Pensaba hoy en la soledad. En sentirse libre. Sin responsabilidades, explicaciones...
Al salir de una relación nos quedamos como huérfanas, nuestra rutina desaparece y tenemos que inventarnos un mundo nuevo. Elegimos todos aquellos errores que no queremos repetir y nos empeñamos en huir de todo lo que se parezca a ellos. No toleramos que las demás personas hagan o digan lo que no te gustó en tu relación anterior. Por primera vez te enfrentas cada día a la libertad de tus decisiones: ¿qué cenar? ya no deciden por ti, ya abres el frigorífico y coges lo primero que te apetezca aunque no sea sano... total, todo tiene vitaminas, proteinas, todo te ayudará a seguir un día más viviendo.
Llega el fin de semana y piensas... ¿me voy aquí? y sólo tú decides si vas o vienes, sin explicaciones.
Se acabaron los horarios compartidos, las salidas organizadas, los planes de futuro... y te quedas tú. Y descubres que quizás tu compañía es un coñazo, que es más distraida con alguien más. Pero por otro lado, sientes paz.
No te gusta tu vida, pero tampoco te gustaba lo que tenías antes. Te falta algo. No sabes qué. Y piensas que mejor esperas a que ese algo se haga tangible, a que algún estímulo externo te de la pista de qué necesitas. Pero sigues esperando. Y te preguntas qué carajo te falta para ser feliz.
Te replanteas tu vida, y desde la perspectiva actual ves que siempre te faltó algo que nunca pudiste identificar.
Y piensas que la pareja ha sido un parche para tu búsqueda, te inventas ilusiones con un futuro para no pensar en ello.
En esta primera sesión hablaremos de los mejores amigos de una lesbiana: su clítoris y el de todas las demás. Hay quien los llama ‘botoncito de placer’, pero decidme: ¿son realmente un botón? La respuesta correcta es ¡¡NO!!
Hay que saber tratar a un clítoris como se merece. La ventaja que tenemos es que nosotras también venimos equipadas con uno, así que os invito a que nos autoexploremos todas juntas para ver qué podemos hacer con él.
Para ello os traigo un sencillo ejercicio. Poneos cómodas y seguid conmigo estos cómodos pasos (si lo creéis necesario, podéis imprimirlos):
Apaga o aparta cualquier elemento que pueda distraer tu atención, como el televisor, el tetris o el tomo 6 del Diccionario Enciclopédico. Utiliza dos dedos de tu mano izquierda para separar las prominencias y todo lo que se interponga entre tú y tu clítoris. Si interponen muchas cosas, es que tienes un problema o estás haciendo algo mal. Con el dedo medio de la mano derecha, ejerce una presión moderada e inicia un suave movimiento centrípeto circular de derecha a izquierda, que luego vayas combinando con movimientos centrípedos, intermitentes, ascendentes y diagonales si procede. Sobre todo, deja que fluya tu imaginación. Ve añadiendo dedos progresivamente en un crecimiento exponencial (siempre con potencias de base dos), hasta que se te acaben. Usa la calculadora si es necesario. Aumenta y disminuye la presión en intervalos irregulares. A las que sepan morse, les recomiendo encarecidamente deletrear la palabra “cilantro” tres veces seguidas. Hace milagros. Repite los pasos 3, 4 y 5 cuanto creas conveniente hasta lograr el efecto deseado, o bien hasta que empieces a ver estas letras borrosas. ¿Ya? ¡Enhorabuena! Tu clítoris ha dejado de ser un misterio para ti. Me despido no sin antes apuntar que en todos nuestros ejercicios recomendamos higiene y moderación. Ahora os invito a compartir vuestras dudas y sugerencias con todas nosotras.
El gusto de los japoneses por la tecnología se manifiesta en los juguetes sexuales, como lo demostró este fin de semana la apertura de una exposición especializada en Tokio, en la que entre otros se presentó un vibrador con forma de falo que responde a los sonidos de un auricular.