Siempre regresas. Para ti no hay tiempo ni tiene oscuros límites la tierra. Siempre vuelves.
Y siempre estoy aquí, esperando tus manos, llenándome de sueños como de lluvia un árbol. No hay nada diferente. Todo es igual y puro cuando vuelves.
No han pasado los días ni he sufrido. Estoy sola, con el corazón limpio como una fuente nueva. Tengo otra vez palabras y caminos y contigo regresan las brisa y las estrellas.
Regresan las campanas y los pájaros, me devuelves la música, el murmullo de los ríos lejanos, la claridad del monte, la perfecta verdad de que te amo.
Maruja Vieira
Cuánta alegría siente el alma cuando el amor que se ha alejado, regresa a nosotros trayendo nuevas ilusiones al corazón.
Yo soy tu indómita gacela, el trueno que rompe la luz sobre tu pecho Yo soy el viento desatado en la montaña y el fulgor concentrado del fuego del ocote.
Yo caliento tus noches, encendiendo volcanes en mis manos, mojándote los ojos con el humo de mis cráteres. Yo he llegado hasta ti vestida de lluvia y de recuerdo, riendo la risa inmutable de los años.
Yo soy el inexplorado camino, la claridad que rompe la tiniebla. Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía y te recorro entero, sendero tras sendero, descalzando mi amor, desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora desde el otro lado de la luna, soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo. Yo soy algo que crece, algo que ríe y llora.
Tú eres hoja tierna de primavera, mientras que yo ya soy hoja seca que arrastra en otoño el viento, y de este modo sueña... en la quimera de poder volar y así alcanzar el negado cielo. Pareciese que en estos versos me embarga la tristeza y el derrotismo, que he dejado de ser yo mismo... que he perdido todo el optimismo...
Es justamente por eso que te escribo... es por eso que me despido... pues me he desprendido de todo mi egoísmo. Sé que serás más feliz en otros brazos... que por poco tiempo he recibido tu amor no merecido. No hace falta que me obsequies los mejores años de tu vida; ya me has hecho inmensamente feliz. Desde el mismo momento del “te amo” con el que me dejaste saber que me querías
Tengo este tiempo para ti éste es tuyo, ahora puedes estar segura de que sólo me importas tú.
Jamás te podré dedicar la vida entera ¿de qué serviría? ¿de qué te serviría? Ahora cinco minutos, quizás diez de sincero cariño incluso, ¿por qué no? de lascivo deseo.
Quiero vivirte en el filo de las sombras con cercanía cotidiana con el destello casual y deslumbrante de las sonrisas.
He aprendido que los detalles esconden mundos y se pierden o se ganan.
¿Qué te puedo decir en cinco minutos? Luego te lo digo.
Desconozco el autor
Cuántas cosas queremos decir y se nos quedan ahogadas en la garganta dejando pasar la oportunidad de hablar.
Desnudándome de toda mi necesidad, vistiéndome en la piel de tus deseos; hoy me abandono, me entrego por entero a la dicha sublime de ser feliz en tu felicidad.
Si anhelas con desvelo la pureza del compromiso, ofrezco algo más noble que un millón de anillos: este íntimo deseo, puro en su esencia divina, manantial infinito de todos mis sentidos; este íntimo deseo de compartir toda la vida, este íntimo deseo de compartirla... ¡Sólo contigo!
Si acaso un sentimiento sincero esperas, abandona su búsqueda en las estrellas; recuéstate plácidamente en tu interior y hallarás los ecos de cada latido, de este incondicional corazón mío... ¡Que hace tiempo sólo late por tu amor!
Fabian Ruiz
Como anhelamos que el amor que vive en nosotros, encuentre eco en el del ser amado.