ya unos cuantos años, que era para ella la felicidad. Y contó simplemente, que para ella no existía el término. Simplemente, sabía que era feliz en algunos momentos de su cuotidianidad, y que esos momentos podian durar apenas minutos. Por aquel entonces, yo me consideraba feliz.Tenía a mis dos niños pequeños sanos y encantadores, un marido bueno, un trabajo estable,unos padres sanos, hermanas, cuñados, sobrinos...Y era feliz. Así de simple. Pero han pasado algunos años. No sé, quizas 13 o 14 y todo lo que yo creía que era lo que me hacía feilz , se tambalea. Porqué en realidad Maruja tenía razón.Y la felicidad en su globalidad no existe.