Triste, nostálgica, apática, esos eran mis estados de ánimo. Y me acordé de mis amigos, porque sólo ellos podían sacarme de tal abatimiento. Los llamé y como siempre, no me fallaron; parecían 4 cocos, disfrazados de pistoleros de agua dulce, pues según ellos venían del Oeste... Les pregunté si tenían ya el Hotel buscado, ya que la última vez, armaron unos líos de conflicto. Me llevaron a las carreras dónde se empeñaron en ponerle ¡unas plumas a los caballos!! Pasamos la tarde en el circo y después estuvimos en una tienda dónde acabamos todos locos... ¡querían comprarme todo!!! Por la noche les invité a cenar una deliciosa sopa de ganso, en un restaurante llamado "Casablanca". Lo mejor y lo peor de todo fue, que esa misma noche fuimos a la Opera y casi consiguen, nos invitasen a marcharnos...y es que, mis amigos son únicos y muy especiales... Pero lo más importante, lo más bello de todo, fue que estuvimos juntos, que nos reímos hasta hartarnos, que vivimos cada momento como si fuese el último y que me dejaron, alegre, positiva y feliz... Eso sí, antes de irse, me dieron un consejo y fue que cuándo encontrase el amor, lo pusiera en ¡conserva! Me prometieron regresar cuándo menos lo espere. Los quiero mucho.