Esos tus hermosos ojos
son en ti, divina ingrata,
arpones cuando los flechas,
puñales cuando los clavas.
Esa tu boca traviesa,
brinda entre coral y nácar,
un veneno que da vida
y una dulzura que mata.
En ella las gracias viven;
novedad privilegiada,
que haya en tu boca hermosura
sin que haya en ella desgracia.
Primores y agrados hay
en tu talle y en tu cara
todo tu cuerpo es aliento,
y todo tu aliento es alma.
El licencioso cabello
airosamente declara,
que hay en lo negro hermosura,
y en lo desairado hay gala.
Arco de amor son tus cejas,
de cuyas flechas tiranas,
ni quien se defiende es cuerdo,
ni dichoso quien se escapa.
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
El hombre es la más elevada de las criaturas
La mujer es el mas sublime de los ideales
El hombre es el cerebro
La mujer es el corazón
El cerebro fabrica la luz; el corazón, el amor
La luz fecunda, el amor resucita
El hombre es fuerte por la razón
La mujer es invencible por las lágrimas
La razón convence, las lágrimas
La razón convence, las lagrimas conmueven
El hombre es capaz de todos los heroísmos
La mujer de todos los martirios
El heroísmo ennoblece; el martirio sublima
El hombre es un código. La mujer es un evangelio
El código corrige; el evangelio perfecciona
El hombre es un templo. La mujer es un sagrario
Ante el templo nos descubrimos;
Ante el sagrario nos arrodillamos.
El hombre piensa. La mujer sueña
Pensar es tener en el cráneo una larva;
Soñar es tener en la frente una aureola;
El hombre es un océano. La mujer es un lago.
El océano tiene la perla que adorna;
El lago la poesía que deslumbra
El hombre es el águila que vuela
La mujer es el ruiseñor que canta
Volar es dominar el espacio;
Cantar es conquistar el alma.
En fin
El hombre está colocado donde termina la tierra
La mujer donde comienza el cielo...
En los erguidos rostros de las rosas,
Que sonreían con feliz deliquio
en ese paraíso que hechizaba
De tu presencia en él la poesía.
Te vi, como los ángeles, vestida
de blanco, en muelle alfombra de violetas
El cuerpo dulcemente reclinado,
Mientras que, de la luna,
la plateada luz se reflejaba
en los rostros erguidos de las rosas
Y en tu bello semblante
Al cielo alzado con profunda pena.
¿No fue el mismo Destino
Quien en la dulce medianoche -en julio-
No fue el mismo destino (cuyo nombre
También es Sentimiento) quien detuvo
Mi paso en el dintel del paraíso
Para aspirar el delicado incienso
De esas dormidas rosas?
Todo era soledad, silencio, en torno.
Y, mientras daba a su ruindad olvido,
El mundo que aborrece el alma mía,
Del impalpable sueño en los misterios,
Dos seres angustiados
Velábamos a solas: tú conmigo.
La pálida hermosura
Del cielo descendido a tu existencia,
Miré con devoción; y, al encontrarse
Mi vista con la tuya,
Todo dejó de ser, formas y vida
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
mientras la humanidad siempre avanzando,
no sepa a dó camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llora sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,