Me sentía tan feliz, tan completa, tan llena de vida y energia con mi precioso bebé que fueron aquellos unos meses maravillosos. Jamás hubiera imaginado que cuando tosía, enfebrecía o le costaba respirar me volvía loca de dolor y lo hubiera dado todo para que él no sufriera.Pero Bruno tenía una enfermedad crónica que nos llevaba de madrugada y a toda prisa al hospital, una y otra vez.Los médicos me decían que no me asustara , que el falso crup, asusta pero tiene tratamiento y desaparece con la edad. Pero yo lo pasaba muy mal y rezaba para que no volviera a ocurrirle. Por otro lado era un niño cariñoso y bueno que nos hacía muy felices. Tanto, que decidí que mi felicidad podía estar en traer y querer con toda mi alma a otro niño al mundo. Y cuando Bruno tenía 14 meses, quedé de nuevo embarazada. Me sentía plena y muy feliz. Mis hijos se llevarían poco tiempo y podrían ser buenos amigos. Todo esto lo tejía yo en mi cabeza. Y fantaseaba en volver a ser madre, porque hasta entonces ,era la experiencia más alucinante que había vivido. Trabajaba media jornada.Al mediodia, ya iba para mi casa a descansar y estar con Bruno.Pero una mañana, defendiendo a una compañera que padecía esclerosis múltiple, y a la que un alumno de la escuela donde trabajábamos la intentaba agredir, me metí en medio y estiré con todas mis fuerzas el brazo del niño.Logré separarlo de Maribel, pero Joni tenía mucha fuerza y tambien tiró de mi.Llegaron otros maestros a defendernos del pequeño agresor. Despues de 18 años sé que Joni cumple condena en prisión por delitos graves. Lo noté enseguida. Y lo confirmé en el baño.Había perdido sangre y estaba de dos meses y medio. Nada pude hacer por salvar a mi bebé. La doctora me hizo meter en la cama y despues de dos días retorcida de dolor abdominal y anímico, perdí a mi pequeño.Hice constar expresamente, que patología no me dijera el sexo del bebé. Pero dentro de mi sabía que era mi pequeño Mateo. Era tres de marzo y en Barcelona sonaban los tambores de las fiestas de Sant Medir.Nunca olvidaré esa fecha.Y nunca he podido asistir a esa fiesta a recoger catramelos de los carros de los romeus. Y entré en una depresión. Me sentía culpable de haber perdido un bebe tan deseado. Y me pasé semanas llorando.
Más aún sintiéndome feliz la mayor parte del tiempo, sentía la necesidad de traer a este mundo una criatura para quererla y compartir esos sentimientos de ternura que tenía cada vez más a flor de piel. Supe el dá exacto en que me quedé embarazada, y esos nueve meses, con boda incluida en el ecuador ,fueron maravillosos, y experimenté la sensación de que no podía haber nadie más feliz que yo misma o como mucho las mujeres que estaban en mi misma situación. El 21 de setiembre a las 20,20 nació mi primer hijo.Era tan bonito, tan rico, tan bueno... Aquel mismo día como si la vida dejara clara su lección de que nacemos para morir, moría nuestro amigo Bruno Tanner de sida.En una clínica cercana, a la que había venido al mundo nuestro bebé. La noticia me la dió mi hermana que llegó llorando, vestida con una de las camisas que Bruno había diseñado y confeccionado.Mi marido había asistido al parto también con una de esas camisas. No pude evitar llorar por nuestro queridisimo, generoso y buen amigo Bruno. Cogí a mi bebo de la cuna de metacrilato y le dije besandole la carita morena y despierta: hola Bruno. ¿Te gusta tu nombre?
