Descripción: HOLA ME ENCANTA COMPARTIR MI AMISTAD CON TODOS LOS QUE VALOREN LA MISMA, QUE PIENSEN QUE MAS VALE UN BUEN AMIGO QUE UN MAL. AMOR. LA AMISTAD ES UNA LLUVIA DE FLORES PRECIOSAS QUE RIEGAN Y DAN ALEGRIA A NUESTRA VIDA, CULTIVEMOSLA.
Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó: - Yo nunca he venido por estos lugares, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano le respondió con otra pregunta: - ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes? - Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí. - "Así son los habitantes de esta ciudad", le respondió el anciano. Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: - Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta: - ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes? - Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos... - "También los habitantes de esta ciudad son así", respondió el anciano.
Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: - ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta puesta por dos personas? - "Mira -le respondió- Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí". "En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en si mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar".
Se encontraba una vez un hombre en medio de un momento muy difícil de su vida, los negocios y familia no iban nada bien. Constantemente el hombre trataba de luchar contra ello sin embargo cada vez las cosas parecían empeorar. Tuvo que realizar un viaje de negocios y mientras esperaba en el avión le rogó a Dios que le mostrara algo que le diera un poco de esperanza y fuerza, pues a pesar de los problemas el siempre confiaba en Dios. Ese era un día oscuro y tormentoso, tanto que las fuertes lluvias casi impidieron el despegue del avión.
Al despegar con toda la turbulencia el avión se movía y la turbulencia era impresionante y aquel hombre vio como se elevaba por encima de la nubes, dejando abajo la tormenta. Notó que sobre las nubes brillaba siempre el sol, radiante como siempre y ahí estaba el mismo cielo azul que las nubes no dejaban ver. Esto le dio las fuerzas y el ánimo que necesitaba pues vio que sin importar qué tan fuerte sea la tormenta Dios siempre está ahí por encima de todos los problemas, brillando con todo su esplendor.
Tu vida puede andar tal vez no en el mejor momento, puede ser que no veas claro pero debes creer que no estás sólo, por encima de esos problemas se encuentra aquel que te creó, pero que permite que veas la tormenta para que aprecies el sol radiante y el cielo azul que está creado para ti.
Sin importar en el momento de tu vida que este momento te llegue, recuerda siempre que hay luz por encima de la tormenta.
En un día caluroso de verano en el sur de la Florida ,un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde la casa miraba por la ventana y vió con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón.
El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remangó las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo...
"Pero las que usted debe ver son estas".
Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza.
"Las tengo porque mamá NO me soltó y me salvó la vida".
Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal. Suceden en nuestra vida muchos sucesos dolorosos que al ver hacia atrás podemos notar que fueron para bien de nosotros y de quienes nos rodean.
Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de mucho andar, el hombre se dio cuenta que tanto él, como su caballo y su perro habían muerto en un accidente (a veces los muertos toman tiempo para comprender su nueva condición). La caminata era muy larga, montaña arriba; el sol era fuerte, y ellos estaban cansados, sudados y tenían mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua. En una curva del camino vieron una puerta magnífica, toda de mármol, que conducía a una plazoleta con piso de oro, en el centro de la cual había una fuente de la que manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al guardián que, dentro de una ornamentada casilla, vigilaba la entrada.
"Buenos días", le dijo. "Buenos días", respondió el guardián. "¿Qué lugar es este, tan lindo?" preguntó el hombre. "Este es el Cielo", fue la respuesta. "Qué suerte que llegamos al Cielo! Estamos con mucha sed", dijo el hombre. "Pues el señor puede entrar y beber agua a voluntad", contestó el guardián, indicándole la fuente.
"Mi caballo y mi cachorro también están sedientos", comentó el hombre. "Lo lamento mucho", dijo el guardián,"pero aquí no se permite la entrada a los animales". "Pero ellos me han acompañado siempre", dijo el hombre. El guardián se limitó a menear la cabeza negativamente. El hombre quedó muy desilusionado, porque su sed era grande, pero decidió no beber si sus amigos no podían hacerlo. Así que prosiguió su camino.Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por una vieja puerta entreabierta. La puerta se abría hacia un amplio camino de tierra, con verdes árboles a ambos lados que brindaban buen cobijo del sol. A la sombra de uno de ellos había un anciano de blanca barba, apoyada sobre el tronco; parecía adormilado, con la cabeza cubierta por un sombrero. El caminante se aproximó.
"Buenos días", le dijo. "Buenos días", respondió el anciano. "Estamos con mucha sed, mi caballo, mi perro y yo. Hay algún lugar donde podamos encontrar agua?" "Detrás de aquellos matorrales hay un manantial", contestó el anciano. "Pueden beber a voluntad".
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta el manantial, y finalmente pudieron calmar la sed y refrescarse. Al volver hasta donde estaba el anciano, el hombre le agradeció. "Pueden volver cuando quieran", fue la respuesta. "A propósito", dijo el caminante, "cuál es el nombre de este lugar?". "Están en el cielo", contestó el anciano con una sonrisa. "¡Pero no es posible!" exclamó el hombre. "El guardián que estaba al pié de la montaña, junto al gran portal de mármol, nos dijo que el Cielo era aquel!" "No, aquello no es el cielo, es el infierno." El caminante quedó perplejo.
"Pero entonces, esa es una información falsa, y puede causar grandes confusiones!!!" "De ninguna manera", respondió el anciano.- "La verdad es que ellos nos hacen un gran favor, porque allá se quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos….. "