Por la amistad que me profesas, Por mis defectos que no notas, Por mis valores que estimulas, Por mi fe que alimentas,
Por esta paz que nos transmitimos, Por este pan de amor que repartimos, Por el silencio que dice casi todo, Por esa mirada muda que reprueba,
Por esa mirada que dice: ¡Amigo, vas hacia adelante!, Porque no te callas y no consientes, Por la pureza de estos sentimientos, Por estar presente en todos los momentos, aún cuando estás ausente,
Por ser feliz cuando me ves contento, Por estar triste cuando estoy entristecido, Por reír conmigo cuando estoy alegre, Por reprenderme cuando estoy equivocado,
Por mi secreto que siempre guardaste, Por tu secreto que sólo yo conozco, Por darme cuenta que apenas lo merezco, Por ese amor fraterno tan constante,
Porque en cada instante me acercas a Dios, Por todo esto y mucho más yo te digo: Dios te bendiga, mi querido amigo,mi querida amiga.-
Que llegar alto no es crecer. Ni que escuchar es oír. Ni lamentarse es sentir. Que mirar no siempre es ver. ¡Ni acostumbrarse es amar ..!
En el camino aprendí...
Que andar solo no es soledad ... Que la cobardía no es paz. Ni se es feliz por solo sonreír. ¡Y que peor que mentir es silenciar la verdad!
Que puede un sueño de amor abrirse como una flor y como esa flor morir ... pero que en su breve existir: ¡Es todo aroma y color …!
El camino me enseñó: Que no es sumisión la humildad. La humildad es ese don que se suele confundir: “No es lo mismo ser servil, que ser un servidor …”
Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aún teniendo que llorar, cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir... descansar acaso debes, pero nunca desistir
¡Cuando todo esté peor, más debemos insistir!
En mi largo camino aprendí que los amigos son:
Para el frío: ABRIGO.
Para la oscuridad: LUZ.
Para el miedo: REFUGIO.
Para la adversidad: ESPERANZA.
Y para aquellas personas que lean esto, también ofrecerles mi amistad...
Había un viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. A algunas de ellas, él sabía responder, a otras no..
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder. Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al sabio.
“¿Qué vas a hacer?” –preguntó la hermana. “Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta”
“Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!”
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
- “Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?”
Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: “Depende de ti... Ella está en tus manos.”
Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro. No debemos culpar a nadie cuando algo falle: somos nosotros los responsables por aquello que conquistamos (o no conquistamos).
Nuestra vida está en nuestras manos, como la mariposa azul... Nos toca a nosotros escoger qué hacer con ella.
Los sueños se construyen en el almacén de la memoria con retazos de ilusiones que han quedado, vaya a saber uno desde cuando. Tienen los colores del día presente con millones de matices del pasado. Entre ellos también están los que avisan de un futuro o nos recuerdan el estado de nuestros tiempos internos y externos.
Los sueños se abastecen de emociones y necesitan de la energía de la vida que cargada en la batería del cuerpo moviliza al ser que dispone de una cantidad de energía suficiente para vivir y encontrar plenitud. Los sueños son esas vivencias del alma que convence a cada parte del cuerpo para cruzar a otras realidades, que nos sumergen en las paz algunas veces, en inquietud otras, en alegrías y emociones, en creencias y diversiones.
Los sueños son el escape que encuentra el ser para transitar los cielos a los que no llega, a la tierra que no encuentra, al infinito que no recuerda. Y en esos movimientos incesantes de ida y de vuelta, se van armando realidades que se concretan en alguna parte.
Todos tenemos sueños cuando dormimos, cuando el alma suelta de presiones racionales se despereza en vuelos intensos y es en intensidades que se miden los sueños, no en tiempos, y en cada intensidad van cimentándose los estrechos muros de una nueva realidad.
Sabes, muchos de los grandes inventos han aparecido en los sueños de algún soñador, otras veces, en nuestros sueños reinventamos nuestra realidad y también estando despiertos... tenemos algún sueño, como por ejemplo el sueño de alcanzar algo en la vida, y es que Dios en su infinita grandeza ha permitido que cada criatura pueda soñar despierto para trazar un rumbo que lleve a cada quien a su propia felicidad, porque de vivencias se alimenta el alma universal de Dios en cada una de sus creaciones. Por eso no temas soñar. Sueña que alcanzarás tus objetivos y tus objetivos pronto pueden ser una realidad. Los sueños están hechos del mismo material que nuestra realidad, solo difiere en la intensidad que ponemos en la forma que tenemos para percibir.
La celebración de la llegada del Espíritu de la Navidad es una tradición de origen nórdico, que paulatinamente se introdujo en Venezuela. Esta festividad toma la fecha del 21 de diciembre, día en que la Tierra entra en el Solsticio de Invierno, es decir, cuando el planeta se encuentra en el punto más lejano de su órbita respecto al sol; es la ocasión propicia para que, entre las diez y unos minutos pasada la medianoche (según el año) el Espíritu de la Navidad baje a la tierra y visite a los hombres de buena voluntad.
