Sería un producto del falso orgullo pretender que A.A. es una panacea universal - aun para el alcoholismo. COMO LO VE BILL, p. 285
En mis primeros años de sobriedad estaba lleno de orgullo, pensando que A.A. era el único tipo de tratamiento para lograr una vida buena y feliz. Ciertamente fue el ingrediente básico de mi sobriedad y aun hoy día, con más de doce años en el programa, estoy muy involucrado en reuniones, apadrinamiento y servicio. Durante los primeros cuatro años de mi recuperación, me resultó necesario buscar ayuda profesional, ya que mi salud emocional era muy pobre. También hay otros que han encontrado sobriedad y felicidad en otras organizaciones. A.A. me enseñó que tenía la opción de hacer todo lo que fuera necesario para enriquecer mi sobriedad. Puede ser que A.A. no sea un curalotodo, pero es el centro de mi vida sobria.
Mi reflexión para el día de hoy.
Aquí hay varias afirmaciones que podemos separar y analizar con intimidad reflexiva:
- “único tipo de tratamiento para lograr una vida buena y feliz” - “ingrediente básica de mi sobriedad” - “involucrado en reuniones, apadrinamiento y servicio” - “me resulto necesario buscar ayuda profesional, ya que mi salud emocional era muy pobre” - “otros han encontrado la felicidad y la sobriedad” - “el centro de mi vida sobria”
Me queda la sensación, con cierto grado de claridad; que entre estas frases hay un buen grado de relación de causalidad. Y puedo atreverme a dar otras afirmaciones:
- Que solo, sin un programa con el de A.A., soy una rueda suelta y además vulnerable. - Que tengo la opción voluntaria; de pertenecer y participar. - Que tengo la garantía de encontrar allí la sobriedad, y que como consecuencia de ello por añadidura obtendré una buena vida y hasta la felicidad. - Si otros lo han logrado, yo también puedo. - Esta reflexión me gusta, porque no tiene a un Poder Superior colgado o enredado como una arandela. - La sobriedad tiene un costo: trabajo con uno mismo.
Y hemos cesado de pelearnos con todo y con todos, aun con el alcohol. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 79
Cuando A.A. me encontró, yo creía que me esperaba una lucha, y que A.A. me daría la fortaleza que necesitaba para vencer al alcohol. Victorioso en esa pelea, quién sabe qué otras batallas podría ganar. Pero tendría que ser fuerte. Todas mis previas experiencias en la vida lo habían demostrado. Hoy yo no tengo que pelear ni ejercer mi voluntad. Si doy esos Doce Pasos y dejo que mi Poder superior haga el verdadero trabajo, mi problema con el alcohol desaparece por sí mismo. Mis problemas de la vida también cesan de ser batallas. Yo sólo tengo que preguntar si es aceptación - o cambio - lo que se requiere. No es mi voluntad, sino Su voluntad lo que hay que hacer.
Mi reflexión para el día de hoy.
He utilizado esta frase muchas veces en mis intervenciones. La uso para referirme que dejar de pelear es un síntoma de la sobriedad. Hoy estoy agitando los síntomas para perder sobriedad, porque me la he pasado peleando con muchas cosas.
Con migo mismo, por no salirme las cosas personales como las quiero. Con los demás por no hacen mi voluntad o no me acunan con mis maneras de hacer las cosas. Y con Dios, porque no he podido concebir un poder superior.
Dejemos un rato las cosas, respirare, y dejaré que las cosas pasan y tiende a cambiar y ha mejorar.
La vida tendrá un nuevo significado. Ver a las personas recuperarse, verlas ayudar a otras, ver cómo desaparece la soledad, ver una agrupación desarrollarse a tu alrededor, tener una multitud de amigos - ésta es una experiencia que no debe perderse. Sabemos que no querrás perdértela. El contacto frecuente con recién llegados y entre unos y otros es el punto luminoso de nuestras vidas. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 83
Saber que todo recién llegado con quien comparta tiene la oportunidad de experimentar el alivio que yo he encontrado en esta Comunidad, me llena de alegría y gratitud. Siento que todas las cosas descritas en A.A. les sucederán a ellos, así como me han sucedido a mí, si ellos aprovechan la oportunidad y abrazan el programa de todo corazón.
Mi reflexión para el día de hoy.
Un compañero de mi grupo dice de memoria con mucha frecuencia esta frase. La ha dicho en todos los tonos y tipos posibles. Muchas veces ha tocado las fibras de mi sistema nervioso y me ha puesto a pensar en esta milagro de compartir.
Necesito ser impresionado con frecuencia para darme cuenta de ese milagro para mis emociones, el que representa el compartir.
El mostrarle a otros que sufren cómo se nos ayudó, es precisamente lo que hace ahora que la vida nos parezca de tanto valor. Confíe en la idea de que el tenebroso pasado, estando en manos de Dios, es su más preciada posesión, clave de la vida y de la felicidad de otros. Con ella puede usted evitarles a otros la muerte y el sufrimiento.
ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 115
Qué regalo es para mí darme cuenta de que todos aquellos años de aparente inutilidad, no fueron desperdiciados. Las experiencias más degradantes y humillantes acaban convirtiéndose en las herramientas más poderosas para ayudar a otros a recuperarse. Por conocer las profundidades de la vergüenza y de la desesperación, puedo ofrecerles una mano cariñosa y compasiva y saber que la gracia de Dios está siempre a mi alcance.
Mi reflexión para el día de hoy.
Había olvidado esta reflexión. Hoy me causa impresión que a pesar de la pena que da mi pasado, esta pueda servirle a alguien.
Intentaré compartirlo. Ya le he hecho en algunas ocasiones, sino que mi autosuficiencia he hace abstener de compartir mi vida.
He sido testigo y soy testimonio de que compartir la vida, tanto el pasado como el presente, esa generación de esperanzas, fortalezas y esperanzas, es realmente el camino del sano juicio.
Tuvimos que dejar de echar la culpa a otras personas. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 50
Cuando llego a estar dispuesto a aceptar mi propia impotencia, empiezo a darme cuenta de que el echarme a mí mismo la culpa de todos los problemas de mi vida puede ser una especie de engreimiento que me precipitaría nuevamente a la desesperación. El pedir ayuda y escuchar atentamente los mensajes inherentes en los Pasos y en las Tradiciones, hacen posible cambiar esas actitudes que retardan mi recuperación. Antes de unirme a A.A. tenía tal deseo de aprobación por parte de personas en posición de poder, que estaba dispuesto hasta sacrificarme a mí mismo y a otros para ganarme un puesto en el mundo. Invariablemente fracasaba. En el programa tengo verdaderos amigos que me aman, que me entienden, que se interesan en ayudarme a descubrir la verdad acerca de mí mismo. Con la ayuda de los Doce Pasos, yo estoy capacitado para construirme una mejor vida, libre de culpabilidad y de necesidad de auto-justificación.
Mi reflexión para el día de hoy.
El gran descubrimiento que realice luego de llevar varios días en el programa de recuperación, era que tenía que liberarme de las culpas.
Nuestra cultura es amplia en endilgarle culpas a cada persona y yo claro como alcohólico las voy cargando a cuestas. También por la fuerte influencia de la religión. Que hace muy sutilmente una asignación de culpa desde el nacimiento mismo, nacer es fue para mi un pecado. Condenados para siempre a sufrir y a hacer sufrir a los demás.
Que difícil tarea esta de quitarme tantas culpas atadas a mis limitados recursos intelectuales. Pero hay voy, seguro lo voy a ir logrando en la medida que tenga disposición de amor hacia mi propia vida.