Ya llegué, me siento despacito frente al ventanal. Ahora que, todo lo malo se quedó mirando atrás, encontré un folio en blanco donde volver a empezar. Sabiendo ya donde me suelo tropezar será más fácil saber por donde avanzar.
Dile a quien mueve los hilos que hoy no cuente conmigo, dile que fue suficiente que ya no le necesito. Cuéntale que puedo sola. Tropecé como una tonta, pero ya fue suficiente que ya no le necesito.
Se acabó no puedo perder ya ni un sólo rato más. Basta ya, de la cama al sofá nada se va a arreglar. Y ahora soy yo quien va girar la rueda hacia donde yo quiero andar.
Hace veinticinco siglos, el general chino Sun Tzu escribió el primer tratado de táctica y estrategia militar.
Sus sabios consejos se siguen aplicando hoy en día en los campos de batalla y en el mundo de los negocios, donde la sangre corre mucho más...
Estos son algunos de los consejos, que el general recomendaba:
Si eres capaz, finge incapacidad. Si eres fuerte, exhibe debilidad. Cuando estés cerca, simula que estás lejos. No ataques nunca donde el enemigo es poderoso. Evita siempre el combate que no puedes ganar. Si estás en inferioridad de condiciones, retírate. Si el enemigo está unido, divídelo. Avanza cuando no te espere y por donde menos te espere, lanza tu ataque.
La luna estaba oscura en el firmamento; ese era el momento, en que la Diosa velaba su rostro a los ojos de la humanidad para buscar consejo en los mismos cielos y en los dioses. El hada Morgana, también se mantenía recluida durante la luna nueva, con dos jóvenes sacerdotisas que custodiaban su intimidad...élla era la Dama del Lago, la sacerdotisa de Avalón.
Los sabios druidas en un gran acto de magia, a fin de proteger este refugio mágico y sagrado, ocultaron la isla de Avalón al mundo de los hombres...
Ahora está escondida entre las brumas, salvo para los iniciados o para aquellos a quienes se revelan los caminos secretos del Lago. Los sacerdotes druidas supervivientes, se refugiaron en esta tierra escondida, Avalón, para seguir transmitiendo su antigua sabiduría.
Existe un lugar al norte del tiempo y al este de la realidad, donde se abre una puerta al mundo del más allá. Tomad la barca hacia la isla de Avalón, la isla mágica en la cual podréis curar vuestras heridas...y donde el tiempo se pierde en el infinito.
Esa noche, noche calurosa, el aire hervía de calor. Yo me eché en una terraza, sola, cara al cielo. No lejos de allí, sonaba fuerte la música. La gente bailaba, jubilosa, celebrando su fiesta patronal. Pero yo, tendida en la terraza, no quería escuchar la música, ni quería escuchar nada... Y estaba tratando de no sentir, de no recordar, de no pensar: en nada, en nada de nada.
Y en eso estaba, huyendo de mis recuerdos y tristezas, con los ojos clavados en la alta noche, cuando la hija pequeña de mi vecina, se echo tumbada a mi lado, y las dos en silencio, nos pusimos a mirar al cielo...
Entonces cayó una estrella fugaz. Yo podía haber pedido un deseo, pero no me dió tiempo... Y la niña pequeña, me sorprendió mirándome con ternura y preguntándome: --¿Sabes por qué se caen las estrellas? Es culpa de Dios. Es Dios, que las pega mal. El pega las estrellas con agua de arroz.
Y en ese momento besé a la niña y nos fuímos en busca de la música y de la gente...!!