Cuenta la leyenda que, hace uno ochenta y dos mil años, un ser de una galaxia muy lejana llegó al planeta Tierra, específicamente en la zona que actualmente se conoce como Escandinavia. Este individuo, caracterizado por una contagiosa alegría, era un viajero errante que predicaba sus conocimientos sobre la vida en otras galaxias.
De contextura delgada, alto y apariencia juvenil, del cuerpo de aquel ser trascendente se desprendían destellos luminosos de color rojo y dorado. Estas emanaciones se transmutaban en oro y piedras preciosas, las cuales eran recibidas por los pobladores como obsequios de condensación de energía y no por una valía mercantil, inexistente en aquellos tiempos inmemorables.
Como todas las leyendas, esta maravillosa historia esconde un trasfondo realista. El ahora conocido como el Maestro de la Natividad fue un hombre muy bondadoso, característica que le mereció la inmortalidad en una figura magnánima que, cada año, está dispuesta a dar millones de regalos.
La gran sabiduría de este individuo se tradujo en la percepción generalizada de que era un anciano, el cual deambulaba por los fríos (y ahora inexpugnables) parajes en los que se recrea la leyenda. La apariencia de quien fuera el sustrato mortal para ese divino ser difiere mucho de su representación tradicional de una persona obesa con barba. La verdad olvidada: un hombre alto, rubio, con grandes ojos azules, cara ovalada y figura delgada.
En la agonía de cada año, el Espíritu de la Navidad desciende de forma etérea en todos los hogares que le dan la bienvenida, recibimiento que se retribuye con abundancia, paz y amor para los próximos doce meses.
Como recibir al Espíritu de la Navidad
La manera más sencilla de recibir y celebrar la llegada del Espíritu de la Navidad es con sana alegría, acompañando ese sentimiento con la ignición de velas rojas, doradas y violetas, siempre en números impares. La bienvenida se representa simbólicamente con la apertura de todas las puertas y ventanas, además del uso de esencias de mandarina en el hogar.
Posteriormente, se reza una oración muy personal y se procede a un acto de reflexión, pidiendo sinceramente el perdón por todas las faltas cometidas. De haberse celebrado previamente esta festividad, se recorta cada una de las peticiones de la lista del año anterior y, en la medida en que son incineradas individualmente, el momento es propicio para agradecer a Dios por los deseos cumplidos.
Después del acto de purificación, se hace una nueva lista de peticiones para el período venidero, siempre usando una sola cara de una hoja papel, para así contar con el espacio suficiente al momento de recortar cada solicitud. El número de las peticiones también debe ser impar, en cada una de las siguientes categorías:
Por la Humanidad Por el País Por nuestros amigos y familiares Por nosotros mismos Es importante destacar la presencia de las peticiones espirituales, pues tienen mayor fuerza que las materiales, las cuales llegarán por añadidura. Entre las solicitudes que se pueden hacer, unos buenos ejemplos serían: comprensión, armonía (en la pareja, relaciones comerciales o empresariales), salud, el abandono de malos hábitos o vicios, etc. La lista de peticiones es algo muy personal que se ha de guardar celosamente hasta el siguiente año, cuando se hace una evaluación de las solicitudes cumplidas.
Oración de Bienvenida
En tu nombre, Presencia Todopoderosa, doy la bienvenida al Santo Espíritu de la Navidad, quien baja a este planeta con la misión de dar. Te saludo, te reconozco y te bendigo; te doy las gracias por la maravillosa labor de amor, alegría y paz que realizas.
Abro las puertas de mi corazón y de mi hogar a tu radiación, y te reconozco como huésped privilegiado al festejo. Demando, acepto, recibo y realizo una abundante provisión para mí, para mi familia, mis amigos y para toda la humanidad (pide salud, felicidad, prosperidad, abundancia, desarrollo espiritual y las cosas materiales que desees).
Invoco la ley del perdón, la llama violeta transmutadora y la llama rosa de amor divino, para disolver con amor todo lo inarmonioso durante estas navidades en mi hogar y en el planeta. Luz a la tierra, de manera que la paz, el equilibrio, el bienestar y la alegría llene mi vida y el mundo entero.
Yo soy la fe que mueve montañas. Yo soy la esperanza de dar y recibir en grande. Realizo la grandeza de la magna presencia y la prosperidad que viene a otorgar la natividad. Borro en mi mente, con luz violeta, todo concepto de limitación y escasez, y no lo acepto más.
Que el fuego sagrado de la transmutación limpie y purifique la Tierra durante estas navidades, para que el Espíritu de la Navidad se encuentre bien en el tiempo que nos visita, y pueda cumplir su labor sin interferencias. Yo soy la transmutación de la llama violeta en acción, y la perfección del amado Maestro de la Natividad se manifiesta en el planeta entero por el poder del amor divino (permanece unos instantes en silencio y visualiza la tierra envuelta en una luz violeta y rosada, después de agradecer por lo que te sucede).