Hay una promesa en la Biblia que frecuentemente pasamos por alto, pero que nos dará ánimo en los momentos en los que parece que las cosas no nos están saliendo como las planificamos: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto y que vuestro fruto permanezca" (Juan 15,16)
Son las palabras que Jesús dirige a sus discípulos, mediante las cuales les está declarando cuál será el destino de cada uno: ¡Dar mucho fruto! En el corazón de Jesús hay algo que está bien claro: Hemos sido destinados para triunfar, para dar fruto y un fruto que permanezca, un fruto bueno. Nadie puede decirle lo contrario. Nadie puede decirle que su vida será un fracaso o que usted será un fracasado.
El que nos creó, en el manual escribió que nuestro destino es un destino de mucho fruto. Por favor, deje ya de decir que su destino es sufrir, que su destino es estar fracasado para siempre, que su destino es nunca salir del hoyo en el que se encuentra, la soledad en la que se encuentra, la crisis por la que atraviesa. Mil veces no. Su destino no es cuestión de suerte, es cuestión de elección. Jesús eligió uno para usted: ¡Uno en el que hay mucho fruto! Ahora la pregunta es: ¿Cuál es el que elige usted?.
El plan de Dios es que demos fruto, que obtengamos buenos resultados con nuestra vida. Pero ese fruto no cae del cielo. Ese fruto requiere de todo un proceso de siembra. Requiere de un gran esfuerzo de cada persona para lograr lo que sueña o se propone. Se requiere trabajo y entender el principio de la siembra y la cosecha. Es el apóstol San Pablo el que lo explica: "No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre sembrare, eso mismo cosechará" (Gálatas 6,7)
Septiembre nos deja sabor a verano. Colores azules y aires calientes se van apagando. hoy le damos la bienvenida al otoño y cambiará totalmente el decorado: colores dorados, suelos rojizos y frescos vientos que juegan a desnudar las ramas de los árboles.
Cuando nuestra vista puede contemplar una imagen así, resulta difícil resistirse a disfrutar de unos instantes de paz. Quién no se ha preguntado en dónde se esconden las nubes, qué habrá detrás de ellas y quién no se ha asombrado del intenso color azabache que tiñe el ocaso.
Y es que siempre me ha gustado el OTOÑO.
Se dice que la caída de la hoja produce una sensación de tristeza y melancolía y que sus días cortos no ayudan mucho a levantar el ánimo. En cambio a mí me parece una estación de sosiego que invita a la reflexión. Cuando era niña solía pasear por escenarios de árboles amarillos. Con los pies arremolinaba los restos de ramas húmedas, buscaba los dibujos que el viento había hecho con las hojas caídas, inventaba caras y hasta escribía palabras.
…No digas PADRE, si cada día no te portas como hijo. …No digas NUESTRO, si vives aislado en tu egoísmo. …No digas QUE ESTAS EN LOS CIELOS, si solo piensas en cosas terrenales. …No digas SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, si no lo honras …No digas VENGA A NOSOTROS TU REINO, si lo confundes con el éxito material …No digas HAGASE TU VOLUNTAD, si no la aceptas cuando es dolorosa. …No digas DANOS EL PAN DE CADA DIA, si no te preocupas por las gentes con hambre, sin cultura y sin vivienda …No digas PERDONA NUESTRAS OFENSAS, si no amas a tu prójimo para perdonarlo cuando te ofende. …No digas NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACION, si tienes intención de seguir en un camino equivocado …No digas LIBRANOS DEL MAL, si no tomas partido contra el mal. …No digas AMEN, si no has tomado en serio las palabras del PADRE NUESTRO