Quisiera ser tu propio pensamiento, la inseparable sombra que te siga si no ya como amante, como amiga, en sol, en luna, en luz de apartamento.
Quisiera ser el vaho de tu aliento, la inquietud afectiva que te intriga, de tu edificio columnata y viga, de tus heridas oloroso ungüento.
Tanto quiero ser tuya, hacerte mío, que dejaré mi espíritu vacío para que lo satures de tu esencia.
Remolca mi silueta en tu sendero, sombra adherida a tu vagar ligero, y absórbeme en tu piel y en tu existencia.
Desconozco el autor
Cuantas veces creemos que amar y que nos amen es fundirnos como sombras en aquella persona que amamos y olvidamos que debemos respetar su espacio vital.
Asi soy, la que poco a poco, va rompiendo su caparazón.
Detrás de la piedra que me cubre, está la mujer que piensa, que vive, que apasiona, la que intenta ser feliz a toda costa, sin dañar raíces ni personas.
No soy la estatua que sirve, para colgar trapos de otros, me estoy descubriendo y me gusta lo que veo en mi interior....
No solamente un ser que respira, soy un ser humano, con todo lo que implica.
No es fácil quitarme tantos años de opresión, ya ves, me está costando sacarme esta caparazón.
Dura y resquebrajada, muchos dirán de mi.... y si supieran lo hermosa que es la mujer que ves aqui...
Cuando este libre de todo, ya me podrán sentir, es la belleza interior, la que hoy me hace feliz.
Desconozco el autor
No soy solo un caparazón, dentro de mi hay una mujer que vive, que ama y que vibra con la intensidad de mi alma
Se le olvidó cantarle a la esperanza... y sus pasos menguados ya se acortan; tal vez porque no tienen un ensueño; tal vez porque no encuentran donde asirse.
Lo atormenta lo andado inútilmente; las épocas vividas sin mesura; el amor desdeñado y sin respuesta; el abandono de sus propios frutos.
¿Dónde quedó aquel sol esplendoroso que le daba calor a sus desvelos que alumbraba sus días taciturnos... y animaba las glorias y los triunfos que le daban motivos a su vida?.
Cada día en su mundo de nostalgias ve llegar y partir las primaveras en las frescas espigas que amanecen. Se acostumbró, al devenir del tiempo, y a vivir en su sed inadvertido.
Hoy sólo en el silencio de su cuarto, abrazado a la fiebre del delirio, siente el dolor tenaz del abandono, mientras espera su ferviente anhelo de hallar la paz en la mansión eterna.
Luz Elena Muñoz Cárdenas
Cuánta valía tienen nuestros ancianos guardada para compartirla con nosotros y que poca oportunidad de recibirla nos damos.