Pero cuando eres joven y fuerte, la tristeza, la rabia, la soledad y la melancolía se curan rápido. Porqué el día a día es trepidante, y las cosas cambian de una semana a otra, y gente de tu edad pasea sus angustias por los mismos sitios que tu. Se confunden la realidad y los sueños, la amargura del pasado con ilusiones de un presente y las esperanzas del futuro. Y allí lo encontré a él. Me lo presentaron.Un amigo de un amigo.Acababa de perder a su madre. Unos meses antes a su perro.Y le fué arrebatada toda su infancia y adolescencia quedándose huérfano de referentes, con ganas de seguir adelante pero con la inexperiencia de tener pocos años. Y el ser humano es cruel. Celoso y envidioso por naturaleza. El grupo de gente con el que pasamos el verano del 85, no soportó que fuéramos más allá de lo que el resto del grupo iba. Cenas entrañables, cocteles nocturnos en el barrio gótico,charlas en el piso compartido hasta que la luz del sol entraba por las ventanas.... Pero la complicidad entre dos personas que habíamos perdido recientemente una vida que ya no podíamos vivir de la misma manera, no fue entendida por nadie. Y tanto chicos como chicas nos hicieron sufrir, no solo el vacio, si no la angustia de ir encontrando señales de malos augurios por doquier.Fotos en que uno de los dos estábamos tachados, fotos cortadas, llamadas de madrugada con mensajes calumniantes, mentiras sobre el uno y el otro.... Algunos con los que compartía piso fueron capaces de mudarse al edificio de al lado, mucho menos grande y cómodo con tal de dejarme a mi sola con el alquiler y por supuesto con la necesidad de abandonar esa casa magnífica en pleno corazón del barrio de la Catedral. Ante esta situación, decidimos irnos a la Costa Brava de vacaciones , los dos solos. Y recuerdo conocer una pareja de Zaragoza con la que pasamos un par de semanas muy agradables y con los que volví a ser la misma persona extrovertida y "de buen rollo" que siempre había querido ser. Y lo inevitable sucedió. Pasamos a ser pareja y decidímos que me trasladaría a su piso en la zona alta de la ciudad y echaríamos de allí al aprovechado, que hasta entonces era compañero de piso de él sin pagar un solo céntimo y que tenía la desfachatez de haberse hecho unas tarjetas poniendo su nombre y debajo, periodista ,sin serlo, y la dirección en Pedralbes del piso que únicamente pagaba mi actual compañero.Ademáshabía sido él el que había ido envenenando a los demás con sus mentiras y sus ritos pueriles de fotos rotas. Las cosas fueron poniendose en su sitio y la coincidencia con estrenar nuevo lugar de trabajo, hizo que todo se normalizara.Nuevo grupo de amigos de verdad, con ganas de pasarlo bien, madurez,y el reconocimiento de nuestro vínculo como el de pareja de hecho. Y pasé dos primeros años muy feliz. No fueron momentos. Fué una sensación mantenida en el tiempo.Me sentía bien conmigo misma y con los demás.
Era una época en que cuando acababas la carrera tenías trabajo seguro.Así que no me dió tiempo a tener ni siquiera unos meses sabáticos para mi. Empecé a trabajar en una escuela donde todos éramos jovenes y la mayoría libres. Y de esa época recuerdo entrar en conflicto entre la angustia de dar clases en el aula, y la felicidad de las comidas , meriendas, salidas o cenas con los compañeros. Con dinero en el bolsillo, me permití viajar por fin al extranjero y pasar experiencias muy interesantes y muy divertidas.Tenía un buen físico, dinero en el bolsillo, un trabajo estable y unos padres que me cuidaban y me permitían preocuparme soloamente de mi. Me volví enamoradiza pero algo cruel en las relaciones con el sexo opuesto. Dejaba un compañero,si había otro al que le encontraba más gracias.Junto con mi amiga Neus lo pasábamos en grande, aunque la responsabilidad del trabajo fué el ancla que me tenía con los pies en el suelo. Hastá que creí enamorarme y me dejaron. En el peor momento.En la peor situación. Fué la primera vez que sufrí de verdad. Me habían abandonado sin escrúpulos.Y fué también la primera vez que recurrí a los psicofármacos para poder levantarme de una cama en la que no podía dejar de llorar. Quería superarlo y mi familia me ayudó , pero acabé pesando 42 quilos midiendo 1,62. La recuperación fué dolorosa.Intentaba superar esa angustia, negar lo evidente. Pero no podía. Por primera vez en mi vida me moría de rabia , pero también de tristeza.Y las dosis de tranquilizantes fueron en aumento.
Y de pronto, no me reconozco.Mi cuerpo se fragiliza,mi femineidad se enfatiza y mi coco empieza a relacionar unas cosas con otras a una velocidad de vértigo. Me dejo crecer la melena rubia, utilizo el lapiz kahal,visto de manera cuidadosamente descuidada, y de pronto empiezo a sentir que muchos chicos se interesan por mi. Paso tres años de auténtico frenesí enamoradizo; me siento segura con mi cuerpo y con mi mente. Canto bien, a Serrat, a Llach,y siempre encuentro compas que me acompañan a la guitarra en los trenes nocturnos que vuelven de la Autónoma. Paso mis primeras noches fuera de casa, durmiendo en brazos de los especímenes más atractivos de clase. En esa época me considero feliz. Mi ego se inflama y encajo muy mal los contratiempos.Pero són tan pocos...En mi casa me controlan poco, los estudios tiran adelante sin demasiado esfuerzo....el resto:pasarlo en grande sin compremeterme en nada. Sí, eso fue lo mas parecido a la felicidad sin límites, y que se alargó en el tiempo. Terminó el día que celebramos el fin de carrera en La Paloma. Luego, nunca fue lo mismo.
(En la foto , un poco psicodélica, el ultimo grupo de trabajo con el que realicé un estudio de campo.De izquierda a derecha, Lluís, Pili, Neus y en la esquinita con el pelo rubio y cara extranjera, yo misma)