Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros y en mí la noche entraba su invasión poderosa. Para sobrevivirme te forjé como un arma, como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. Pero cae la hora de la venganza, y te amo. Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste! Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia. Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso! Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
Pablo Neruda Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada
Te acordarás un día de aquel amante extraño que te besó en la frente para no hacerte daño. Aquel que iba en la sombra con la mano vacía, porque te quiso tanto que no te lo decía.
Aquel amante loco que era como un amigo y que se fue con otra para soñar contigo... Te acordarás un día de aquel extraño amante, profesor de horas lentas... con alma de estudiante.
Aquel hombre lejano que volvió del olvido solo para quererte como nadie te ha querido. Aquel que fue ceniza de todas las hogueras y te cubrió de rosas sin que tu lo supieras.
Te acordarás un día del hombre indiferente que en las tardes de lluvia te besaba en la frente. Viajero silencioso de las noches de estío que sembraba en la arena su corazón tardío.
Te acordarás un día de aquel hombre lejano, del que más te ha querido... porque te quiso en vano. Quizás así de pronto te acordarás un día de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.
Tu rosal preferido se secará en el huerto como para decirte... que aquel hombre se ha muerto. El andará en la sombra... con su sonrisa triste y únicamente entonces... sabrás que lo quisiste.
Yo he vivido mi vida: Si fue larga o fue corta, Si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa. Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero, Si el amor o la muerte, lo que pase primero.
Algo tuve algún día; lo perdí de algún modo, Y me dará lo mismo cuando lo pierda todo. Pero no me lamento de mi mala fortuna, Pues me queda un palacio de cristal en la Luna, Y por andar errante, por vivir el momento, Son tan buenos amigos mi corazón y el viento.
Por eso y otras me deja indiferente, Aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente. ¿Trampas? Pues sí, hice algunas; Pero, mal jugador, yo perdí más que nadie Con mis trampas de amor.
¿Pecados? Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona, Porque, a pesar de todo, Dios no es mala persona. ¿Mentiras? Dije muchas, y de bello artificio, Pero que en un poeta son cosas del oficio. Y en los casos dudosos, si hice bien o mal, Ya arreglaremos cuentas en el Juicio Final.
Eso es todo. He vivido. La vida que me queda puede tener dos caras, Igual que una moneda: una que es de oro puro La cara del pasado y otra la del presente Que es de plomo dorado.
Por lo demás, ya es tarde; pero no tengo prisa, Y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa, Y seguiré viviendo de la misma manera, Que es vivir cada instante como una vida entera, Mientras siguen andando, de un modo parecido, Los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.