Descripción: Todos tenemos una naturaleza mágica, única e irrepetible, tenemos un don que es necesario para los demás y el mundo, sería un crimen no mostrarlo, escondernos detrás de la máscara de lo impuesto, todos tenemos luz, todos tenemos derecho de estar aquí y expresarnos de una manera creativa y única.
Hago equilibrios en la cuerda del tiempo, me tambaleo aunque nadie lo sabe, a veces hasta me caigo y me lleno de heridas, me escondo como un animal asustado aullando de tristeza y de rabia. Se caen todas las corazas al suelo y en mis ojos no se oculta... Parece que se libere algo que está muy atado y muy escondido, nunca me pemito mostrarlo, el dolor es sólo mio, una dualidad que escondo y no muestro, por miedo de no poder pararlo, una energia devoradora de luz que es también parte mía. Por qué es tan difícil admitir que tengo miedo y que yo también necesito una mirada de consuelo. Una mirada que no esquive.
Pasó el tiempo, y no sé dónde he estado. Ahora en soledad, observo este nuevo espacio y me hago las mismas preguntas de siempre.
Y si contínuamente todo cambia, entonces ¿ nada es certero? Tengo miedo de esos pasos que contínuamente cruzan nuevos destinos, me pregunto ¿ siempre es así? Todo en el aire, todo puede ser o no . Y me veo más cansada, más triste y con menos sueños . La aceptación de las cosas a veces escode una irremediable amargura. No sé que busco, pero sólo sé que no lo encuentro y estoy cansada de mover hilos, de subir montañas, y curarme las heridas, cansada de dormir sueños ... En algún lugar que desconozco debe haber un lugar donde reposar el alma, un cobijo, una mirada que lo nutra todo.
Que la tristeza no traspase desde esa mano que no me brindas, que en esa mirada de azul precipicio no me aboque , y me lance al abismo que asoma tras tu mentira, que ese paso que se cruza de prisa en cada desencuentro no me deje con la mirada perdida , sentada esperándote con mi sonrisa dormida. Qué esas palabras que me brindas con prisa no lleguen a mis oidos incrédulos.
Distancia más distancia, abismo de distancia infinita. No llegas, no me alcanzas, cogí carrerilla en la curva de tu lejanía, no espero ya, no toco una puerta blindada, no lanzo sueños en un agujero negro... Sólo camino, con mi dulce alegría en un presente que me pertenece, sólo miro a los ojos de la soledad sin contar las cosas que me faltan, no me lamento más de mi suerte, me hago fuerte en cada hoja que mueves tras tus pasos, no me dañas, no me tienes, no me esperes, no soy nada tuyo, vuelvo a ser libre, la chica del pájaro, volví a buscar mi esencia y comprové de nuevo que nunca es tarde para volver cuando te has perdido, que siempre dejamos marcas en el suelo que nos indican el camino de regreso.
No tuve más que un sueño, que llegaba bien alto. Ascendia bello radiantes tras la tristeza de un faro que no alumbraba. Tuve un sueño, sí, y parecía ser real. Se manifestaba en mi vida, latía en mi pecho, vivía en mis ojos y en mis dias. Mi sueño perfecto, lo recubría de ilusiones y lo dormía en nenúfares de mi tiempo. No tuve más que un sueño, y lo perseguía en las noches, en todos los silencios... Desperté y de golpe se heló ese momento, porque todo perece, al fin y al cabo ¿ Quién pudo creerlo? Se me escapó, hechó a volar tras del rastro que dejaste. Ya nada puede remediarlo, me perdía entre pasos torpes sobre un hilo roto. Pasajes de un momento otra vez muerto. Todo se esfuma, todo es pasajero, parece a veces que nada sea del todo auténtico. Quizás todos estemos dormidos echando cometas al cielo de ilusiones que nacen y mueren continuamente. Pero por una vez quise creer que tuve más que un sueño.
Ese aullido estremece mi culpa vagabundeé entre tanto dando pasos absurdos miré la vida sonriendo como si no formara parte... Alejé mis pensamientos del ocaso, caminé por el puerto pisando letras que parecían atraparme... Nada más que mi sombra acepté que volvías a mi vida vestida de luto, como siempre. Me imaginé con cola de sirena, me imaginé con alas de ángel, pero nunca vi mi existencia parecida a ningunos ojos con los que tropiezo. Pago un precio alto por estar aquí y no ser lo que deberia. De golpe la tristeza se instala en mis costumbres y la melancolía tropieza a tientas con lo oscuro. Puede que me eleve más que todo el mundo pero por la misma regla caigo profundo... Ser así, duele en todas sus formas, ser y no ser vista, flotar eterea entre sus sombras y sentir el dolor del peso de la tierra en cada adios que voy dando sin saber decirlo sin saber dejar de amarlo.