Estoy aquí de hinojos, Señor, que desde lo alto así me miras, dejame ver tus ojos... que vea no hay enojo, ni en tu mirada un asomo de ira.
Cuando al pasar te miro, y veo el vil madero en el que se apoya tu cuerpo dolorido, quiero que sean míos tu dolor y la angustia que te ahoga.
Hoy quiero preguntarme mirando las miserias de mi vida, por qué quisiste amarme, y no supiste, Dios, abandonarme, cuántas veces cruel, hurgué en tu herida.
Ya sé que no merezco por tu bondad, Señor, ser redimido, mas en tus brazos crezco, y hallo en ellos la luz de que adolezco cuando en tu corazón hago mi nido.
Olvida mis pecados y acoge al alma mía arrepentida, sea tu corazón enamorado quien ponga en la balanza, Dios amado, solamente el amor que hay en mi vida.
Desconozco el autor
Que estos Días Santos nos permitan ir al reencuentro de nuestros valores fundamentales y retomemos la vida diaria llenos de energía positiva y amor universal
Mi libertad que nació conmigo, en mayo y libre, sin saber que tenía las alas inmensas, en el rincón de los prejuicios, la encerraron, la creyeron de acero y la golpearon, la creyeron ciega y la eclipsaron, la sobre-pobre-protegieron.
Y con el tiempo…
Mi libertad creció, con un color camaleón sepia, mi libertad olía a ropa guardada, naftalina e incienso, mi libertad era hipócrita, de doble moral y convenida, mi libertad agonizaba cansada y aburrida.
Quería decirle a mi libertad que era libre, libre de veras, pero no me oía, estaba medio sorda, castrada y dormida, en la vieja y húmeda estancia de la esquina de mi vida, sobre sus blancas alas, tristemente encogida.
Mi libertad tenía las alas grandes, inmensas pero débiles y rotas…
Mi libertad curó sus alas rotas, cuando vi de pronto confundida, que me encontraba a mi misma desnuda, llorosa, allí, en cuclillas, frente al gran espejo de mi vida, mirando su gran sombra arrancada de la mía.
Mi libertad la liberé del olvido, con orgullo, con ilusión, con ternura y coloreé sus alas inmensas y blancas, con el dorado ardiente del dolor de mis heridas.
Mi libertad salió un día de su obscuro encierro, cuando tú y yo, tomados de la mano, pudimos caminar por distintos senderos, cuando me amabas pero no era tuya, sino sorprendida, me sentí por vez primera, mía-mía.
Mi libertad tiene ahora, el color del oro y del fuego, el olor de una mañana de Sol, de pasto húmedo recién cortado.
Mi libertad tiene el sabor del vino añejo, cuando de verdades la embebo. Mi libertad mezcla tu perfume y el mío, cuando nos vamos de paseo.
Mi libertad puede volar suavemente, como una caricia de tus blancas manos sobre mis maduros, pequeños pechos, o volar curiosa, estrepitosa y salvaje, como cuando por las noches nos amamos, en la intimidad de nuestro lecho.
Mi libertad celebra ahora mis mayos, tus septiembres, los julios, los octubres, y cada diciembre, que caminando sobre la nieve de nuestros años, al calor de nuestro amor, tiritando se aproxima.
Mi libertad no la comparto con ninguno, pues es tan excelsa y tan mía, que no mira más que con mi mirada, no late más que de mis latidos, no respira más que de mi respiro.
Mi libertad tiene más de cinco sentidos, mi libertad no tiene forma, religión, ni sexo. Mi libertad no cree en Dios ni en el diablo, pero toca con sus puntas aladas, tanto el cielo como el infierno.
Mi libertad viaja de extremo a extremo, mi libertad si vieja, es joven de espíritu, mi libertad me espera callada y sumisa, pero me reclama vehemente y agresiva, cuando piensa que la olvido.
Mi libertad un día, en el que tenía las grandes alas heridas y rotas, alzó vuelo como pudo y me llevó, en un último intento, al punto mas lejano de mi extremo y me hizo tocar con nuestro delirio el cielo.
Desde entonces… mi libertad, es libre, dorada de dicha, blanca de conciencia… mi libertad.
A las alas de mi libertad, grandes, inmensas, heridas y rotas que curaron tu amor y el mío.
Esmeralda Deike
A veces sentimos que las alas de nuestra libertad se han roto, especialmente cuando los caminos de la desesperanza y la soledad se juntan. Pero ellas siempre sanan y nos ayudan a levantar el vuelo para reencontrarnos con nosotros mismos y la paz y armonía regresan a nuestra vida.
Era una noche tan fría cuando salimos despacio para alumbrarte a la vida camino de un dispensario. Buscábamos la alegría de compartir otro abrazo y nació un niño distinto, pequeño y de ojos rasgados.
Me acuerdo de aquella sala, gentes vestidas de blanco, y la cara de aquel médico en su papel de togado, con la mirada perdida: algo había fallado. La angustia de aquel momento, solos tu y yo, y nuestro enano, el mundo se nos caía pero duró sólo un rato, comprendimos que en la vida no todo es bueno o es malo.
Eras un niño perdido, te arrope entre mis brazos, todavía estaba aturdido, sin saber que había ganado. Y doy gracias a la vida porque a mi me haya tocado esta bendición del cielo en forma de Ángel humano. Habla con Dios cada noche su querubín más preciado, don generoso y derroche es la ternura en sus manos, una sonrisa en su boca, no falta amor en sus labios.
Algunos buscan la herida donde poder siempre hurgarnos, ciegos que no ven la viga como sepulcros blanqueados, pero tu y yo sabemos, amigo, que Dios está a nuestro lado. Se llama Andrés y es mi hijo, ahora ya es todo un muchacho y todavía me pregunto: "¿por qué buscó Dios mi casa?" para dejar un regalo.
Andrés Martínez
Bendito el hogar en el que Dios regala a un agelito para que ilumine y de luz a una familia.
Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aún siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.
Juan Pablo II
No importa tu ideología politica ,tu color o religión; si amas la libertad, la paz, si eres mujer u hombre amante de la justicia y solidaridad, copia este mensaje tal cual está y agrega tu nombre para que dé la vuelta al mundo y pueda llegar al corazón del destinatario.