Te espero en la quietud del tiempo En la mirada tranquila De quien suspira un beso De quien sana una herida Te espero en las noches solitarias Del mas dulce embeleso En las calmadas orillas De los secretos tiempos Y en las calmadas horas De mi voz, llevo por dentro Los recuerdos de un te quiero Las caricias de un momento Que no han sellado la espera Porque te aguardo en silencio Porque mi piel te revela Las ganas de tenerte dentro Y mientras mi calma se agita Mi soledad va diciendo ¡Cuándo llegará ese día! ¡Cuándo llegará el momento! Que tu deseo y el mío Se unan en un solo cuerpo Para colmarte de besos Y decir... ¡Cuánto te quiero!
Beso que ha mordido mi carne y mi boca Con su mordedura que hasta el alma toca! ¡Beso que me sorbe lentamente vida, como una incurable y ardorosa herida!
¡Fuego que me quema sin mostrar la llama y que a todas horas por más fuego clama! ¿Fue una boca bruja o un labio hechizado el que con su beso mi alma ha llagado? ¿Fue en sueño o vigilia que hasta mí llegó el que entre sus labios mi alma estrujó?
Calzaré sandalias de bronce e iré. Adonde esté el mago que cura me dé. ¡Secadme esta llaga, vendadme esta herida que por ella en fuga se me va la vida!
Juana de Ibarborou
Ay, amor que te fuiste en silencio dejando mi alma herida de muerte por tu ausencia.
Eres toda de espumas delgadas y ligeras y te cruzan los besos y te riegan los días. Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada. Vaso de resonancias y de estrellas cautivas. Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren. Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas.
Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame. Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida! El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo. Caen, mueren las llamas en la noche infinita.
Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias, líbrame de esta noche que acosa y aniquila.
Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia. Anhélame, retiéneme. La embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos, las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre. Ámame, ámame, ámame. De pie te grito! Quiéreme. Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego en la noche preñada de estrellas y lebreles. Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame. Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere.
Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete. No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos. Que me crucen la frente los látigos del hielo. Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos. Huye, Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola. Debe crucificarse, hacerse astillas, rodar, verterse, contaminarse sola, abierta a la marea de los llantos, ardiendo en el ciclón de las furias, erguida entre los cerros y los pájaros, aniquilarse, exterminarse sola, abandonada y única como un faro de espanto.
Pablo Neruda
Cuanta belleza encierran los poemas de Neruda, con gusto comparto esta hermosura.